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Llega El Niño: ¿de qué manera afectará a Bahía Blanca, Ingeniero White y General Cerri?

“Se esperan días más húmedos y precipitaciones frecuentes, pero eso no implica que llueva de manera extraordinaria ni que se repita lo ocurrido en marzo de 2025”, dijo la Dra. María Cintia Piccolo, investigadora del Conicet y profesora emérita de la UNS.

Imagen de la mañana del sábado 8 de marzo de 2025. El Niño moviliza la memoria reciente de los bahienses. / Fotos: Rodrigo García, Emmanuel Briane y Andrea Castaño-La Nueva.

El fenómeno El Niño ha comenzado a manifestarse de manera progresiva en casi todo el continente en general, y en la Argentina en particular.

En el caso puntual de Bahía Blanca no hay registros que denoten cambios respecto de los parámetros normales atentos a la fecha del año —hasta este viernes 21 llovió 32 milímetros y se acumulan 385 mm en todo 2026—, pero sí pueden inferirse patrones de eventuales movimientos hacia el futuro (léase la venidera primavera).

El tema no es menor si se considera que una de las características de El Niño es la secuencia de lluvias por encima de los promedios habituales (y el agregado de eventuales temporales), en razón de una memoria reciente que los lleva a la trágica inundación acaecida en nuestra ciudad durante la madrugada y la mañana del viernes 7 de marzo de 2025.

Una respuesta a este tema la aporta María Cintia Piccolo, licenciada en Ciencias Meteorológicas, doctora en Oceanografía, investigadora del Conicet, profesora emérita de la Universidad Nacional del Sur (UNS), miembro de la Academia del Mar y ex directora del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO).

“Una temperatura elevada del océano Pacífico no garantiza que ocurran eventos extremos en Bahía Blanca, ya que la región responde de manera diferente según cómo interactúen el ENSO y la circulación atmosférica en altura que afectan los procesos a nivel de superficie”, dice.

“Por eso es importante destacar que, aunque El Niño puede aumentar la probabilidad de ciertos patrones climáticos, como las lluvias, eso no garantiza que se presenten eventos extremos en nuestra zona”, agrega.

María Cintia Piccolo, licenciada en Ciencias Meteorológicas, doctora en Oceanografía e investigadora del Conicet.

El dato —a esta segunda semana del corriente agosto— marca que El Niño se está fortaleciendo de manera rápida. La NOAA (sigla en inglés, Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica) estima una probabilidad de más del 90 % de que sea muy fuerte hacia fines de este año y del 69 % de que alcance una intensidad histórica entre octubre y diciembre y que supere los niveles de los episodios desde 1950.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) también ha confirmado que se ingresó a una fase cálida del ENSO y que la probabilidad de que se mantenga durante agosto-septiembre-octubre es cercana al 100 %.

En tal sentido, Piccolo admite que, si bien se esperan días más húmedos y precipitaciones frecuentes, eso no implica que en nuestra ciudad vaya a llover de manera extraordinaria, ni que se repita lo mencionado de 2025.

Y aclara por qué: “La inundación del 7 de marzo fue un evento meteorológico extremo, ya que la precipitación diaria superó ampliamente los registros de las últimas décadas. Ese fenómeno se debió a la llegada de un frente frío que interactuó con una masa de aire muy cálida y húmeda que intensificó el episodio”.

“Si bien El Niño puede influir en el ambiente, no es posible predecir con antelación cuántas tormentas o lluvias intensas habrá en Bahía Blanca”.

“En ese mes no se registró un evento de El Niño fuerte, lo que nos muestra algo muy importante: una lluvia extrema en Bahía Blanca puede ocurrir sin que El Niño esté presente”, amplía Piccolo, en diálogo con La Nueva.

También menciona que los estudios indican que muchos eventos húmedos en la zona ocurrieron, incluso, cuando las condiciones del ENSO estaban en estado neutro.

“Es decir: entender el ENSO como un factor que aumenta las probabilidades de precipitación, o sequía, en lugar de un simple interruptor que decide si se produce o no un evento extremo, nos ayuda a tener una visión más completa del fenómeno”, describe.

Por otro lado, aclara que, desde una perspectiva meteorológica, Bahía Blanca, Ingeniero White y General Daniel Cerri comparten el mismo fenómeno regional: “Sin embargo, la vulnerabilidad de cada lugar marca la diferencia”.

“Los potenciales eventos meteorológicos extremos y sus consecuencias, donde el sucedido en 2025 podría marcar una situación excepcional, dependen de las condiciones topográficas, la distribución de la urbanización y los sistemas de drenaje propios de cada sector considerado”, sostiene.

La trágica inundación del 7 de marzo de 2025 es una imagen sensible a poco que se menciona la llegada de El Niño.

Piccolo indica que Bahía Blanca es un núcleo urbano muy extendido que abarca diferentes topografías y que presenta desarrollos urbanos de características y densidades diversas.

“La creciente edificación y la pavimentación de las calles, aunque positivas para el habitante, reducen significativamente la capacidad de infiltración de los suelos, lo que provoca escurrimientos de agua mucho más intensos en calles que, hoy, no están preparadas para soportar esas corrientes”, expresa.

Asimismo, que los sistemas de drenaje existentes son escasos y que tienen capacidad limitada para evacuar fuertes correntadas. “El evento de 2025 también demostró que hay sectores, como la zona alta de La Carrindanga, en conjunción con el dique que formó las vías férreas, que no se habían contemplado como zonas que podrían ser, eventualmente, vulnerables y vías de escurrimiento imprevistas”, añade.

En otro tramo de la charla, la investigadora cuenta que la zona de General Daniel Cerri también fue sorprendida, ya que no se consideraba que el arroyo Saladillo de García —de una cuenca de drenaje muy pequeña— pudiera ser un factor clave en la inundación de parte de la población.

Ingeniero White, por otro lado, está al final de la pendiente regional de toda la zona, ya que se concentra a lo largo del valle que delimita el canal principal del estuario.

“En este caso, más allá de la situación, debemos tener en cuenta que la descarga final de las aguas está controlada por la marea. La pleamar puede reducir significativamente esa descarga, que sí se ve favorecida durante la bajamar”, asevera Piccolo.

—¿El Niño podría provocar tormentas con granizo?

—En gran medida, las tormentas fuertes y la presencia de granizo dependen del clima diario, incluidas la inestabilidad, la humedad, la velocidad del viento y los frentes, entre otros factores. Aunque El Niño puede influir en el ambiente general en el que se forman, no es posible predecir con meses de antelación cuántas tormentas, granizadas o lluvias intensas tendremos en Bahía Blanca. Ahora, de cara a las olas de calor de un verano que se espera con días muy cálidos, esto no se debe únicamente a la presencia de El Niño, sino también a la variabilidad climática asociada al calentamiento global.

—¿Ese calor puede llegar a la zona?

—En nuestra región, situada en un hemisferio oceánico, no se anticipan olas de calor tan extremas como las del hemisferio norte.

—¿El Niño tiene fecha de culminación?

—No podemos precisar con exactitud cuándo terminará, ya que no es como predecir las estaciones del año. Los modelos muestran una alta probabilidad de que sea de intensidad muy fuerte durante esta primavera. Y por eso es importante seguir monitoreando las anomalías en la temperatura del mar en el océano Pacífico y cómo responde la atmósfera a estos cambios a los fines de entender mejor su evolución.

“La NOAA (NdR: sigla en inglés de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica) estima que seguirá fortaleciéndose hasta finales de año y que se mantendrá en esos niveles durante los primeros meses de 2027. Luego, poco a poco, empezará a disminuir”.

—¿De qué manera se gestiona la incertidumbre respecto de un fenómeno de estas características y sus consecuencias teniendo en cuenta el antecedente de nuestra ciudad?

—Como comunidad, en todas las circunstancias es importante mantenernos atentos y solidarios. Actualmente, tres elementos marcan la situación: un posible El Niño muy fuerte; una ciudad vulnerable a lluvias intensas y una población cuya percepción del riesgo se ve inevitablemente influida por lo ocurrido el 7 de marzo de 2025. Todos sabemos que la primavera en nuestra zona suele ser una temporada lluviosa, así que conviene estar pendientes de las alertas y de los pronósticos durante ese período.

“Esto también ocurre con el inicio del verano, desde septiembre hasta diciembre, y quizás a principios de 2027, cuando El Niño empezará a fortalecerse y alcanzará su punto máximo. Si el evento es muy fuerte, puede que tengamos una primavera bastante normal, o que caigan lluvias extraordinarias en una temporada que suele ser más tranquila”, expresa.

“De todos modos, la realidad es que Bahía Blanca debe mirar hacia un futuro más seguro, fortaleciendo su drenaje, los canales y los sistemas de alerta para estar preparada ante eventos climáticos extremos. Sabemos que las lluvias fuertes pueden presentar desafíos, por eso es fundamental no solo prepararse para El Niño, sino también entender hasta qué punto nuestra zona puede soportar precipitaciones extremas en cualquier momento”.

De qué se trata

El fenómeno El Niño es la fase cálida del sistema climático llamado El Niño–Oscilación del Sur (ENSO). Ocurre cuando las aguas superficiales en el centro y en el este del océano Pacífico se calientan de manera inusual y sostenida. La fase fría del ENSO, que es opuesta a El Niño, se llama La Niña y genera aguas más frías de lo normal en el océano Pacífico tropical cercano a las costas de Perú y Ecuador.

“El fenómeno El Niño no se debe al cambio climático, sino que es una variación natural del sistema oceánico-atmosférico que ha existido mucho antes del calentamiento global que experimentamos hoy”, dice Piccolo.

“Tiene una historia larga y fascinante que nos conecta con nuestro pasado. Hace miles de años hay evidencia de que el ENSO cambia. Se conservan registros históricos que evidencian su impacto en la costa sudamericana a lo largo de los siglos”, añade.

“El Niño tiene un impacto muy importante en el clima mundial, ya que altera la forma en que se mueve el aire en altura y, por lo tanto, afecta la circulación en la superficie terrestre”, explica.

Los pescadores peruanos le dieron el nombre de Niño Jesús, porque cerca de Navidad aparecían en las costas aguas cálidas que alejaban los cardúmenes de peces, lo que generaba una pesca muy compleja. A finales del siglo XIX comenzó a estudiarse desde una perspectiva científica y, en el siglo XX, se descubrió de que no era un fenómeno exclusivo del Perú, sino que forma parte de una interacción global entre el océano y la atmósfera.

Este conocimiento del cambio en el movimiento del aire en altura ayuda a entender qué tan intensas pueden ser las lluvias en el sureste de Sudamérica durante los eventos de El Niño.

“Como regla general, en esta región experimentamos condiciones más húmedas, especialmente en primavera y en verano. Y predecir con exactitud lo que ocurrirá a corto plazo no es fácil, ya que El Niño interactúa con otros fenómenos oceánicos lejanos de la zona tropical del Pacífico”, aclara.

Formación de El Niño en el Pacífico.

“Si bien el cambio climático no produce El Niño —insiste—, actualmente este fenómeno ocurre en un planeta mucho más cálido que hace décadas. Por eso se está poniendo énfasis en medir diversos parámetros meteorológicos y oceánicos para prever con mayor precisión estos fenómenos climáticos”, asegura la investigadora.

Ambos estados de la temperatura del agua superficial del océano Pacífico (El Niño y La Niña) tienen efectos diversos en nuestro país. En el sudeste de Sudamérica, generalmente, El Niño trae más lluvias de lo normal, aunque sus efectos pueden variar según la zona, la estación y los eventos locales específicos.

“Que El Niño esté presente en el planeta no garantiza lluvias intensas, tormentas o inundaciones en un lugar determinado, sino que simplemente aumenta la probabilidad de que se presenten ciertas condiciones climáticas”, concluye Piccolo.

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