Bahía Blanca | Domingo, 22 de febrero

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Escuchar a la tierra: Marina Schmidt, casi 10 años como “embarradora” de Epecuén

Carhuense, masajista y reflexóloga decidió sostener una tradición que brinda bienestar, mejora la salud y reconecta a la gente con la naturaleza y las tradiciones. Además, permite a los turistas llevarse una postal distinta del destino.

La primera vez que lo intentó se sentó con su olla repleta de barro en la playa de Epecuén. Era un día de viento y tierra y no había un alma. Dudó. ¿Qué hago acá?, pensó. Pero se quedó.

Al rato llegó una pareja, los embarró a los dos, y todo empezó a tener sentido. Con los días, la gente se empezó a acercar, por curiosidad, para probar los beneficios de la tierra y también para “pintarse” de negro y tener una postal divertida, estilo tribu africana.

A casi 10 años de esta experiencia, Marina Schmidt, sigue siendo la única embarradora a cielo abierto de Epecuén, trabajo que combina con la venta de productos naturales del Lago y otras terapias holísticas.

Con sus manos frente al lago, en contacto con la naturaleza, su oficio es más necesario que nunca en tiempos de rigidez, dolencias y necesidad de conectar, de alivio, de relax. Una pausa para recordar quiénes somos, hijos de esa misma tierra que ella aplica en el cuerpo pero se siente también en el alma.

--¿Cómo fueron tus comienzos? ¿Cuándo dijiste “Quiero ser embarradora”?

--Primero comencé observando fotos, de esas que tienen nuestros papás, de cuando iban a Epecuén, de gente embarrada. Y ahí empezó mi curiosidad por el barro, su aplicación y para qué servía. Además acá contamos con el médico termalista Enzo Gasparri que hizo mucho por mí, en el sentido de impulsarme, de decir: “Esto hay que hacerlo y las tradiciones no tienen que morir”. Fue un poco el impulsor de este fanatismo mío por la tierra, por el fango. Me largué. Presenté un proyecto al municipio, lo aprobaron y empecé. Y como también soy masajista, fui combinando ambas cosas.

--¿Cómo difundías lo que hacías?

--Al principio no tuvo difusión sino que la gente me veía en la playa y se acercaba. Los turistas se embarraban y quizás cuando volvían a su ciudad lo comentaban y entonces venía otra gente a buscarme. Así se fue haciendo la difusión.

--¿Cómo vivís tu trabajo, más como revivir una tradición o como una experiencia de bienestar que la gente busca?

--No sé si pueda ser clara con palabras. Cuando empecé me parecía una locura estar parada ahí, en la playa, con una olla de barro. Y ahí me empecé a decir : “Si esto hizo tanto bien, si hacía tanto bien a la gente, tiene que volver”. No puede ser que la gente olvide lo que le hace bien.

--¿Qué sentís que trasmitís y qué recibís en este trabajo tan original?

--Mirá, un día yo estaba haciendo esto se me acercó una señora que había venido con su abuela y me dijo: ‘Mi abuela se embarraba porque tenía artritis’. Claro, ella era chica y no lo entendía. Y hoy por hoy, ella tiene artritis. Me vio, se acercó y se hizo el fango terapia. Se le caían las lágrimas y me las hizo caer a mí. Eso me dio la respuesta de por qué yo tenía que seguir, cuál era la satisfacción que me daba. Saber que la gente volvía a revivir el cariño que tenían sus abuelos hacia esto, la salud que les brindaba y las ganas de encontrarse con el lugar, con las cosas. Esa es la satisfacción más grande. Saber que estoy ayudando, que esto calma la ansiedad, los dolores, la angustia. Porque es también una forma de relajarse. El agua tiene esto: te bañás en el lago y quedás como nuevo. La gente te lo agradece y te lo dice.

--¿Alguna otra experiencia que te haya conmovido en estos años?

--Me conmovió una familia que vino a Epecuén porque una de sus hijas, la mas chica, siendo muy jovencita, sufre de artritis.. Los he embarrado durante varios años que han venido y me llama la atención la creencia de esa jovencita hacia la tierra, esa devoción por la ayuda que genera nuestro fango y que le ha transmitido su familia.

--También tiene algo de divertido pintarse…

--¡Sí! Está esa parte de reír. Se acerca alguien y se pinta de negro. Es algo que da mucha risa. Genera eso, como una tribu nigeriana. Una vez una nenita que estaba con su familia se acercó a embarrarse y hace un tiempo volvió cuando casi cumplía los 15 años para volver a hacerlo. Que vuelvan que se pinten de negro para la foto, me marca, es algo que me gusta.

--¿Todas las personas se pueden aplicar barro?

-- No olvidemos algo: a este barro no se le agrega nada. Es tierra con muchos minerales como magnesio, potasio, sílice, hierro, iodo. Salvo que alguien sea alérgico a uno de estos componentes o tenga alguna contraindicación médica todo el mundo es apto para aplicarse barro. Es muy bueno para la psoriasis, artritis, acné y dermatitis. Si alguna persona tiene una piel hipersensible, obviamente no se aplica barro. Esa persona seguramente ya lo sabe y debe hacer antes una consulta con el médico.

Hoy, casi 10 años después de aquella primera olla de barro en soledad, Marina Schmidt entre risas, lágrimas y cuerpos cubiertos de negro, sostiene una tradición que no solo sana la piel y calma los dolores de quienes se acercan a vivir la experiencia sino que también los reconecta con la historia, la naturaleza y el propio lago que la vio crecer.

Si querés mas información su IG es: @kayacarhue