Intervenciones que empobrecen el paisaje urbano y afectan el patrimonio
Dos intervenciones que no favorecen el cuidado y la preservación de edificios destacados.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
“Por eso, si quisiera describirte Aglaura ateniéndome a cuanto he visto y probado personalmente, debería decirte que es una ciudad desteñida, sin carácter, puesta allí a la buena de Dios”. Italo Calvino
El paisaje urbano es el que conforma la imagen de la ciudad. Es un paisaje construido, que al igual que uno natural genera un impacto emocional en quienes lo perciben.
Cuidarlo no es un detalle menor: su calidad tiene efectos directos en cómo vivimos, nos relacionamos y nos sentimos. Esas fachadas forman el telón de fondo de un escenario en el que nos movemos cada día, construyen una imagen que no pertenece solo a un propietario, sino a toda la comunidad.
Cuando una intervención es buena, genera bienestar emocional: un entorno armónico reduce el estrés y mejora el ánimo al tiempo de favorecer el deseo de caminar, encontrarse, permanecer. No es casualidad que de manera instintiva se prefiera caminar por unas calles y no por otras.
Un paisaje urbano degradado produce malestar visual y sensación de caos, debilita el vínculo con el lugar y naturaliza el descuido: nadie cuida, da todo lo mismo.
La introducción viene a cuento porque cuando se ensaya una crítica sobre determinadas intervenciones, las mismas pueden parecer vacuas, o exageradas o no merecedoras de demasiada atención. Sin embargo, tener una ciudad atractiva, cuidada, prolija es mucho más que eso. Es generar un lugar agradable donde vivir.
El banco, el café, el cuidado
“Pronto la ciudad se decolora ante tus ojos, se borran los rosetones, las estatuas sobre las ménsulas, las cúpulas”. Italo Calvino
En Chiclana 45 se ubica una de las viviendas más antiguas del centro. Fue construida en 1910 –supo tener el año grabado en su parte superior— con un estilo que combina rasgos clásicos con otros propios del art nouveau, como son los motivos florales que decoran su frente.
No está inventariada como bien de valor patrimonial, lo que no invalida que deba ser cuidada y respetada.
En el lugar funcionó la sucursal del Banco de la Provincia de Buenos Aires, su interior alojó el mostrador de mármol del mítico Café Nº 1. En un sitio con historia. Por eso gratificó cuando en 2023, luego de varios meses de desocupación y abandono, su propietario decidió su puesta en valor, una respetuosa restauración.
Sin embargo, lejos de respetar ese trabajo, de entender el concepto, se ocupó su planta baja con un comercio que se despachó con una cartelería agresiva, inadecuada y estridente, que oculta parte del frente y afecta el resto.
Ahora la situación se ha vuelto más inadecuada, con un cierre del balcón detrás de paños vidriados, una cubierta de chapa sobre el cartel y otra sobre el balcón, afectando lo poco atractivo que quedaba a la vista.
Se puede pensar, y esto es más preocupante, que se trata de una protección contra las palomas, una salida inapropiada, por completo.
La fachada que en 2024 se pudo admirar, el ejemplo que podría haber impulsado una mejora en toda la cuadra, se ha convertido en algo difícil de definir, en pleno centro, frente a la plaza principal, en un espacio que es de todos y donde debiera existir una responsabilidad urbana.
Una menor, pero no menor
“Convencidos de que toda innovación en la ciudad influye en el dibujo del cielo, antes de cada decisión calculan los riesgos y las ventajas para ellos y para el conjunto de la ciudad y de los mundos”. Italo Calvino
En 1910 Juana Badaró, viuda del imprentero Jacobo Peuser, construyó un atractivo palacete de aires franceses en calle O’Higgins 40, organizado en planta baja y tres pisos, con dos locales al frente, una galería comercial, 80 escritorios y departamentos. La llamada Galería Peuser dio prestigio a la mencionada como La Florida bahiense, la calle de paseo por excelencia de la ciudad.
El paso del tiempo, la falta de inversiones, el cambio de hábitos hizo que el lugar entrara en decadencia y quedara desocupado en 1994. Sus propietarios hicieron un intento por reutilizar la planta baja y en esa búsqueda pusieron en valor el frente del edificio. Finalmente en 2018 ocupó parte del frente y el primer piso una casa de comidas rápidas, que modificó de manera sustancial el frente, respetando formas y colores.
Ahora, parte del frente ha sido ocupado por una tienda, que decidió “identificar” su presencia pintando de blanco su parte. Considerando que el edificio está catalogado como bien patrimonial, esa intervención debiera haber sido consensuada con el municipio, ya que no corresponde intervenir de ese modo esa fachada.
La intervención es menor, pero no lo es. Es inadecuada desde lo estético y avanza sobre un inmueble protegido y que debe ser cuidado y preservado de ese tipo de intervenciones.
Final
La ciudad ha sufrido en las últimas décadas una anarquía total en el tratamiento de su estética edilicia, sobre todo en el centro. Con muy pocas excepciones, el paisaje urbano se ha degradado de manera lastimosa. Nunca es tarde para reflexionar sobre el tema, para establecer cierto orden, para intentar tener una ciudad linda, atractiva y cuidada.