Monte Hermoso y su defensa costera
Un proyecto integral se necesita para una situación como la de la vecina localidad.
Lo sucedido en Monte Hermoso con los fenómenos climáticos que derivaron en el avance del mar y la destrucción del paseo costero ha abierto un escenario donde se pone el énfasis en a quien le corresponde aportar los recursos para la reconstrucción de lo dañado.
Si bien es claro que obtener los medios económicos es clave para concretar la obra, en este caso no pareciera adecuado poner el énfasis en esa situación cuando no se tiene definido qué tipo de construcción es la que debe realizarse para evitar que futura crecidas generen los mismo daños.
Construir un paseo frente al mar no consiste en proyectar veredas, bancos, luminarias y miradores. El desafío es crear una infraestructura capaz de resistir crecidas, sudestadas, oleaje y erosión.
La primera decisión debe ser conocer el comportamiento del agua. Antes de definir alturas, materiales y trazados, es indispensable estudiar los niveles históricos de las mareas, las olas, las corrientes, las características del suelo y la evolución de la línea costera.
Uno de los riesgos es la socavación. El agua puede retirar arena y sedimentos de la base de una defensa y comprometer su estabilidad, incluso cuando el muro parece intacto. La protección del pie de las estructuras y los sistemas de drenaje son tan importantes como el hormigón o la roca.
En algunos casos pueden utilizarse escolleras que disipen la energía de las olas; en otros, muros de defensa, paseos elevados o espacios diseñados para admitir inundaciones temporales. Una defensa marítima resistente no evita que el paseo se inunde.
No toda la costa puede protegerse de la misma manera. Cada proyecto debe equilibrar seguridad, accesibilidad, paisaje, impacto ambiental y costos futuros. Una defensa mal resuelta puede trasladar la erosión hacia sectores vecinos.
Un paseo costero no es aquel que promete impedir cualquier avance del mar, sino el que reduce los riesgos, limita los daños y permite la recuperación.
Resuelta esta cuestión, decidida una obra que considere todas las variables, recién entonces será momento de evaluar costos y fuentes de financiamiento. Primero lo primero, siempre.