Club de Pesca y Náutica Puerto Galván, una pasión que navega desde 1947
La institución reúne generaciones de aficionados a la navegación, conserva la memoria de los históricos concursos en la isla Bermejo y mantiene sus puertas abiertas a la comunidad.
Subjefe de la Sección Deportes con especialización en temas deportivos. Más de 30 años comentando fútbol y otro tipo de actividades; además de haber realizado coberturas en todo el país con la incursión de los elencos bahienses en la elite del fútbol nacional. También coberturas del seleccionado Argentino en acontecimientos como Copa América y amistosos internacionales.
A orillas de la ría bahiense, donde las mareas marcan los tiempos y cada canal guarda sus propias historias, el Club de Pesca y Náutica Puerto Galván construyó una identidad que va mucho más allá de las embarcaciones.
Desde hace casi ocho décadas, la institución es punto de encuentro para quienes comparten la pasión por el agua, las salidas de pesca, la navegación y la vida social.
Sus orígenes se remontan al 23 de mayo de 1947, cuando nació bajo el nombre de Club de Pesca y Náutica Bahía Blanca. En los años 70 se fusionó con el Club Pueyrredón y adoptó una nueva denominación -Club de Pesca y Náutica Pueyrredón- y, más tarde, en 2002, en un contexto de crisis económica y diferencias sobre las necesidades de ambas entidades, se produjo la separación.
Los socios decidieron entonces recuperar una identidad propia, vinculada al lugar que los reúne, y así nació el nombre que mantiene hasta hoy, Club de Pesca y Náutica Puerto Galván.
Para entender el espíritu del club hay que mirar más allá del muelle, ya que la ría de Bahía Blanca ofrece una extensa red de canales que requiere experiencia y conocimiento de las mareas. Sin embargo, no todos los navegantes se animan a alejarse de los recorridos habituales.
"Hoy por hoy es el único club de Pesca de Bahía Blanca. También está el club Náutico, pero acá el 80 por ciento de nuestra actividad está centrada en la pesca", dijo el comodoro Ariel Pierucci.
“Hay gente de este club que conoce solamente el canal principal. Yo, en cambio, disfruto de recorrer distintos sectores de la ría, incluso aquellos que exigen mayor atención por la profundidad y los cambios que produce la bajamar. Navego por todos los canales habidos y por haber, y me encallo en todos los canales habidos y por haber (risas). Es la única forma de ir aprendiendo”, relató Pierucci, con humor, sobre una experiencia que resume buena parte de la filosofía del club y que es aprender navegando.
Los canales tienen características particulares y no siempre permiten el paso de cualquier embarcación en cualquier momento. Por eso, conocer las mareas y saber interpretar el entorno es fundamental para moverse con seguridad.
Con esa idea, la institución impulsa el curso de "Baqueano de la ría", una propuesta destinada a que los socios ganen confianza y conozcan sectores que muchas veces quedan fuera de sus recorridos habituales.
“Le pusimos 'baqueano de la ría' porque es salir a conocer. La actividad combina una charla teórica con dos o tres salidas por los canales interiores. Los recorridos pueden llegar hasta la desembocadura del Sauce Chico y, en dirección contraria, hasta la isla Bermejo", resumió Pierucci.
Durante las travesías, los participantes aprenden a reconocer los pasos, comprender los cambios de marea y familiarizarse con los nombres de los distintos canales. También descubren una fauna que para los navegantes habituales puede resultar cotidiana, pero que sorprende a quienes recién empiezan.
"Nosotros hemos navegado por todo los canales, los conocemos a casi todos. Hay todo tipo de canal y se diferencias por su anchura; el de Bahía Falsa es uno de los más anchos", remarcó, por su parte, Norberto Binaghi, tesorero del club.
“Hemos cruzado delfines, hemos visto de todo. Para nosotros por ahí es medio normal, pero a la gente le encanta eso”, aclaró.
Los recuerdos de un gran concurso
Entre las historias que más perduran en la memoria de los socios están los tradicionales concursos de pesca de tiburón que se realizaban en la isla Bermejo. Durante años, la excursión fue una cita esperada y no solo por la competencia, sino por todo lo que sucedía alrededor.
Los participantes partían en sus embarcaciones y permanecían varios días en la isla, donde armaban campamentos, compartían asados y disfrutaban de una experiencia colectiva que combinaba navegación, pesca y camaradería.
“La pesca del tiburón era la excusa. El verdadero atractivo estaba en salir a recorrer los canales, aprender a navegar y compartir tiempo con otros aficionados. La isla tenía, además, una particularidad, porque contaba con una vivienda y un cuidador vinculado a Coronel Rosales. La llegada de las embarcaciones y de los grupos de pescadores interrumpía la rutina de un lugar donde la soledad era parte de la vida cotidiana", apuntó Binaghi.
Los encuentros se extendían desde el jueves hasta el domingo, según la edición, y tenían su momento central el sábado por la noche, cuando el club organizaba un asado. El resto de las comidas y reuniones surgían espontáneamente entre los participantes.
"Con el tiempo, el concurso incorporó la modalidad de captura, marcado y devolución de los tiburones. La institución también colaboró con las universidades y organizaciones dedicadas a la conservación de estas especies. Pero las exigencias logísticas, las condiciones para permanecer en la isla y las dificultades para sostener la organización nos fueron complicando la continuidad del concurso", contó Binaghi.
"Cuando nos pidieron trasladar baños químicos y otros elementos difíciles de transportar en nuestras embarcaciones el atractivo se fue perdiendo. Y también cuando, a pesar de estar trabajando con dos universidades, comenzaron los cuestionamientos respecto de la conservación de la especie, en este caso el tiburón. Se marcaba la pieza y se la devolvía al agua; no había nada que la perjudicara, pero los cuestionamientos nos fueron limitando", aseveró.
Según estima Binaghi, las últimas ediciones se realizaron entre 2015 y 2016.
"En esas recorridas se aprovechaba para enseñarle a la gente a navegar por los canales. Muchos aprendieron el movimentos de las mareas y la forma de transportarse entre los canales. También el incentivo pasaba por ganarse una copa o un trofeo, uno más lindo que otro", resaltó.
La tradición no desapareció, sino que encontró otra forma de continuar. El club comenzó a organizar concursos anuales de pesca en un sector de la ría cercano a la institución, con una convocatoria que en las últimas ediciones superó las 120 personas.
Una competencia que moviliza
Los concursos actuales son una de las actividades más importantes del calendario institucional. Participan socios y pescadores de otros lugares, muchos de los cuales llegan atraídos por la competencia y por la posibilidad de compartir una jornada al aire libre.
"La organización implica mucho más que definir una cancha de pesca y entregar premios. Hay que coordinar las inscripciones, disponer de embarcaciones, organizar las salidas y preparar la comida para los participantes. Hay que laburar un montón acá”, amplió Binaghi, al recordar el esfuerzo que demanda atender a una convocatoria numerosa.
"En una de las jornadas, la preparación de alimentos llegó a requerir más de 300 patas y muslos de pollo, que fue lo que se preparó en el último concurso, el más reciente que se hizo en septiembre y del que participaron gran cantidad de pescadores. Antes los hacíamos en julio, pero nos tocaban unas heladas impresionantes, con 13 grados bajo cero. Entonces decidimos correr la fecha para septiembre", dijo.
Los socios colaboran con sus propias lanchas para facilitar el traslado de participantes que no tienen embarcación. De esa manera, la competencia se convierte también en una oportunidad para que más personas conozcan la ría y se acerquen a la actividad.
Los premios económicos de las últimas ediciones despertaron un interés adicional, aunque detrás de cada concurso hay un objetivo que va más allá de la competencia, que es reunir a la comunidad y generar recursos para sostener la institución.
“Lo que sobra en la inscripción se invierte en el club. Ese dinero ayuda a afrontar reparaciones y gastos de mantenimiento que, por las características del lugar, son constantes", aseveró Binaghi.
El desafío cotidiano de mantenerse a flote
Estar junto al puerto tiene un atractivo indudable para los amantes de la náutica, pero también supone convivir con el deterioro que producen el agua, la humedad y la corrosión.
Las crecidas pueden afectar las instalaciones y obligar a reparar equipos, estructuras y espacios comunes. En una de las últimas, el agua llegó a ingresar entre 50 y 60 centímetros en algunos sectores y mojó heladeras y otros elementos en el sector de los quinchos, uno de los sitios más concurridos.
“Acá el agua constantemente destroza parte del club. Entre las tareas de mantenimiento hemos realizados reparaciones de los hangares, de las estructuras metálicas y del funcionamiento de la planchada, donde suben y bajas embarcaciones de acuerdo con el nivel del agua", aseguró.
“Al lado del puerto, constantemente tenés que estar haciendo algún tipo de reparación, porque lo que es metal se corroe todo. Son trabajos que muchas veces pasan inadvertidos para quienes visitan el club durante un concurso o una reunión familiar, pero que resultan esenciales para sostener las actividades", aseveró.
La formación es otro de los pilares de la institución de Puerto Galván. Se dictan cursos de conductor náutico, timonel y patrón, con clases teóricas y prácticas de navegación.
"Las habilitaciones establecen distintos alcances según la categoría y las condiciones en las que se puede navegar. También hay diferencias entre las modalidades de motor y vela, y las posibilidades de alejarse de la costa dependen de la preparación y de la habilitación correspondiente", señaló Pierucci.
Los cursos suelen incluir unas seis clases teóricas y varias salidas prácticas. La duración total depende de la experiencia previa de cada participante y de su proceso de aprendizaje.
"Hay quienes llegan con embarcación propia y otros que se acercan por primera vez al mundo náutico, atraídos por la curiosidad de conocer cómo es manejar una lancha. Y también hay gente que viene sin tener la lancha, pero quieren saber cómo es estar arriba de una”, dijo el comodoro.
"La idea es que la formación no termine cuando se obtiene una habilitación, sino que continúe con el conocimiento del entorno. Por eso, el curso de baqueano de la ría complementa la preparación técnica con la experiencia concreta de navegar los canales", apuntó.
Un club abierto a la comunidad
La actividad del Club de Pesca y Náutica Puerto Galván no se limita a la pesca ni a las embarcaciones; sus instalaciones también funcionan como punto de encuentro para familias y grupos de amigos.
El predio cuenta con quinchos, fogones, parrillas, heladeras y una pileta que convoca a numerosos socios y no socios durante el verano. Algunos se acercan principalmente por la náutica; otros encuentran en el lugar un espacio de recreación para pasar el día, organizar cumpleaños o compartir un asado.
“Tenemos mucha gente que viene solamente por la pileta; paga todo el año para venir por la pileta”, puntualizó Binaghi, remarcando que la cuota es de un valor muy accesible.
La institución tiene entre 200 y 230 socios, según las categorías. Además de los asociados individuales, ofrece una modalidad familiar que facilita la participación conjunta de adultos y menores.
"El club también mantiene vínculos con otras entidades relacionadas con la náutica, el buceo y el kayak. A través de actividades conjuntas y jornadas de puertas abiertas, busca acercar estas propuestas a vecinos que todavía no participan de ellas. La colaboración con otras organizaciones forma parte de nuestra vocación comunitaria. Durante la pandemia, uno de los hangares fue utilizado para instalar un dispositivo sanitario de confinamiento impulsado por el Consorcio de Gestión del Puertode Bahía Blanca. El club puso a disposición espacios y servicios, como los baños y la cocina, en un momento en que sus propias actividades estaban suspendidas", remarcó Binaghi.
"Fue una experiencia diferente, pero coherente con una forma de entender la institución; acá siempre están abiertas las instalaciones cuando la comunidad las necesita", resaltó.
Una historia que sigue navegando
Los dirigentes también recuerdan épocas en las que el club llegó a superar los 5.000 socios. En aquellos años, el tren de la marea facilitaba la llegada de visitantes y el lugar formaba parte de la vida cultural y recreativa de Bahía Blanca. Incluso se recuerda la presencia de músicos y referentes culturales que pasaban allí los veranos.
"Este presente es diferente, con otros hábitos y desafíos económicos, pero la institución conserva su identidad. Los concursos siguen convocando pescadores, los cursos nos acercan nuevos navegantes y los espacios recreativos mantienen vivo el encuentro de las familias de pescadores. Sabemos que cuesta trasladarse hasta este lugar, pero sin dudas es el contacto directo con la ría, con la pesca y las actividades deportivas. Cruzar el canal, ver desde el otro lado ya es algo diferente. El que se anima se enamora y vuelve una y otra vez", señaló Pierucci.
A casi 80 años de su fundación, el Club de Pesca y Náutica Puerto Galván continúa ligado a la ría y a sus particularidades. Y como dejan entrever las historias de Binaghi y Pierucci, la pasión por el agua es apenas una parte de lo que mantiene viva a la institución. La otra está en el trabajo compartido, las anécdotas que cuentan los socios y las ganas de seguir encontrándose en un lugar que, desde 1947, forma parte de la historia whitense.