63 minutos con 33 segundos: el origen oculto de la Scaloneta
Como todos recuerdan, Lionel Messi inició su leyenda en la Selección en agosto de 2005, durante un amistoso contra Hungría. Más allá de su expulsión al minuto de haber ingresado, hubo un gesto que pasó desapercibido, pero que sin dudas marcaría la historia grande del fútbol argentino en las décadas siguientes.
Periodista egresado de Taller Escuela Agencia (TEA) de Buenos Aires. Especializado en política nacional, historia, cultura y sociedad. Trabajó, entre otros medios, como redactor en First, Alfa Stile y EducaRed de Fundación Telefónica. Ganador la beca UCA-Clarín de la Fundación Roberto Noble. Fue secretario de redacción de Revista Competencia y jefe de redacción de la Revista Watt, ambas en la Ciudad de Buenos Aires. Se desempeñó como columnista político en Radio LU2. Actualmente es jefe de la sección "El País" de La Nueva. y editor en LaNueva.com.
Son cerca de las dos de la tarde del miércoles 17 de agosto de 2005.
El reloj electrónico de la transmisión de TyC Sports marca que ya pasaron 63 minutos con 13 segundos del amistoso que la Selección argentina juega contra Hungría en el Estadio “Ferenc Puskás” de Budapest.
El delantero Lisandro López, reciente incorporación del FC Porto, trota rápidamente hacia un costado de la cancha para agilizar el primer cambio del equipo.
Con la victoria parcial por 2-1, el desarrollo del juego le permite al técnico José Pekerman empezar con la renovación de nombres dentro del campo de juego.
Hay un breve saludo entre López y su reemplazante, ese joven mediopunta del Barcelona de apenas 18 años que, hace un mes y medio, se convirtió en el goleador y la figura principal de la Sub 20 que obtuvo el campeonato mundial de la categoría en Ámsterdam.
“El debut, señores, de Lionel Messi en la Selección argentina. Como Diego Maradona, contra Hungría en 1977”, anuncia en la transmisión Alejandro Fabbri, con un tono que no logra disimular las expectativas que ese ingreso despierta en todo el universo futbolístico nacional.
Y ahí entra Messi, con un pique en diagonal hacia el sector derecho del ataque -lo que antes se conocía como “wing” y hoy se define como “extremo”- intentando sumarse rápidamente al circuito ofensivo que despliegan sus compañeros Luis González, Maxi Rodríguez, Andrés D´Alessandro y Hernán Crespo.
Casi al mismo tiempo que el recién ingresado termina de acomodarse en el dibujo táctico, Lucas Bernardi, mediocampista del AS Mónaco, retrocede con la pelota por el sector izquierdo y la descarga con toque suave al defensor Juan Pablo Sorín quien, a su vez, la combina hacia atrás con Roberto Ayala, ubicado cerca del círculo central.
El plano televisivo muestra cómo Messi se acerca cada vez más a la línea del lateral derecho, intentando ofrecerse como una opción válida de pase, ya que el equipo dirigido por Lothar Matthäus hace marcación zonal y le permite moverse con relativa facilidad.
La pelota sigue en poder de la Argentina. Ahora la tiene González, quien la filtra con un buen gesto técnico hacia Lionel Scaloni, el temperamental lateral derecho del Deportivo La Coruña, proyectado sorpresivamente en ataque.
Scaloni, que en ese momento tiene 27 años y juega su segundo partido en la Selección luego de un paréntesis de casi tres años, levanta la cabeza, observa a Messi posicionado a unos cinco metros delante suyo y no duda en pasársela con un toque de primera.
Van 63 minutos con 33 segundos, y el rosarino recibe por primera vez la pelota. El histórico momento, sin embargo, es mínimo: apurado por un rival se la devuelve a Scaloni, también con un toque de primera, y el avance argentino debe reagruparse más hacia el medio.
Nada de esto se describe en la transmisión. Fabbri y el relator Walter Nelson siguen evocando detalles del debut de Maradona contra los húngaros en la cancha de Boca, trazando comparaciones, paralelismos, pero sobre todo mostrando muchas ganas de que Messi se convierta en el heredero del Diego.
“Y te voy a dar otro dato. Maradona debutó ese día con la camiseta 19. Y Messi con la 18”, agrega Nelson.
Falta menos de un minuto para que el árbitro alemán Markus Merk sorprenda al mundo entero al decidir expulsarlo por un supuesto codazo a Vilmos Vanczák, un áspero defensor del Újpest FC, quien va a agarrarlo de la camiseta para impedir que encare con velocidad hacia el área.
De aquella sanción mucho se dirá en los siguientes días, semanas, meses. Habrá una mezcla de decepción y enojo. La sensación generalizada de que algo bueno se interrumpió abrupta e injustamente.
Más de 21 años después, no es disparatado afirmar que lo más importante de esa tarde no fue el resultado del amistoso -que terminó finalmente con la victoria argentina por 2 a 1- ni mucho menos la expulsión de Messi, hoy casi una anécdota.
Lo verdaderamente mágico sucedió en aquellos dos pases iniciáticos, el de Scaloni para Messi y la devolución inmediata de Messi para Scaloni.
Toda la gloria futura del fútbol argentino resumida en esos pequeños fractales del juego, que lógicamente pasaron desapercibidos en medio del partido.
Scaloni es el primer compañero que confía en Messi y le pasa la pelota, a los 20 segundos de su debut. Messi se la regresa a un toque. Ahí está la Scaloneta en estado embrionario.
Scaloni para Messi, Messi para Scaloni. Siempre juntos. En aquel estadio húngaro, en Río y en Qatar. Juntos para siempre, en la memoria colectiva y en el agradecimiento eterno de todos los argentinos.