Dante Sgalla, el fotógrafo que encuentra historias donde otros solo ven paredes
Nació y se crió en una antigua casa de Ingeniero White, perdió a su madre cuando estaba por cumplir once años y encontró en los libros primero, y en la fotografía después, una manera de preservar la memoria.
Subjefe de la Sección Deportes con especialización en temas deportivos. Más de 30 años comentando fútbol y otro tipo de actividades; además de haber realizado coberturas en todo el país con la incursión de los elencos bahienses en la elite del fútbol nacional. También coberturas del seleccionado Argentino en acontecimientos como Copa América y amistosos internacionales.
Una puerta antigua, una ventana de madera, un rostro esculpido sobre una fachada. Para muchos son apenas detalles de construcciones que envejecieron, en cambio para Dante Sgalla son señales de una historia que merece ser contada. En cada rincón de Ingeniero White encuentra algo de la vida que pasó por allí, como familias, encuentros, despedidas y recuerdos que todavía sobreviven entre las paredes.
Dante se pregunta qué habrá sucedido detrás de esas paredes. Quiénes habrán vivido allí, cuántas mesas familiares se habrán compartido, qué alegrías y tristezas habrán atravesado sus habitaciones. También se pregunta por qué algunas construcciones que forman parte de la identidad de un pueblo terminan desapareciendo sin que nadie se detenga a reconocer su valor.
Esa manera de mirar define su relación con la fotografía.
"No busco sólo una imagen atractiva, intento recuperar fragmentos de una historia que muchas veces permanece escondida en las fachadas, los ornamentos, las puertas y los rincones de Ingeniero White", dijo con una sonrisa que atesora infinidad de retratos.
Nació el 21 de enero de 1954 y vivió hasta los quince años en calle Brown 3773, sobre la antigua ferretería La Fama, de los hermanos Dignani, uno de los comercios tradicionales de Ingeniero White.
"Allí se conseguía prácticamente de todo, desde pinturas, cemento, cal, madera, cañas, rieles y hasta cartuchos y escopetas. Era un comercio enorme, de aquellos tan preciados que todavía hoy forman parte en mi memoria de una época reluciente", dijo.
Su historia familiar también está ligada al trabajo y a la cultura. Su padre, Dante, era carpintero y se desempeñaba en el Ministerio de Obras Públicas, mientras que su madre, Iris, enfermera profesional. Ambos eran grandes lectores y le transmitieron desde chico el amor por los libros.
Pero aquella infancia tuvo una marca profunda. Cuando estaba por cumplir once años, su madre murió a causa de un cáncer que avanzó en apenas seis meses.
"Ahí me di cuenta de quién era el centro, quién era el eje de la familia", expresó.
"Esa pérdida nos produjo una ruptura familiar. Mi hermana Silvia se fue a vivir con una tía y yo permanecí junto a mi padre durante un tiempo, hasta que la convivencia se hizo difícil. Después encontré contención en mi tía Nidia, quien me acompañó en una etapa complicada y a quien le debo también mucho de lo que hoy soy", aseguró.
En medio de aquellas circunstancias, los libros se convirtieron en refugio.
"A los once años comencé a concurrir a la Biblioteca Popular Mariano Moreno, institución que todavía sigo visitando, porque los libros son el mejor lugar para refugiarse y seguir aprendiendo. Me ha pasado de estar leyendo tres libros de manera simultánea; me canso de uno, sigo con otro y luego retomo el anterior. Mi mente divaga por distintos lugares, me encanta comparar", reveló Dante.
Cursó la primaria en el Colegio Sarmiento y el secundario en el Manuel Belgrano, donde recuerda especialmente al padre Daniel Melchior (foto), rector del establecimiento, por la ayuda que le brindó durante su adolescencia.
La fotografía llegaría más tarde. Primero estuvo la lectura, después una bicicleta de carrera y, finalmente, una pequeña cámara Kodak -modelo compacto- que recibió como regalo a fines de 1981.
"En aquel momento trabajaba en el puerto y aprovechaba mis tiempos libres para recorrer distintos lugares. Me gustaba andar en bicicleta y llegar hasta Puerto Galván, especialmente durante el verano, porque disfrutaba del agua. Tengo un recuerdo muy especial y afectivo por Atilio Miglianelli, conocido como 'Atilio el del Castillo', quien me enseñó a nadar y, sobre todo, a respetar el agua", sostuvo.
"En esas recorridas empecé a tomar fotografías. Al principio eran registros espontáneos, sin demasiados conocimientos técnicos, pero pronto descubrí que algunas imágenes podían tener un valor que iba más allá de lo personal", añadió.
Uno de sus primeros acercamientos a la fotografía documental estuvo relacionado con la contaminación de unos canales próximos a la refinería. Había observado manchas en el agua y decidió registrarlas. Aquellas imágenes llegaron a manos de un concejal de Ingeniero White, quien facilitó el contacto con el periodista Rubén Benítez, del diario La Nueva Provincia.
"Benítez me trató con mucho respeto, me invitó a regresar a ese lugar acompañado por un fotógrafo para realizar nuevos registros y, posteriormente, publicó una nota con una de mis imágenes, que llegó a ser tapa del diario, el 30 de agosto de 1989. Recuerdo que esa nota armó un gran revuelo, pero para mi fue el comienzo de algo distinto", afirmó.
Dante todavía recuerda especialmente el consejo que recibió del periodista, a quien agradece profundamente.
"Rubén me dijo de manera textual: 'No dejes de ir. No dejes de seguir. Es bueno lo que estás haciendo'. Y le hice caso", resaltó.
Más adelante adquirió una Pentax K1000, una cámara que recuerda con especial cariño.
"Se la compré al 'Flaco' (Omar) Morán. Era un avión, una máquina que me hacía lucir pese a que nunca fui demasiado afecto a realizar cursos de fotografía. Mis imágenes comenzaron a llamar la atención de otras personas y eso me alentaba a compartirlas y publicarlas", contó.
Con el tiempo, su interés se fue concentrando en las construcciones antiguas, las fachadas, las viviendas de chapa y madera y, especialmente, el patrimonio ferroviario.
Las paredes también tienen memoria
Para Dante, cada casa conserva algo de quienes la habitaron. No importa si hoy está abandonada, si cambió de destino o si sus antiguos habitantes ya no están. En algún rincón permanece una historia.
"La memoria es una tabla que flota en el refugio de los recuerdos", dijo al explicar esa relación entre las imágenes y el pasado.
En su mirada también aparece su propia infancia, los encuentros familiares y aquellos domingos en los que la mesa reunía a todos.
"En mi casa hubo momentos de felicidad, pero también despedidas. Allí velaron a mi madre y eso está profundamente ligado a mi manera de observar las viviendas antiguas. En una casa existe todo; unión, fraternidad, la mesa que se comparte. La mesa es como una misa, es una asamblea de gente alegre, que expone lo vivido en el día a día. En cada rincón de un hogar hay algo que sucedió en el pasado", expresó.
Esa sensibilidad se traslada a sus fotografías y cuando registra una construcción no busca solamente mostrar su arquitectura, sino que intenta que quien la observe pueda imaginar lo que allí sucedió.
Por eso disfruta especialmente cuando sus publicaciones despiertan recuerdos en otras personas. En Facebook e Instagram comparte fotografías de antiguas viviendas y rincones de Ingeniero White y Bahía Blanca.
"Muchas veces, detrás de esas imágenes, aparecen vecinos que reconocen el lugar, recuerdan a sus antiguos habitantes o aportan datos que permiten reconstruir una historia. Una fotografía de una casa que ya no existe, por ejemplo, generó una serie de comentarios de personas que habían vivido allí o conocían a quienes la habían habitado. Alguien recordó a un trabajador ferroviario, otra persona mencionó a una modista y otro más contó que actualmente funciona una iglesia en ese terreno", dijo.
Entre sus recuerdos también aparece el último taller de zapatería que conoció en White, ubicado en la esquina de Plunkett y Brown (foto de portada).
"Allí trabajaba Verdini, quien solía decir que era 'el último de los mohicanos'. Todavía puedo percibir en mi nariz el aroma del cuero. Era un trabajo artesanal, se reconstruía un zapato mediante un cambio de media suela y taco. Qudaba como nuevo y tenía un valor incalculable a un precio módico", remarcó.
Son detalles que para otros podrían pasar inadvertidos, pero que Dante considera parte de la cultura de una comunidad.
El patrimonio que no debería desaparecer
Otro de sus grandes amores es el ferrocarril. Las estaciones, las antiguas instalaciones y las construcciones vinculadas a la actividad ferroviaria despiertan en él una particular fascinación.
"Me preocupa, y ya desde hace mucho tiempo, el deterioro y la desaparición de edificios que tuvieron una importancia fundamental para el desarrollo de Bahía Blanca e Ingeniero White. Es doloroso ver lo que quedó de estaciones como Noroeste, Galván, Garro -originalmente llamada Murature-, Ingeniero White, Bahía Blanca y Spurr, entre otros espacios que son parte de una rica historia", sintetizó.
"Las nuevas generaciones no saben la dimensión que tuvo la actividad ferroviaria en la región y el movimiento que generaba. Perder esas construcciones significó también perder testimonios de una época. De la estación de White salían máquinas que recorrían el país, que alimentaban a las economías regionales y transportaban personas. Hoy pasás caminando y mirás para ese lado y no ves nada. Me paro a contemplar y aparecen esas imágenes que te arrancan una lágrima", reflexionó.
En ese sentido, Dante entiende que sus fotografías tienen un valor documental, porque permiten conservar imágenes de aquello que desapareció o que todavía permanece en pie, aunque en condiciones de abandono.
"También me genera un vacío la pérdida de elementos ornamentales y arquitectónicos. Recuerdo rostros esculpidos en las paredes, figuras y detalles que fueron retirados sin que se reconociera su importancia", señaló.
Cuando tiene dudas sobre alguna construcción, suele consultar al arquitecto José María Zingoni, a quien agradece especialmente por sus explicaciones y aportes.
"¿Por qué no se protegen las cosas?", se pregunta. Y aclara que su intención no es oponerse al progreso ni pretender que la ciudad permanezca detenida en el tiempo.
"Considero que se puede avanzar, construir y transformar sin destruir necesariamente aquello que forma parte de la identidad de un lugar. Lo que se pierde no vuelve nunca más; entonces, cuidemos y conservemos lo que aún nos queda", pidió.
Una pasión que no tiene fecha de vencimiento
En 2012, un infarto modificó su vida cotidiana. Después de atravesar la recuperación y un período de depresión, encontró en las caminatas y nuevamente en la fotografía una manera de recuperar el entusiasmo. Recuerda las palabras del doctor Mario Halberg, quien le hizo comprender que necesitaba detenerse y modificar algunas cosas de su vida.
"Volví a recorrer las calles, aunque ya no con mi Pentax por una cuestión de movilidad. Pasé a fotografiar con el celular. Mi vida está ligada a mi localidad, a sus calles que recorro con frecuencia y a los vecinos que me saludan porque soy bastante bohemio. Es un lujo para mi cruzarme en la vereda con Conrado De Lucía, figura emblemática de nuestro querido White. Intercambiar unas palabras, hablar de tango y escuchar alguna frase que te deja pensando", apuntó.
Dante comparte sus inquietudes con otros aficionados y disfruta de los intercambios que se generan alrededor de sus publicaciones.
En una parte del recorrido por calle Brown, Dante detiene su marcha y se acerca a dialogar con Enrique Ezequiel Guevara, un vecino que apoyado en la ventana de una pequeña pero conservada vivienda, ubicada en Brown 3321, alude a los orígenes de la construcción.
"Conocí a tu padre (Enrique Raúl Guevara) cuando trabajaba en el puerto. ¿Así que él construyó esta casa? Que bien las conservás, con esa pintura original. Así da gusto tener vecinos", le expresó Dante.
Y el detalle que rápidamente salió a la luz fue la chapa que identifica el lugar.
"Fijate que antes esta calle se llamaba James Harris. Esa chapa es una reliquia y está muy bien cuidada", añadió Sgalla.
En lo familiar, comparte su vida con Diana Malla, profesora de historia jubilada, y su hijo Ítalo, dedicado al estudio de la historia medieval.
"Siento orgullo de mi hijo. Pudimos transmitirle la importancia de la lectura y el valor de la educación, además del derecho a la libertad para elegir su propio camino", dijo.
Cuando le preguntan hasta cuándo piensa continuar recorriendo las calles con su cámara, no necesita demasiado tiempo para responder.
"Hasta que pueda. Es mi vida. Y el día que no pueda caminar estaré sentado en un sillón leyendo un libro, mi otra pasión. Lástima que gran parte de los hermosos recuerdos de mi hogar se perdieron en la inundación. Fotos, documentos, rollos sin revelar, libros...(se quiebra) y muchas cosas más", agregó.
Y quizás allí esté la esencia de su trabajo. Dante Sgalla fotografía casas, estaciones, fachadas y detalles arquitectónicos, pero en realidad busca algo más profundo, como conservar aquello que el paso del tiempo amenaza con borrar. Porque para él las calles de Ingeniero White tienen una leyenda y quienes las vivieron siguen encontrando en ellas fragmentos de su propia historia.