El malvinense que quiso ser goleador de Boca y terminó en una historia trágica
Nacido en Inglaterra y en las Islas Malvinas, tuvo la posibilidad de probarse en el “Xeneize” y fue acusado de “jugar para el enemigo” por la prensa de su país.
El 8 agosto de 1999, día con un clima típicamente invernal, algo inestable y bastante gris, un joven futbolista amateur de 19 años nacido en Plymouth, Inglaterra pero criado en el frío de las Islas Malvinas aterrizó en el aeropuerto internacional de Ezeiza. Traía consigo el sueño de ser el nuevo Martín Palermo, el respaldo de Diego Maradona y una carga política que terminó siendo demasiado pesada para sus hombros.
La historia de Martyn Gilson Clarke parece extraída de un guion cinematográfico que nunca llegó a estrenarse. Todo comenzó en las canchas de Puerto Argentino, bajo un viento gélido y un fútbol amateur, donde Esteban Cichello Hübner, un profesor de Oxford y amigo cercano de Diego Armando Maradona, al que llevó a disertar en la Universidad inglesa, quedó impactado por la potencia de aquel delantero que convertía goles en el torneo de las Islas Malvinas.
Esteban Cichello Hübner ingresó con pasaporte italiano a las islas y se dedicó a ver partidos de la liga local. En el final del torneo las autoridades de la Liga convocaron a alguien del público para que entregara la Copa al equipo ganador y ahí fue cuando conoció a Martyn Clarke.
Tras una breve charla donde Martyn confesó su sueño de "jugar en un equipo de verdad", Cichello Hübner activó sus contactos.
El argentino había llevado a Diego a Oxford en 1995 (un evento histórico donde el "10" dio una cátedra de vida). Esa confianza mutua fue la que permitió que, años después, llamara a Maradona para decirle: "Tengo a un chico de las islas que la rompe".
El padre de Martyn era Robert Gilson un ex Royal Marine y veterano del conflicto del Atlántico Sur de 1982 y su madre Julie Clarke. Ambos se habían trasladado a Inglaterra debido a la falta de infraestructura del hospital de las Islas para que Martyn naciera un 27 de abril de 1980.
Julie era la dueña del pub malvinense The Globe Tavern, que también había formado un equipo de fútbol. Allí Martyn, ya instalado en la Isla, y en etapa adolescente jugaba de centrodelantero o defensor debido a su aptitud física (media 1,83 m) potente, capaz de anotar un centenar de goles en la liga de fútbol local dominada por equipos como Kelpers Celtic, Hard Dics Rangers y Red Sox. Y fue descubierto por Cichello Hübner.
El joven trabajaba como empleado de mantenimiento en Puerto Argentino, y despuntaba el vicio tocando la guitarra eléctrica en una banda malvinera.
Apenas llegó a Buenos Aires, Cichello Hübner se dirigió hacia Brandsen 805. En las oficinas de la Bombonera pudo hablar con el presidente de Boca, Mauricio Macri.
"Si es bueno, que venga. Alguien lo va a ver", fue la respuesta que recibió y de inmediato comunicó la novedad a Puerto Argentino.
Martyn recibió todo el apoyo familiar para cumplir su sueño, así que decidió embarcarse a la Argentina para jugar en Boca Juniors.
La llegada de Clarke conmocionó al ambiente futbolístico local y especialmente al predio de Casa Amarilla, donde comenzó a entrenarse junto a varios jugadores de la reserva, entre ellos el goleador Silvio "Tweety" Carrario.
Sintió el acoso de la prensa argentina y de los corresponsales británicos. Debía responder sobre las Malvinas.
“Mi padre combatió en las Malvinas con la Marina Real inglesa. El sí estuvo en la guerra, pero yo vivía en Plymouth. Sé que está contento con mi llegada a Boca. Yo me quiero quedar acá. Ese es mi deseo, pero no sé si me van a dejar”, expresó en una de las entrevistas.
De inmediato, la clásica hospitalidad Xeneize se hizo sentir. El club comenzó a darle clases en idioma español, el Hospital Británico de Buenos Aires le otorgó un seguro médico gratuito de por vida, y la prensa resaltaba que era el primera jugador proveniente de las Islas Malvinas que se unía a un club argentino, además debido a que la Argentina considera las Islas Malvinas como territorio propio, no necesitaba pasaporte ni visa para trabajar.
Entre luces de Recoleta y el palco de Diego
Clarke se instaló en un departamento de Cichello Hübner en Recoleta y comenzó a entrenar en Casa Amarilla con la cuarta división dirigida por Jorge Bernardo Griffa.
Se comparaba con Martín Palermo por su porte físico y su juego aéreo. Pero más allá de lo deportivo, fue el vínculo humano con Maradona lo que marcó su estadía.
Invitado por Claudia Villafañe, Martyn ocupó el mítico palco del "10" en la Bombonera para ver un clásico contra Independiente. Luego, compartieron pizzas y anécdotas.
Diego, en un gesto de profunda empatía, le prestaba su propio teléfono celular para que el joven pudiera llamar a su madre a las islas, acortando con tecnología y afecto la distancia que la política insistía en ensanchar.
"Maradona fue muy bueno conmigo. Me dio el coraje para enfrentar todo esto", recordaría Clarke.
Las repercusiones en las Islas Malvinas no tardaron en llegar a Buenos Aires, ya que el ex entrenador de la selección local, Patrick Watts, que era locutor de la radio local, calificó la aventura de Clarke como "un ejercicio de propaganda de su madre" la dueña del pub, mientras que otros lo tildaban de traidor.
La prensa británica seguía cada paso del "lungo" con el título "Playing for the Enemy" (Jugando para el enemigo), prometía realizar una película de Clarke. Martyn, ante el asedio periodístico y las preguntas punzantes, se comparaba con Palermo.
"No soy tan bueno como él, pero soy fuerte y tengo buen cabezazo", declaraba con timidez.
En esos meses, Clarke vivió una realidad paralela. Se entrenaba en Casa Amarilla bajo la mirada del detector de talentos Jorge Griffa, comía asado, aprendía a tomar mate y compartía pizzas con Maradona, quien incluso le prestaba su teléfono celular para que el joven pudiera hablar con su madre en las islas.
Sin embargo, el sueño comenzó a agrietarse rápido. Una distensión en el muslo derecho, sufrida a las tres semanas de su llegada, lo dejó fuera de ritmo justo cuando el Boca de Carlos Bianchi volaba en la liga.
Tras ser desafectado por el Xeneize, intentó sin éxito probarse en Defensores de Belgrano y El Porvenir. El brillo se había apagado.
Tras seis meses, emprendió el regreso. Pero el retorno a Puerto Argentino fue hostil. Sus vecinos lo calificaron de traidor por haber "jugado con el enemigo".
Se sintió usado por la prensa y la política, un peón en una campaña de propaganda que lo dejó en un limbo emocional.
La prensa británica tituló su historia como "Playing for the Enemy" (Jugando para el enemigo), un estigma que lo perseguiría por años.
Entre EE.UU., Inglaterra y la gloria en los Island Games
Pese al fracaso en Buenos Aires, Clarke no colgó los botines de inmediato. Su carrera continuó en ligas menores, buscando siempre ese horizonte profesional que se le escapaba y jugó en el Connecticut Wolves de la Segunda División de los Estados Unidos, en 2001, pero una rotura de ligamentos en la rodilla derecha truncó su progresión.
Y entre 2002 y 2004, vistió la camiseta del Brentwood Town inglés, un club regional en el condado de Essex, manteniendo un perfil bajo lejos de los flashes argentinos.
Sin embargo, encontró su redención deportiva defendiendo los colores de la Selección de las Islas Malvinas en los Island Games (Juegos de las Islas), un torneo internacional para territorios insulares.
Disputó las ediciones de 2005, 2009 y 2013, convirtiéndose en un referente histórico para su comunidad. Anotó goles memorables ante Saaremaa (Estonia) y Åland (Finlandia).
Su última gran función fue en 2013, cuando anotó el primer gol en una contundente victoria por 6 a 0 contra Frøya (Noruega), triunfo que le aseguró a su selección el tercer puesto del torneo y la medalla de bronce.
Fue el cierre perfecto para una carrera que nació en el amateurismo absoluto, pasó por el palco de Maradona y terminó dándole una alegría a su propia tierra.
El destino de Martyn se selló con una última sombra. En diciembre de 2022, a los 42 años, el hombre que alguna vez hizo soñar a la Bombonera con un gol "kelper" decidió quitarse la vida.
La noticia, confirmada por su familia meses después, dejó un vacío en quienes recordaban aquel 1999 como un breve momento de ilusión donde el fútbol pareció estar por encima de la guerra.
Antes de morir, Clarke había manifestado la necesidad de contar su "verdadera y profunda" historia para encontrar tranquilidad.
Hoy, su nombre queda en los libros como el del joven que trotaba en el viento del sur y que, por un semestre, creyó que el mundo era una pelota que rodaba en el pasto de Casa Amarilla.
La noticia del fallecimiento de Martyn Gilson-Clarke a finales de 2022 no solo sacudió los cimientos de la pequeña comunidad de Puerto Argentino, sino que resonó en las redacciones de Londres con una mezcla de nostalgia y melancolía.
Aquel joven que la prensa británica había tildado de "peón" y "traidor" en 1999, fue despedido dos décadas después como un hombre que cargó con una cruz demasiado pesada para sus hombros.
La reacción de la prensa británica en 2022: el "Ángel caído"
A diferencia de la cobertura agresiva de los años 90, los medios británicos trataron el deceso de Martyn con una sensibilidad tardía. The Guardian y la redención. El periódico que acuñó la frase "Playing for the Enemy" publicó una nota reflexiva destacando que Martyn no había sido un traidor, sino un pionero de la reconciliación que nació en el momento equivocado.
Lo describieron como un hombre que "luchó contra demonios que no eran suyos", refiriéndose a la presión política que sufrió de ambos lados del Atlántico.
BBC News enfocó su obituario en su legado deportivo local, recordándolo como el máximo goleador histórico de las islas. El tono ya no era de sospecha, sino de respeto por el hombre que, tras el ruido de Maradona y Macri, regresó al silencio de las islas para trabajar y formar una familia.
Tras su muerte, el Globe Tavern se convirtió en un santuario improvisado. En sus paredes cuelgan fotos de Martyn con la camiseta de la selección de las islas y, en un rincón más discreto, algunos recortes amarillentos de su paso por Boca Juniors. Para los parroquianos Martyn ya no era el "chico de Boca", sino el capitán que les dio la medalla de bronce en 2013.
El homenaje más potente no ocurrió en un diario de Londres, sino en el césped sintético de las islas. Durante la Copa Harry Ford, la liga local detuvo su actividad para un minuto de silencio que fue descrito por los presentes como "sepulcral".
"Se fue el mejor que alguna vez pateó una pelota en este suelo", comentó un veterano de la liga local al diario Penguin News.
Aquel silencio fue la disculpa colectiva de una comunidad que alguna vez lo juzgó con dureza. Martyn murió siendo un hombre de las islas, respetado por su ética de trabajo en su empresa de mensajería (MGCCourier) y por su inquebrantable compromiso con el seleccionado local.
¿Por qué nunca se filmó "Jugando para el enemigo"?
En 2002, el prestigioso diario The Guardian anunció con bombos y platillos que la vida del "Kelper de Boca" llegaría a la gran pantalla. Con el título "Playing for the Enemy" (Jugando para el enemigo) y el protagónico de una estrella en ascenso del cine británico, el proyecto prometía ser el "Rocky" de la diplomacia de posguerra. Sin embargo, las presiones políticas y la compleja realidad de Martyn Clarke terminaron por sepultar el filme en el olvido.
El elegido para ponerse en los botines de Martyn Clarke no era un actor cualquiera. Se trataba de Martin Compston, quien acababa de saltar a la fama mundial de la mano del director Ken Loach en Sweet Sixteen.
Compston tenía una particularidad que lo hacía perfecto para el papel: antes de ser actor, había sido futbolista profesional en el Greenock Morton de Escocia.
La prensa británica, especialmente The Guardian y The Times, destacaron que Compston era el único capaz de capturar la dualidad del personaje, por la destreza física de un delantero y la vulnerabilidad de un joven de 19 años atrapado en una red geopolítica.
El guion, escrito por Matt Harvey y Dominic Morgan, se centraba en el choque cultural de un chico criado en el pub Globe Tavern de las islas, rodeado de veteranos de la Marina Real como su padre Robert Gilson, que de repente se encontraba desayunando con Diego Maradona.
The Guardian fue el medio que más presionó sobre la narrativa de la película. Sus crónicas de la época describían la trama como un drama de lealtades divididas.
La prensa británica estaba fascinada -y a la vez escandalizada- por el papel de la madre de Martyn, Julie Clarke. Los tabloides londinenses cuestionaban cómo la dueña del pub más popular de Puerto Argentino había permitido que su hijo se convirtiera en la cara de una campaña de "seducción" argentina.
Para los medios británicos, el filme no iba a ser una comedia deportiva, sino un estudio sobre la identidad y la traición. "Es la historia de un peón que se cree rey por un día", sugería una columna de opinión en The Independent.
La prensa resaltaba que el clímax de la película no sería un gol en la Bombonera, sino el regreso de Martyn a las islas, donde el silencio de sus vecinos y el desprecio de sus amigos lo esperaban tras su aventura porteña.
A pesar de tener un director interesado, un protagonista de renombre y un guion terminado, el proyecto se estancó en la fase de preproducción.
Según las investigaciones periodísticas de la época, hubo tres -algunos determinantes-, como la falta de financiamiento internacional ya que los inversores británicos temían que la película fuera vista como "pro-argentina" en un momento donde el sentimiento patriótico por las Islas Malvinas seguía siendo un tema sensible en el Reino Unido.
Con el tiempo, el propio Clarke comenzó a distanciarse de su imagen mediática. En entrevistas posteriores con la prensa británica, Martyn confesó sentirse "utilizado" tanto por Boca como por quienes querían lucrar con su historia.
"Fui una víctima de una campaña sucia", llegó a declarar a la BBC, lo que enfrió el entusiasmo de los productores por una historia con final "feliz".
Y mientras el guion hablaba de gloria, la carrera real de Martyn se desvanecía entre lesiones en el Connecticut Wolves de EE. UU. y el fútbol regional en el Brentwood Town de Essex.
La prensa británica perdió interés cuando el "Maradona de las Malvinas" terminó jugando en campos de barro ante unos pocos cientos de personas. (Fuente: NA).