En Bahía Blanca, solo el 10% de los ACV se trata a tiempo
En nuestra ciudad se registran entre uno y dos casos por semana, contando solamente las personas que acuden al médico. En Argentina hay un caso cada cuatro minutos.
Cada 29 de octubre se conmemora el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular, una afección que en Argentina ocurre cada cuatro minutos, totalizando entre 120.000 y 140.000 casos en forma anual. La cifra, elevada de por sí, se multiplica por dos si se tienen en cuenta aquellos casos que no llegan a contabilizarse porque la víctima no fue al médico.
Por si fuera poco, en nuestro país el ACV es la tercera causa de mortalidad luego de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, y la primera causa de discapacidad.
En Bahía Blanca, en forma oficial, se registra entre uno o dos accidentes cerebrovasculares por semana, pero tan solo un 10% llega a tratarse a tiempo. Es decir, de los —en promedio— 52 que figuran en las estadísticas, tan solo cinco llegaron al hospital con chances de curarse.
Esto, reconocen los médicos, constituye un problema clave: "Si alguien tiene un infarto y le duele el pecho, va al hospital; si hay algún déficit neurológico, no", advierte el doctor Claudio Beroiza, especialista en terapia intensiva y neurointensivismo del Hospital Municipal.
En pocas palabras, asegura que el ACV tiene poca prensa y es necesario informar más a la población sobre sus consecuencias.
"Es llamativo que a pesar del impacto que tiene sobre la vida de las personas —tanto las que fallecen como las que tienen algún tipo de secuela—, no exista algún tipo de concientización en la sociedad. Hay personas que interpretan algún déficit neurológico como debilidad o adormecimiento de extremidades, se duermen y después el cambio es irreversible", señala.
Por ello, señala que los tiempos —en estas cuestiones— son primordiales: cuanto antes se acuda al hospital, más posibilidades hay de que no haya consecuencias negativas o permanentes.
"Existen tratamientos para el ACV. Es cierto, no se puede garantizar la recuperación, pero hay pacientes que sí pueden hacerlo. Incluso, en Bahía Blanca contamos con esa medicación", aclara.
En la actualidad, hay dos maneras de tratar la afección: un fármaco trombolítico —que se utiliza para disolver rápidamente los coágulos de sangre —trombos— que obstruyen las venas o arterias— o bien la trombectomía mecánica, para lo cual se utiliza un equipo que no existe en Bahía Blanca, pero que sí se encuentra en nuestro país y en otros centros poblados de la provincia de Buenos Aires, como La Plata o Mar del Plata.
"Una vez que se produce la obstrucción de la arteria —explica Beroiza—, comienza un conteo para administrar en forma urgente un fármaco trombolítico que, cuando se administra, rompe el trombo dentro del vaso sanguíneo".
El médico señaló que si bien la ciudad no cuenta con la aparatología, se está en camino de crear una red de ACV para llevar a cabo compras centralizadas y articular redes, sobre todo para aquellas ciudades que no tienen acceso a estos fármacos o equipos. Además, el uso de estos equipos necesita personal especializado.
Para tener en cuenta, una dosis del medicamento trombolítico actualmente ronda los $10 millones. Pero su administración no sabe de demoras ni de obras sociales, ya que es de categoría 1A: es tal la urgencia que hay que aplicarlo sí o sí. La supervivencia del paciente y su calidad de vida dependen de ello.
"Estos déficits son discapacitantes, pero el paciente puede irse del hospital sin discapacidades en caso de ser tratado a tiempo", explica.
Beroiza recalca que el ACV es una afección que siempre existió y no se trata de una enfermedad que haya aparecido en estos tiempos.
"Hoy la gente vive más, las arterias sufren el impacto de esos años y ese deterioro puede provocar que se tapen, a lo que hay que sumar los malos hábitos, como el sedentarismo, el alcoholismo o el cigarrillo —explica—. Pasa que como normalmente no duele, el paciente no consulta".