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Los autos eléctricos aceleran en la Argentina

La mayor oferta de modelos y la reducción de los costos de uso impulsan el crecimiento de una tecnología que promete menos emisiones contaminantes, menor ruido y un consumo energético más eficiente.

El auto eléctrico dejó de ser una promesa lejana en la Argentina. Entre enero y agosto de 2026 se patentaron 5.166 vehículos 100% eléctricos, contra apenas 526 en igual período de 2025. El salto del 882,1% refleja el avance de una tecnología que comienza a ganar espacio en el mercado automotor y que, además de modificar los hábitos de movilidad, ofrece oportunidades para reducir el impacto ambiental del transporte.

El crecimiento también se observa al considerar todas las tecnologías electrificadas. Durante el primer semestre se registraron 42.238 vehículos híbridos y eléctricos, un 339,4% más que un año antes. Según el informe semestral de SIOMAA, representaron el 15,2% de los patentamientos de automóviles y comerciales livianos.

Sin embargo, no todos funcionan de la misma manera: el 55% de esas unidades correspondió a híbridos convencionales, el 21% a híbridos enchufables, el 15% a mild hybrid y el 9% a eléctricos a batería.

La oferta disponible también se amplió. Los modelos híbridos y eléctricos pasaron de 87 en el primer semestre de 2025 a 145 en igual período de 2026. A esa expansión se sumó el régimen de importación con arancel cero, que estableció un cupo de 50.000 unidades para 2026, con vehículos de hasta 16.000 dólares de valor FOB.

Beneficios para el planeta

Uno de los principales beneficios ambientales de los autos eléctricos es que no emiten gases contaminantes por el escape durante la circulación. Al no quemar nafta o diésel para desplazarse, no liberan directamente dióxido de carbono (CO?), óxidos de nitrógeno ni partículas contaminantes asociadas a los motores de combustión.

Esta característica puede contribuir a mejorar la calidad del aire en las ciudades, donde el tránsito es una fuente importante de contaminación. La reducción de emisiones también resulta relevante para la salud pública, debido a los efectos que los contaminantes atmosféricos pueden tener sobre los sistemas respiratorio y cardiovascular.

La ventaja climática, sin embargo, debe analizarse a lo largo de toda la vida útil del vehículo. La fabricación de las baterías requiere energía y materiales, por lo que puede generar más emisiones iniciales que la producción de un automóvil convencional.

Aun así, las estimaciones citadas en el material de referencia indican que un eléctrico puede emitir hasta un 73% menos de gases de efecto invernadero durante su ciclo de vida, dependiendo de las condiciones de fabricación, el uso y la fuente de electricidad.

Los motores eléctricos aprovechan mejor la energía que reciben. Mientras que los motores de combustión pierden una proporción importante de la energía del combustible en forma de calor, los eléctricos pueden convertir entre el 80% y el 90% de la energía de la batería en movimiento, según los datos aportados.

También generan menos ruido mecánico, una ventaja para los entornos urbanos. Aunque los neumáticos y el contacto con el pavimento siguen produciendo sonido, especialmente a velocidades elevadas, la menor sonoridad del motor puede ayudar a reducir la contaminación acústica en calles y avenidas.

Otro aspecto favorable es el mantenimiento. Al contar con menos piezas móviles y prescindir del aceite de motor y de determinados filtros, estos vehículos reducen la necesidad de algunos insumos y la generación de residuos asociados a su recambio.

Esto no significa que estén libres de impacto ambiental: las baterías requieren una gestión adecuada al final de su vida útil y procesos de recuperación o reciclaje de materiales.

El desafío de la carga y la energía

La transición también depende de la infraestructura. SIOMAA estimó alrededor de 260 puntos de carga en todo el país durante el primer semestre de 2026, de los cuales apenas el 15% era de carga rápida. La posibilidad de cargar en una vivienda o en el lugar de trabajo sigue siendo determinante para muchos usuarios.

La fuente de electricidad también importa. Cuanto mayor sea la participación de energías renovables, como la solar y la eólica, menor podrá ser la huella de carbono asociada al funcionamiento de los vehículos.

Algunas tecnologías de carga bidireccional, además, permiten devolver energía a la red, aunque su aplicación depende del equipamiento y de la infraestructura disponible.

El precio inicial, la autonomía, los repuestos, el servicio técnico y el valor de reventa continúan entre los factores que condicionan la expansión del mercado.

El crecimiento de casi el 900% marca un cambio significativo, aunque parte de una base todavía reducida.

El desafío ya no consiste solamente en ampliar la oferta de autos eléctricos, sino en acompañar su desarrollo con infraestructura de carga, electricidad cada vez más limpia y una gestión responsable de las baterías.

De esa combinación dependerá que la nueva movilidad se traduzca en beneficios ambientales concretos y sostenibles.

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