A 55 años de una hazaña bahiense, un merecido homenaje
El Concejo Deliberante reconocerá a los jugadores que integraron el seleccionado que derrotó al campeón mundial Yugoslavia.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
A 55 años del histórico triunfo del combinado bahiense de básquet sobre el poderoso seleccionado de Yugoslavia, flamante campeón mundial 1970, el Concejo Deliberante y la Asociación Bahiense de Básquet (ABB) realizarán un homenaje a los jugadores y familiares que integraron aquel equipo.
La ceremonia tendrá lugar el próximo 11 de septiembre a las 11:30, en el edificio de Estomba y Sarmiento,
La concejal Fabiana Ungaro (Avanza Bahía) elaboró una ordenanza, aprobada por unanimidad, que otorga el "Reconocimiento Ciudad de Bahía Blanca" a los integrantes de aquel plantel, por ser parte, menciona, “de un acontecimiento que fortaleció la identidad deportiva local y uno de los mayores orgullos de la comunidad”.
La ABB, por su parte, hará entrega de un trofeo a cada integrante de aquella selección.
El acto de reconocimiento se verificará en septiembre –fecha a confirmar--, estando aseguradas las presencias de Monachesi, Cortondo, Requi y Álvarez Rojo y pendientes de confirmación Raúl Álvarez, “Chiche” Scheines y Roberto Ojunián.
“Dicho encuentro representa el talento, el esfuerzo y la pasión que caracterizan a generaciones de jugadores, dirigentes, entrenadores y clubes que hicieron grande al básquet de Bahía Blanca”, menciona la ordenanza.
El partido en cuestión, de carácter amistoso, tuvo lugar el 3 de julio de 1971, en ocasión de la inauguración del estadio de básquet del club Olimpo, en avenida Colón y Ángel Brunel, bautizado con el nombre de Norberto Tomás, jugador de la entidad fallecido el 17 de octubre de 1970, a los 21 años de edad.
Lejos de elegir un rival “accesible” para tal acontecimiento, la dirigencia gestionó la presentación del seleccionado de Yugoslavia, flamante campeón del mundo.
Los jugadores locales eran la base de la selección de provincia de Buenos Aires, ganadora del torneo argentino en 1969 y 1970.
Yugoslavia era una verdadera potencia, que había superado en el mundial a las representaciones de Estados Unidos y Rusia. Jugaba un básquet moderno y tenía en su plantel cinco jugadores por encima de los 2 metros, incluido Kresimir Cosic, de 2,11, algunos de los cuales son hoy parte del salón de la fama de la FIBA.
Bahía Blanca tenía un único lungo, Adolfo Chiche Scheines, de 18 años, a quienes se sumaban el 1,96 de Giorgio Ugozzoli y el 1,95 de Roberto Requi.
Pero más allá de que el básquet es un juego para altos, en el seleccionado local había un talento extraordinario, una pasión que se multiplicaba cuando los jugadores se ponían la camiseta local.
El partido
Aquella noche el seleccionado local estuvo integrado por Alberto Pedro Cabrera, José Ignacio De Lizaso, Adrián Monachesi, Giorgio Ugozzoli, Jorge Mac Donald, Roberto Requi, Roberto Ojunián, Adolfo Scheines, Guillermo Álvarez Rojo, Raúl Álvarez, Néstor Sánchez y Jorge Cortondo, bajo la conducción técnica de Bill Américo Brusa. Atilio Fruet, figura indiscutida, vio el partido desde la tribuna, lesionado.
Fue desde el inicio un partido cerrado, friccionado y posible. Yugoslavia parecía no entender lo que estaba ocurriendo cuando se fue a los vestuarios al terminar la primera parte perdiendo por 34 a 32. Nunca logró reaccionar, o dicho en otros términos, el seleccionado local se encargó siempre de marcar el ritmo.
Los últimos minutos fueron para el infarto. Con el marcador 75 a 73, a 2:15 minutos del final dejó la cancha Cabrera, por cinco faltas. Yugoslavia se puso a un punto (76-75), la pelota quemaba pero De Lizaso estiró la diferencia con un doble, erró Yugoslavia, la retuvo Mc Donald, pasaron los interminables segundos y quedó estampado el histórico 78 a 75.
Si bien con aquellos jugadores todo era posible, lo conseguido fue extraordinario, superó toda expectativa. Brusa, técnico ganador, desbordado de alegría, no tuvo empacho de compartir su secreto a la hora de formar el equipo: cuatro asados y un entrenamiento.
La revista El Gráfico, referente del deporte en esa época, reflejó la victoria con un título que involucró a todos: “¡Le ganamos al campeón del mundo!”.
Han pasado 55 años. Tres soplos de vida. Por eso más que merecido este reconocimiento, a los jugadores que están, a las familias de los que se fueron.
Hombros
En 1675 el físico Isaac Newton popularizó un concepto ya conocido desde la edad media: "Si he visto más lejos, dijo, es porque me paré sobre los hombros de Gigantes".
El filósofo Bernardo de Chartres mencionó algo similar sobre los científicos de su época.
“Ven más lejos que sus predecesores no porque tengan una visión más aguda o mayor altura, sino porque son transportados en su gigantesca estatura."
Algo de eso ocurrió cuando en 2004 Emanuel Ginóbili recibió el pase de Alejandro Montecchia para convertir el doble que abrió el camino hacia la medalla olímpica. El rival vencido era Serbia y Montenegro, que hasta el año anterior compitió con el nombre de la desaparecida Yugoslavia.
Posiblemente los bahienses del equipo –Sánchez, Ginóbili y Montecchia— supieran que en 1967 el seleccionado bahiense estuvo cerca de derrotar al seleccionado yugoslavo, por entonces subcampeón del mundo, cediendo por un ajustado 85 a 82 y que cuatro años después, con Yugoslavia ya campeón, lo venció 78 a 75.
Aquel pase del puma, aquella palomina de Manu estaban sostenidos por los brazos que hoy se reconocen en la ciudad.