Bahía Blanca | Jueves, 19 de febrero

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La formación de ingenieros en tiempos de IA

Debemos formar ingenieros de campo, capaces de operar y resolver problemas en la realidad física donde la IA todavía no tiene “manos” para actuar.

Sede local de la UTN. (Foto. Emmanuel Briane - La Nueva.)

Por Claudio Gatti / Profesor de Ingeniería en la UTN Bahía Blanca

Como docente de alumnos que están a solo meses de recibir su título profesional de ingeniero, en los últimos meses me asaltó un pensamiento inquietante sobre la forma en que los estamos formando. Mientras observaba a mis estudiantes rendir sus exámenes, sentí que estábamos perdiendo el tiempo, tanto ellos como yo: recorremos carreras de ingeniería de cinco o seis años, con cargas horarias extenuantes y evaluaciones que demandan hasta tres horas de máximo esfuerzo. ¿Para qué lo hacemos, si probablemente una Inteligencia Artificial (IA) resuelve esos mismos parciales mejor y en una fracción del tiempo?

Para pasar de la sospecha a la evidencia, realicé un experimento: le entregué a la IA de Google (Gemini, en su versión básica y gratuita) los mismos cuatro parciales teórico/practicosque mis alumnos resolvieron durante el año. Los resultados fueron tan reveladores como sorprendentes.

La IA obtuvo un promedio final de 82.5/100, superando no solo la media de toda la clase (50.5), sino también la nota del mejor alumno del curso (80). Pero el dato que realmente quiebra el paradigma es el tiempo: mientras que a un estudiante avanzado le tomó noventa minutos de extenuación resolver cada examen, la IA lo hizo en solo 50 segundos.

Esta realidad nos coloca frente a una pregunta incómoda: ¿por qué invertimos media década de la vida de un joven en "fabricar" un cerebro para que realice cálculos y procedimientos que una computadora ya resuelve con mayor precisión en segundos? Ni hablar de los conceptos teóricos que hoy se adquieren simplemente leyendo o memorizando. Estamos aplicando un modelo del siglo XX para un mundo donde el "alumno perfecto" ya vive en nuestro bolsillo y está disponible a un clic de distancia.

Si una máquina (básica, no un modelo pago más desarrollado) ya superó al mejor de nuestros estudiantes en las tareas teóricas de aula, la conclusión es inevitable: debemos ser más eficientes. Si integramos la IA como la herramienta base de nuestra profesión, podríamos formar ingenieros con un altísimo nivel de criterio en mucho menos tiempo. ¿Por qué no pensar en trayectos intensivos de uno o dos años enfocados en la práctica real?

El objetivo ya no debe ser que el estudiante aprenda a calcular cada engranaje, sino que domine la tecnología para diseñar el sistema completo. Debemos desplazar el foco del aula al "barro": formar ingenieros de campo, capaces de operar y resolver problemas en la realidad física donde la IA todavía no tiene “manos” para actuar. El valor del ingeniero hoy no es ser una calculadora viviente, sino ser un auditor. La IA es asombrosamente rápida, pero a veces comete errores absurdos de lógica que solo un ojo humano entrenado puede detectar. Necesitamos cultivar ese "ojo crítico" en lugar de malgastar años en la mecánica del cálculo que la máquina ya domina por completo.

Incluso deberíamos dar un paso más allá: cada universidad debería contar con su propia IA institucional. Una "superbiblioteca" dinámica que contenga todo el conocimiento de la carrera, adaptada y disponible las 24 horas, para que alumnos y profesores dejen de perder tiempo en tareas repetitivas y enfoquen su energía en la innovación y la resolución de problemas reales.

La pregunta para las autoridades y para la sociedad no es si la IA reemplazará a los ingenieros, sino cuánto tiempo más vamos a seguir desperdiciando el talento de nuestros jóvenes en una formación que compite contra un algoritmo que ya le ganó. Es hora de aceptar que el futuro ya llegó y que nuestras aulas deben cambiar, o quedarán como museos de una era que ya terminó.