Bahía Blanca | Miércoles, 29 de noviembre

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Violencia de género: entre el cúmulo de causas y las dificultades de la víctima

En el Departamento Judicial Bahía Blanca se ponen en marcha un promedio de 14 investigaciones por día. El contexto económico agrava los padecimientos.

Fotos: Archivo LN.

Hace una semana un hombre fue detenido por la Policía, acusado de encerrar a su expareja en el baño de su casa. 

Un jefe policial dijo que la mujer había realizado denuncias anteriormente y que seguía compartiendo el techo con el acusado porque no tenía medios económicos para irse.

La situación refleja dos cuestiones acerca de una misma problemática: por un lado la gran cantidad de hechos de este tipo que a diario pone en marcha la Justicia bahiense y, por otro, la cuestión económica como factor generador de violencia hacia la mujer.

Según estadísticas oficiales del Ministerio Público, durante 2023 las tres fiscalías especializadas iniciaron 4.678 causas en el Departamento Judicial Bahía Blanca (incluye Tres Arroyos) por violencia familiar y de género.

La cifra determina un promedio de 14 causas por día.

Estos números permanecen constantes en los últimos años, ya que en 2022 se llevaron adelante 5.146 causas y 4.971, en 2021.

El fiscal Diego Torres, a cargo de la UFIJ Nº 4, dijo que el trabajo es muy arduo y que esas investigaciones se suman a las que también desarrollan por delitos sexuales.

Describió también que llevan adelante la tarea con “un sistema de conexidades” que se pone en marcha cuando un sujeto está vinculado a varias denuncias, por lo que se acumulan y son llevadas adelante por “un mismo fiscal y un mismo juez”.

“Es un procedimiento de competencia interna para que la problemática sea abordada de manera integral. Esa conexidad cesa cuando las actuaciones se elevan a juicio”, aclaró.

También informó que a partir de una resolución de la Suprema Corte de Justicia bonaerense, ante una denuncia por violencia de género los jueces de Garantías “deben resolver medidas cautelares dentro de las 24horas y luego se da intervencion a la Justicia de Familia”.

El fiscal admitió que la cuestión económica, especialmente en contextos de crisis como el actual, tiene un fuerte impacto en las víctimas.

“Muchas veces están en la encrucijada de sostener los hechos y el desamparo económico porque el imputado es único sostén del grupo familiar”, explicó.

Dijo que ante una situación de este tipo, desde la fiscalía confeccionan un oficio con los datos de la damnificada para ponerla en contacto con el Ministerio de la Mujer y que pueda recibir ayuda, ya sea psicológica o económica.

Protección en juicio

Torres describió que hay mujeres que pueden denunciar los hechos de manera inmediata, mientras que otras “necesitan su tiempo para develar las situaciones de violencia y llevar adelante el proceso psicológico para tomar coraje y enfrentar la situación”.

Y en este sentido resaltó que, frente a una inquietud recurrente por parte de las denunciantes, la Ley de Víctimas provincial garantiza que la mujer puede declarar en el juicio sin la presencia del imputado.

También refirió que “es muy interesante poner el foco en lo que significa para la víctima la instancia del debate. Ser escuchadas por el juez es muy simbólico y representativo. Es alguien que tiene poder decisión y las puede escuchar sobre lo que sufrieron”.

Diferencias que duelen

“Existe un fenómeno llamado feminización de la pobreza. Comparando los estándares, las mujeres somos mucho más pobres que los varones”, sostuvo Silvia Scheider, psicóloga capacitadora en Ley Micaela sobre Género y Violencia de Género en la UNS.

La profesional señaló que existe una brecha salarial, ya que “no solo que las mujeres solemos ganar menos que los varones por igual tarea, sino que además accedemos a las posiciones menos calificadas”.

Explicó que muchas mujeres asumen “cuidados familiares” que les dificultan el desarrollo profesional o el acceso laboral.

También dijo que en otras ocasiones “reciben violencia simplemente por el hecho de ser mujer. Generalmente el varón violento no le permite ir a trabajar, porque es una manera de tenerla cercada. Hay que analizar los dos fenómenos”.

Scheider también señaló que para la víctima resulta “muy difícil zafar”.

“A la mujer le cuesta reconocer la violencia cuando no es solo física. Hay un tipo de violencia como descalificaciones, humillaciones o restar apoyo económico. Son tipos de situaciones que en general nos las perciben como violentas”.

De la misma forma indicó que “la principal violencia económica que sufren las mujeres es con el no pago de la obligación alimentaria por parte de los varones. Es una violencia económica y patrimonial”.

Acompañamiento

“Hay programas sociales que colaboran, pero sabemos que son insuficientes. Es farragoso hacer lo que llamamos ‘la ruta crítica de las víctimas de violencia de género’. Es decir, ir a la comisaría, a la fiscalía, denunciar la situación”.

Destacó además que para esto la Ley 26.485, en el artículo 25, “habilita que la víctima sea acompañada en todo momento (denuncia, pericias, testimonio) por la persona que ella designe. Es algo innovador en nuestra legislación, porque generalmente la mujer está aturdida, angustiada, con miedo, paralizada, entonces tener un acompañante es valioso y poca gente conoce eso”.

“Es importante que existan agrupaciones de mujeres que acompañen a las víctimas en estas cuestiones y las sostengan emocionalmente”, agregó.

Dispositivos

La profesional valoró el trabajo que se puede llevar adelante con el sujeto violento.

“Hay que insistir con un enfoque psicoeducativo y cognitivo para modificar la conducta. Hay que apostar a la psicoeducación y a la reeducación emocional y cognitiva de esos varones”.

“Lamentablemente vemos que no hay presupuesto suficiente para las víctimas, para acercarles una ayuda económica, por lo que es mucho más difícil conseguir presupuesto para trabajar en el victimario”.

También sostuvo que “al violento la cárcel no le va a servir, porque es un espacio superpoblado e hiperviolento, donde no se soluciona esta cuestión”.

“Se debe apostar a la creación de dispositivos donde tengan como referente a un coordinador varón que les muestre otro modelo de masculinidad”.

De la misma forma, valorizó la ESI como herramienta para trabajar contra esta problemática.

Condicionante

Corina Fernández es una sobreviviente. Hace 21 años su expareja intentó asesinarla de tres disparos frente a una escuela del barrio de Palermo.

Se convirtió en una referente de la problemática y preside la fundación “Hay una salida”.

“La dependencia económica es una de las principales condicionantes por las que las víctimas no puedan salir de ese círculo en el que se encuentran inmersas. No es nuevo, existe desde siempre, pero ahora se visualiza más”, indicó.

También consignó situaciones como “una familia ausente o baja estima en la mujer que está transitando esa violencia”.

Indicó que se debe buscar ayuda en el entorno cercano y también analizar los pasos a seguir cuando se realiza la denuncia. 

“Deben acercarse a la Comisaría de la Mujer y a las asociaciones civiles que trabajen en la temática para un asesoramiento emocional y legal”.

“En esos momentos la mujer está sola, perdida y agotada, necesita contención para decidir”.

Fernández comentó que “nos está llamando la atención a quienes nos dedicamos a esto que se empiezan a ver femicidios a la edad de 13 años, cosas que antes no pasaban. Las víctimas son cada vez más jóvenes”.