Adopción: cae la cantidad de postulantes y crece la dificultad para encontrar familias
En una década, los inscriptos bajaron cerca de un 80 % en Argentina. En Bahía Blanca advierten que las expectativas de los adultos no siempre coinciden con las necesidades de los chicos.
Periodista y comunicadora. Forma parte del equipo de redacción de La Nueva desde 2022, donde cubre eventos locales, nacionales e internacionales, generando contenido para las ediciones impresa y digital, además de sus redes sociales.
Audionota: Marina López
Cada vez son menos los adultos que se anotan para adoptar en la Argentina. En apenas una década, el número de personas y parejas inscriptas y habilitadas para hacerlo cayó de unas 5500 en 2017 a 1107 en agosto de este año. La reducción ronda el 80 %.
Pero detrás de esa cifra hay un problema que el sistema de adopción arrastra desde hace años y que no se resuelve simplemente con más o menos inscriptos. La dificultad está también en la distancia entre los niños y adolescentes que esperan una familia y el perfil que la mayoría de los aspirantes imagina recibir.
Los datos de la Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (DNRUA) muestran con claridad esa brecha. El 81 % de quienes se anotan acepta niños menores de 3 años, pero solo el 2 % está dispuesto a recibir mayores de 10. A su vez, el 74 % no contempla la posibilidad de adoptar grupos de hermanos y apenas el 1,6 % incluye a chicos con alguna discapacidad.
En Bahía Blanca, quienes acompañan desde hace décadas a personas que atraviesan el proceso también reconocen esa realidad, aunque todavía no advierten en sus encuentros una caída de postulantes tan pronunciada como la que muestran los registros nacionales.
Carolina Recalde, presidenta del Movimiento de Ayuda a Matrimonios Adoptantes (M.A.M.A.), aclaró que “la organización es una pequeña muestra de la cantidad de postulantes que están inscriptos en los cuatro Juzgados de Familia de nuestra ciudad, ya que no todos asisten al grupo”.
Los encuentros reúnen a personas en distintas etapas del camino. Algunas todavía están evaluando si quieren inscribirse. Otras recibieron un “apto condicional” y ya comenzaron una vinculación o incorporaron a un hijo a su familia y regresan al espacio junto a ellos. También participan profesionales, estudiantes y familias ampliadas.
Además, el grupo funciona como referencia para buena parte de la región. Quienes viven en otras localidades deben realizar su inscripción en Bahía Blanca, por lo que a las reuniones llegan personas de Coronel Pringles, Coronel Dorrego, Tornquist, Coronel Rosales, Coronel Suárez, Pigüé, Carmen de Patagones, Médanos, Mayor Buratovich y Monte Hermoso, entre otras.
“Todavía, como ONG, no estamos percibiendo lo que dicen las estadísticas actuales sobre la baja de postulantes, pero sabemos que es una realidad”, sostuvo Recalde, en diálogo con La Nueva.
Un cambio en los proyectos familiares
¿Qué explica que haya cada vez menos personas interesadas en adoptar? No existe una única respuesta.
Los proyectos personales y laborales cambiaron, la situación económica tiene peso, las técnicas de reproducción humana asistida ampliaron las posibilidades para quienes buscan tener hijos y también se modificó la forma de entender la maternidad y la paternidad. Tener hijos dejó de ser —para muchas personas— un mandato social para pasar a ser una decisión.
“Yo creo que hay múltiples factores por los cuales las familias no desean adoptar”, señaló Recalde.
A eso se suman los prejuicios que todavía rodean al proceso. “Mucha gente cree que para poder adoptar ‘tenés que tener mucho dinero’, ‘casa propia’, ‘muy buen sueldo’, afirmaciones que están en el imaginario social”, explicó.
Sin embargo, la inscripción en el Registro de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos es gratuita y no exige contratar un abogado. El trámite se realiza en el registro correspondiente al domicilio y tiene validez en todo el país.
Pero incluso si aumenta la cantidad de personas que se acercan al sistema, queda una pregunta más difícil de resolver. ¿Qué características tiene el niño que están dispuestas a recibir?
La mayoría de los aspirantes llega con una idea bastante concreta de cómo imagina a su futuro hijo. En general, cuanto más se aleja un niño de ese ideal, más difícil resulta encontrar una familia disponible para recibirlo.
Para Recalde, allí aparecen algunos de los principales obstáculos. “Los mitos y prejuicios son obstáculos para la adopción”, planteó. Según explicó, muchas personas llegan con “expectativas fuertemente idealizadas que no se adecúan a las necesidades de los niños”.
Una de esas ideas sostiene que “todo lo que necesitan los chicos es amor”. Otra supone que la adopción está destinada principalmente a quienes no pueden tener hijos biológicos. También está instalada la creencia de que cuanto más pequeño sea un niño, más sencillo será el vínculo.
“Si adoptás un niño chiquito, viene con menos historia, no tiene tantos problemas y lo amoldás a tu manera…”, resumió Recalde al enumerar algunos de esos prejuicios.
La realidad de quienes esperan una familia es mucho más diversa. Hay niños mayores y adolescentes, chicos con discapacidad o problemas de salud y grupos de hermanos que necesitan conservar sus vínculos.
En estos casos, la legislación establece que preservar las relaciones entre hermanos debe ser uno de los aspectos considerados. Eso no significa necesariamente que todos deban ser incorporados a una misma familia.
“A veces, el grupo de hermanos es tan numeroso que una sola familia no puede adoptarlos, entonces, se buscan varias que puedan mantener el vínculo”, explicó Recalde.
También hay situaciones en las que alguno de los hermanos no quiere ser adoptado. Su opinión debe ser escuchada y evaluada por los equipos técnicos. En otros casos, el vínculo entre ellos puede no resultar saludable y se determina que es mejor que crezcan en hogares diferentes. “Cada situación es particular”, resumió.
Cuando pasan los años
El desajuste entre las expectativas de los adultos y las necesidades de los chicos tiene una consecuencia que puede ser determinante. Para algunos, la espera se prolonga durante años.
Un relevamiento nacional realizado en 2020 registró 9154 niñas, niños y adolescentes que vivían en hogares y familias de abrigo. De ellos, 2199 tenían declarada la adoptabilidad, lo que significa que la Justicia había establecido que podían ser adoptados. En promedio, la permanencia dentro de instituciones podía extenderse entre cinco y seis años.
Para Recalde, el paso del tiempo puede terminar dejando a muchos chicos sin la posibilidad de crecer en una familia. “Ya hoy, vemos que esos chicos que no son elegidos por sus particularidades de salud o de edad, llegan a los 18 años institucionalizados”, advirtió.
La disminución de los aspirantes podría profundizar todavía más esa situación. “Creo, en mi humilde opinión, que, al haber menos postulantes, esto se acrecentará”, sostuvo.
La adopción, de todos modos, no es la única forma de construir un vínculo familiar o afectivo. Para quienes no tienen cuidados parentales y no pueden acceder a una familia adoptiva existen, entre otras alternativas, los Referentes Afectivos, personas que acompañan sus trayectorias y construyen con ellos vínculos significativos.
Por eso, el desafío no consiste únicamente en lograr que más personas se inscriban. También implica trabajar sobre las expectativas de quienes llegan al sistema para que puedan conocer, antes de iniciar el proceso, las distintas realidades de los chicos que esperan.
Más de 40 años acompañando procesos
M.A.M.A. conoce esa transformación de cerca. La organización nació en Bahía Blanca el 5 de mayo de 1985 y, con 41 años de trayectoria, es la ONG de adopción más antigua del país.
Cuando comenzó a funcionar, la mirada sobre la adopción era muy diferente. Solo podían acceder a ella los matrimonios heterosexuales y el proceso estaba fuertemente ligado a los adultos que no podían tener hijos.
Con el paso de las décadas, ese enfoque cambió. Niñas, niños y adolescentes fueron reconocidos como sujetos de derecho y la legislación comenzó a contemplar distintas configuraciones familiares.
Hoy M.A.M.A. acompaña a personas en diferentes momentos del proceso. Incluso, los Juzgados de Familia también recomiendan la participación en sus reuniones.
Para Recalde, esa preparación es fundamental porque la adopción no empieza cuando un niño llega a una casa. Mucho antes hay un proceso para que los adultos puedan comprender qué implica recibir una historia que ya comenzó.
“Nuestro acompañamiento es para que esos adultos desarrollen las capacidades parentales adoptivas y puedan abrazar las historias de sus hijos”, sostuvo.
En un escenario donde cada vez son menos quienes se anotan, la discusión sobre la adopción vuelve así a un punto central. No alcanza con preguntarse cuántas personas quieren ser padres adoptivos. También hay que mirar qué están dispuestas a aceptar y cuánto conocen las necesidades de quienes llevan años esperando.
La clave, en definitiva, está en cambiar el punto de partida. No pensar primero en el hijo que una persona quiere tener, sino en el niño y en su necesidad de encontrar una familia donde crecer.