Nueva pirámide nutricional: advierten sobre riesgos de una lectura simplificada
La médica Analía Lofrano indica que la imagen difundida desde Estados Unidos puede generar interpretaciones erróneas si no se lee la guía completa: “Las personas miran la imagen y no el texto”.
Periodista y comunicadora digital. Forma parte del equipo de redacción de La Nueva desde 2022, donde cubre eventos locales, regionales y nacionales, generando contenido para las ediciones impresa y digital.
La difusión de la nueva pirámide nutricional presentada en Estados Unidos generó un fuerte impacto visual y una rápida circulación en medios y redes sociales. Sin embargo, detrás de la imagen, especialistas advierten que el mensaje que se interpreta a simple vista no coincide con el contenido técnico del documento oficial.
“La principal dificultad es que las personas miran la imagen y no leen el texto”, señaló la doctora Analía Belén Lofrano, médica jerarquizada en nutrición y obesidad, especialista en diabetes (M.P. 116559 - M.N. 143233).
Para la profesional, el diseño gráfico de la pirámide invertida puede inducir a conclusiones equivocadas. “Lo primero que se va a mirar es el triángulo que Estados Unidos presenta, y la verdad, como dibujo, es terrible”, afirmó.
En la parte superior de esa representación aparecen carnes, lácteos, huevos fritos, manteca, aceite de oliva y paltas, mientras que muchas frutas, verduras y granos integrales quedan desplazados hacia sectores inferiores, lo que podría interpretarse como que deberían consumirse en menor proporción.
“Esta pirámide, tal cual el dibujo aparece, no tiene nada que ver con lo que las guías a nivel mundial indican que deberíamos comer para mejorar nuestra calidad de nutrientes”, advirtió Lofrano, integrante de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Nutrición y del grupo de trabajo de obesidad.
La médica recordó que los patrones alimentarios con mayor respaldo científico para reducir el riesgo de enfermedades crónicas, eventos cardiovasculares y mortalidad —como la dieta mediterránea, el plan DASH o el estudio PREDIMED— son modelos basados mayormente en alimentos de origen vegetal. “Son dietas basadas en plantas, donde el consumo de carne es muy bajo”, remarcó, en diálogo con La Nueva.
Al analizar el texto completo de la guía estadounidense, la especialista reconoce que el contenido es bastante más equilibrado que su versión gráfica. “Cuando uno empieza a leer la guía, dice que hay que comer según la edad, el sexo, el peso y la actividad física, que cada porción es individual y que la hidratación es un factor sumamente importante. Eso en el dibujo no aparece”, explicó.
También subraya que el documento enfatiza la calidad de las proteínas, incluyendo tanto fuentes animales como vegetales. “El texto prioriza las proteínas y en eso estamos totalmente de acuerdo. Hay que consumirlas en todas las comidas: legumbres, frutos secos, soja. Hay que darle mucha bolilla, sino el paciente puede terminar con una desnutrición oculta. Todo esto no se ve reflejado en la imagen”, indicó.
En cuanto a las cantidades, menciona que la recomendación de entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilo de peso corporal por día no es novedosa: “Eso es algo que venimos haciendo hace un montón de tiempo, no es algo nuevo”.
La guía también promueve el consumo diario de alimentos ricos en vitaminas y minerales. “Hay que consumir frutas, verduras, legumbres y frutos secos, algo que tampoco coincide con el dibujo que ellos nos plantean”, sostuvo.
El texto menciona tres porciones de vegetales y dos de frutas por día, aunque Lofrano cree que esos valores deberían interpretarse como mínimos y no como límites. “No deberían ser un techo, sino un piso”, opinó.
Otro punto que considera confuso es la ubicación de los granos integrales en la representación visual. “La guía dice ‘poner foco en el consumo de granos y legumbres’ y habla de dos a cuatro porciones por día. Entonces, ¿por qué aparecen al final de la pirámide?, ¿no era lo que menos teníamos que comer?”, planteó la directora del Centro Médico Lofrano.
En relación con las grasas, el documento recomienda incorporar aquellas de buena calidad, como las presentes en pescado, frutos secos, aceite de oliva y palta. No obstante, la especialista cuestiona que se menciona a la manteca como alternativa. “Estoy totalmente en contra del consumo indiscriminado de manteca”, enfatizó.
Para Lofrano, el mayor riesgo es que la población se quede con el impacto visual sin profundizar en las recomendaciones completas. “Si se interpreta de manera simplificada, vamos a tener de vuelta patologías cardiometabólicas, dislipemias, enfermedades renales y el regreso de dietas hiperproteicas tipo keto, que ya demostraron generar problemas en los lípidos y enfermedades ateromatosas”, advirtió.
La guía limita además el consumo de alimentos procesados, azúcares y carbohidratos presentes en productos industrializados, y restringe la ingesta de alcohol y sodio. En la infancia, las recomendaciones no difieren de las guías tradicionales: entre los 5 y 10 años se hace hincapié en la vitamina D y el calcio, mientras que durante el embarazo y la lactancia se destaca la importancia de los ácidos grasos omega y de las grasas de buena calidad. Asimismo, el documento subraya la necesidad de individualizar la alimentación en personas con enfermedades crónicas, adaptando cada plan según la patología de base.
En el caso de vegetarianos y veganos, se advierte sobre la importancia de la suplementación y del control de micronutrientes, especialmente vitaminas liposolubles, para evitar déficits.
En definitiva, más allá del revuelo generado por el diseño de la nueva pirámide, los lineamientos de fondo no se apartan de las recomendaciones nutricionales que cuentan con mayor respaldo científico. Para los especialistas, el verdadero desafío no está en una imagen impactante, sino en lograr que la población acceda a información clara, contextualizada y acompañada por orientación profesional, para que las decisiones alimentarias no se basen en interpretaciones simplificadas sino en evidencia.