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Del taekwondo al fútbol y las canas no se manchan: la historia de Luciano Lapetina, el 3 de Olimpo

Nació en Rosario y con 30 años se convirtió en un “trotamundos” del ascenso argentino. Aclara que no se equivocó en elegir al aurinegro pese a que vive rezongando con las cargadas de Braian Guille.

Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva. y Facebook Lucho Lapetina

No es muy común en el fútbol argentino que un jugador de 30 años cargue con la experiencia y un currículum envidiable de haber pasado por un club de Primera y 7 equipos del ascenso de nuestro país, incluido Olimpo, al que arribó a principios de este 2026.

No dudé en decirle que era un trotamundos del Federal A y el respondió: “Puede ser, llegar a Bahía fue una buena decisión, aunque soy una persona positiva y jamás me arrepentí de las elecciones que tomé”.

Como para que lo vaya conociendo, así habla, correctamente y sin vacilaciones, Luciano Lapetina, el lateral izquierdo del aurinegro con asistencia prefecta en la temporada: fue titular en 20 de los 21 encuentros (en el otro, ante Germinal en Rawson, ingresó a los 35 minutos del complemento por Antú Hernández) que ya sostuvo la Mungoneta.

Nació el 10 de febrero de 1996 en Rosario, se desarrolló futbolísticamente en las formativas de Central y en 2016 firmó su único contrato profesional con Godoy Cruz, en donde jugó más de 20 partidos en Reserva pero sin la suerte de poder debutar en Primera de AFA.

“Fui diez veces al banco y nunca pude entrar, increíble”, señaló “Lape”, quien después siguió su camino por Deportivo Morón (B Nacional), Sportivo Las Parejas, Sarmiento de Resistencia, Estudiantes de Río Cuarto, Chaco For Ever y Ciudad Bolivar, con el que logró el ascenso en 2025, antes de llegar a un acuerdo con el olimpiense bahiense.

 

“El presidente (Alfredo Dagna) me había llamado en noviembre, aunque venía insistiendo en anteriores mercados de pases. Siempre lo atendí y charlamos largo y tendido, pero nunca se había podido dar. El año pasado me dijo ´Es el momento, nos vamos a armar para ascender, venite ya´. Su confianza no me hizo dudar”.

--Es decir que, al momento de negociar, la pelota la tuviste vos, dame lo que pido y voy…

--Ja,ja… No me pude hacer mucho el loco, pero arreglamos rápido porque de movida nos pusimos de acuerdo en todos los puntos. No le erré en decir que sí, estoy en un club hermoso, gigante y con altas pretensiones de ascender. Estoy muy cómodo en Olimpo, con mi grupo de compañeros y en la ciudad.

Mientras transcurría la mejor parte de la nota, Braian Guille vino a “molestar”: le hizo una seña al entrevistado y se empezó a reír antes de dar media vuelta y perderse en la inmensidad del estadio de básquetbol Norberto Tomás.

--Con algo te cargó, pero no lo entendí.

--No te deja pasar una, me vuelve loco con la ropa, con la moda y que tengo que llegar al entrenamiento con lentes negros espejados para ser un empresario o un ejecutivo de verdad. El año pasado me recibí de licenciado en Recursos Humanos y me pregunta por qué no ejerzo, porque él dice que pinta no me falta. Ahora arranqué un curso de inglés, pero Braian de idioma, cero a la izquierda…(risas).

“Soy serio, estructurado y correcto, me gusta hacer todo como se debe y odio la desorganización. Soy de manejar mis propias finanzas pese a no ser contador, y eso a Braian lo saca de quicio, por eso me vive jodiendo”.

--Insoportable.

--Uhhh, si traes un pantalón azul lo tenés que hacer combinar con la aparte de arriba, no te podés poner algo amarillo, y así está todo el día. No te deja vivir, y lo peor es que algunos cómplices le siguen la corriente. Otro tema candente en el vestuario es el pelo, el corte que te hacés, el champú que te ponés, si te salen canas, si te estás por quedar pelado… Es como decís vos: ¡insoportable!

“Me tiene podrido con las canas, que no puedo tener el pelo blanco teniendo 30 años, que me tengo que teñir, que es una vergüenza entrar a la cancha estando canoso. Me corto el pelo al ras del cuero cabelludo para disimular, pero él me mira y me revisa constantemente.  A veces lo quiero mandar a la m…, pero es un ser muy querible y necesario”.

--El año pasado elegiste un platinado muy llamativo.

--Si, pero ya está. Mi señora (Constanza) me dice “Para que te vas a teñir si en dos años vas a tener la cabeza blanca otra vez”. Y tiene razón.

--Lapetina, ¿origen del apellido?

--Calculo que debe ser italiano. Hace un tiempo me quise hacer la ciudadanía, pero ahí descubrí que tras la llegada de mis bisabuelos, el apellido nunca se pronunció de la misma manera acá en la Argentina. En todas las partidas de nacimiento estaba escrito de diferentes maneras, con doble “t” o separado: “Lape Tina”. Así que no tengo un origen establecido y es imposible poder armar el árbol genealógico. Soy un hombre sin pasado, ja ,ja.

--¿Alguien te dice “Lucho”?

--No, ni mi papá. Si me llaman “ehhh Luciano o Lucho”, no reacciono porque no lo tengo incorporado, ahora si me dicen “Lape” si me doy vuelta.

--¿Practicaste algún otro deporte antes del fútbol?

--Sí, taekwondo cuando era bastante chico. Me gustan las piñas, que no es lo mismo que irte a las piñas… (risas). Me defiendo bastante, llegué a cinturón verde, cerquita del negro; bahhh eso creo. En un momento tuve que dejarlo porque no me daba para complementarlo con el fútbol, terminaba muy cansado y yo lo que más quería era estar entero para jugar a la pelota.

--Bueno, Olimpo fue el único ganador de la fecha 5 del Nonagonal y sacaron más diferencia al frente de las posiciones.

--Sí, aunque todavía no tuvimos jornada libre. El triunfo ante Kimberley fue clave, porque es un momento del certamen donde todos empiezan a jugar por algo, los de arriba y los de abajo. No perdimos, mantuvimos en arco en cero otra vez y nos despegamos un poco de los dos que nos siguen (Alvarado y Cipolletti, con 8 unidades). Aunque lo fundamental es que estamos muy bien. Eso es primordial.

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