Bahía Blanca | Domingo, 18 de enero

Bahía Blanca | Domingo, 18 de enero

Bahía Blanca | Domingo, 18 de enero

La última Mamushka: suspenso, intriga y política en una historia que atrapa y conmueve

Primera novela de Vilma Ibarra, la autora recorre una trapa policial donde la política, el pasado y el periodismo se entrecruzan una y otra vez.

Vilma Ibarra tenía con la literatura, y con ella misma, una deuda pendiente: escribir una novela policial. A sus 65 años de edad, con una extensa carrera como abogada y procuradora y una variada actuación en la política (fue diputada y senadora por CABA, diputada nacional y secretaría Legal y Técnica de la Nación del presidente Alberto Fernández) finalmente hizo realidad ese deseo con la publicación de La última Mamushka (Editorial Planeta), una historia policial donde se mezclan además la política y el periodismo.

“Elegí ese título porque los hechos se suceden y se van encastrando uno adentro de otro, como en el juego de las muñecas rusas. Cada acción, cada hallazgo, abre nuevos enigmas, como las mamushkas que se abren y aparece otra más pequeña. La última es la única que no se puede abrir, como si ya no se pudieran develar más secretos”, explica la autora a este diario.

Vilma Ibarra

En entrevista exclusiva con La Nueva. brinda detalles de un libro que aporta suspenso e intriga y permite repasar distintos episodios y períodos de nuestra historia.

¿En qué genero se encuadra La última Mamushka?

Es una novela policial, que permite entretenimiento, con una lectura atrapante por el suspenso y que también da lugar a la caracterización de los personajes en sus vínculos personales y sociales en un determinado tiempo histórico. En este caso con el trasfondo político de la Argentina, el cual incide en sus conductas y permite pincelar sus personalidades.

Es ficción, pero ¿hay una voluntad de hacer una historia creíble en relación directa con nuestra historia?

Es  necesario que la ficción sea creíble. Ningún personaje de la novela está inspirado en una persona real de nuestra vida política pero puede sentirse que podrían existir en nuestra realidad. Los sucesos inciden en los hechos y en los personajes vinculados a la vida política, al periodismo y a la justicia.

La historia se centra en 1996 pero también se ambienta en los 70. ¿Qué relaciona ambas épocas y como fue moverse en tiempos tan diferentes?

En la novela se entrecruzan historias. Dos de ellas vienen de tiempos pasados y nos permiten ir conociendo secretos familiares de los personajes, sus relaciones y su devenir. La ambientación de cada época es clave. Los protagonistas interactúan en 1996, que es cuando se desarrolla la trama y la narración se vuelve vertiginosa, día a día.  Fue un gran desafío escribir una novela no lineal, que recorre tiempos distintos. Fue necesario investigar, ambientar y respetar los imperativos culturales de cada época.

Enriquecer la ficción

Vilma Ibarra participó en el poder judicial, legislativo y ejecutivo y en el campo privado. Eso le permitió recrear ámbitos, costumbres y relaciones que en la novela son muy próximos a su funcionamiento real.

“Mi vida personal incluyó experiencias en los tres poderes del Estado, actividad profesional independiente y en el ámbito empresarial. Eso me permitió recoger experiencias y conocimientos de escenarios y personas y me ayudó a enriquecer la ficción”, indica.

También hace referencia a los escenarios donde transcurre la novela, lugares icónicos de la ciudad de Buenos Aires, de la zona de Pilar y de Necochea, relevante para el desarrollo de la historia.

Gran lectora desde niña, Ibarra reconoce que, dentro de la ficción, la novela policial negra siempre la atrapó y escribir en ese género era un sueño postergado.

“Me gusta el suspenso, el desafío de desarrollar una trama creíble donde el lector se sienta parte, que escuche los ruidos, perciba los aromas, sienta la inquietud del protagonista y sufra, dude o se indigne en igual medida. Las relaciones humanas, con toda su amplitud, se desarrollan en el texto con la densidad que permite sentir lo que siente el personaje”.

A eso sumó un desafío adicional, el hacer confluir historias de distintas épocas, con muchos personajes, todos delineados para que el lector «sienta», se lo imaginen y lo vaya acompañando.

“Inicié la escritura de La última Mamushka a fines de 2018, a partir de 2020 la interrumpí hasta 2023, cuando la retomé. Trabajé mucho en los personajes y en la ambientación y luego hice un intenso trabajo de corrección. Lograr una novela dinámica, atrapante y con personajes bien delineados fue un objetivo ambicioso, al que le dediqué tiempo y esfuerzo”.

A la hora de señalar autores que han sido parte de su vida, señala, dentro de la novela negra, a Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Vázquez Montalbán, Rodolfo Walsh, Jo Nesbo, Henning Mankel, Karin Fossum, Asa Larsson y Pierre Lemaitre.

“En ficción no policial destaco Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar; El Lector, de Bernhard Schlink, El corazón helado, de Almudena Grandes, Los perros y los lobos de Irene Nemirovsky; Catedrales, de Claudia Piñeiro y La noche del oráculo de Paul Auster. En no ficción, Adam Hoschild, Philippe Sands, Ryszard Kapuscinski y Svetlana Alexievich y me pareció excelente La Voluntad de Caparros y Anguita y la novela de Gerardo Bartolomé, la Traición de Darwin.

Menciona por último su predilección por el papel a la hora de leer, aunque reconoce que todos los medios son valiosos.

“Cada persona tiene que encontrar su forma de conectarse con una novela o con un ensayo. Lo importante es disfrutar de la lectura porque es una forma de descubrir y construir nuevos mundos y de comprender lo diversas que somos las personas”.

Con su libro en las librerías, la autora espera que quienes lo leyeron lo recomienden y que además le hagan saber su parecer sobre la obra escribiendo a [email protected]  

Una mirada política: “Alberto Fernández hizo cosas buenas, MIlei vino a destruir el Estado”

Vilma Ibarra ha sido parte de una etapa compleja del país como secretaria Legal y técnica durante la presidencia de Alberto Fernández.

Sobre ese período menciona que el Frente de Todos generó grandes expectativas, pero que terminó en una situación difícil y con la mayoría de las personas desilusionadas.

Vila Ibarra durante la jura de Alberto Fernánedz

“Creo que llegó al gobierno sin un plan, ni económico ni de gobierno. Ese fue un déficit serio. A eso se sumó la pandemia, situación que se manejó con muchos aciertos y con algunos desaciertos. La fiesta de Olivos opacó una campaña de vacunación impecable --gratuita, para todo el país, en tiempo récord--, y la rápida asistencia económica que se brindó. Pero su impacto en la economía y en el malestar de la población fue determinante”, detalla.

Menciona además que la crisis interna de la Coalición significó “un desmanejo político negativo”.

“Hubo internas difíciles de soportar por una sociedad lastimada. La vicepresidenta (por Cristina Fernández), líder de la coalición, y el presidente propuesto por ella, rompieron el diálogo y no lograron acuerdos mínimos para mejorar la situación. A eso se sumó la inflación y el deterioro de la imagen presidencial”.

A pesar de todo, Ibarra reconoce que hubo logros que han quedado opacados.

“La legalización del aborto, el gasoducto Néstor Kirchner, la baja del desempleo, el récord de construcción de obra pública y los remedios gratis a los jubilados fueron puntos favorables”.

Consultada sobre el actual gobierno de Javier Milei, no dudó en señalar que lo lidera una persona que “está destruyendo todo”.

“Está afectando el desarrollo de la ciencia y la tecnología, desfinanciando las universidades, la salud y la educación. En términos económicos hay un control aceptable de la inflación, que la sociedad valora, pero que convive con una marcada caída del consumo, el endeudamiento de las familias y la caída del poder adquisitivo. Es además un presidente que promueve la violencia, el insulto, la intolerancia y que es irrespetuoso de las leyes y de la Constitución Nacional”.

Vendedora de huevos en la avenida Alem

La familia Ibarra vivió en Bahía Blanca durante 1964 y 1965, cuando el padre de Vilma y Aníbal (quien fuera dos veces electo Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) fue trasladado a nuestra ciudad por razones laborales.

Esos dos años ocuparon una vivienda muy particular: la denominada Casa Pillado, en avenida Alem y 19 de Mayo, ejemplo emblemático de la arquitectura moderna de nuestro país, obra del arquitecto Wladimiro Acosta.

“Yo tenía cuatro y cinco años. Vivíamos en esa casa, amplia, con jardín, teníamos un perro que se llamaba Bobby y un gallinero de gallinas pigmeas. Íbamos a Monte Hermoso y, en mis recuerdos, Bahía Blanca es un lugar donde viví muy buenos momentos. Mi hermano menor, Rubén, nació en esa ciudad”, detalla.                                                                                                                                          

Al ver una foto actual de la casa, sus recuerdos se vuelven más precisos y coloridos. 

Avenida Alem y 19 de Mayo, durante dos años vivienda de la familia Ibarra

“Delante de la puerta que se ve detrás del semáforo armamos un puestito casero para vender los huevos de las gallinas a los vecinos. El gallinero estaba en el jardín que se ve alambrado. Allí había un árbol importante, al que solíamos treparnos. En la novela, seguramente alentada por ese recuerdo, hay un perro Bobby que tiene un rol importante”.

En 2007, siendo diputada nacional, Vilma participó en la redacción de la Ley del Matrimonio Igualitario y se encargó de darle estado parlamentario. Dicha ley fue sancionada y promulgada en 2010. Su disposición hacia la igualdad de género fue parte de su vida y tuvo un primer disparador precisamente en nuestra ciudad.

“Yo jugaba a la pelota con mis hermanos en el jardín de la casa en Bahía Blanca. El Día del Niño de 1965 a mis hermanos mi papá les regaló un equipo de fútbol y una pelota a cada uno, mientras que a mí me dieron una muñeca. Yo me puse a llorar terriblemente, de manera tan bestial que mi papá fue a tocarle el timbre al que vendía los artículos deportivos para que me dieran una camiseta. Hoy lo pienso y creo que no fue tanto por el fútbol, sino por sentir un trato desigual: que a mí me reservaban otras cosas por ser mujer”.