Bahía Blanca | Domingo, 03 de marzo

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El problema de repetir una y mil veces

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Se escucha con frecuencia: “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” y según Lacan “El inconsciente no resiste, el inconsciente repite, el inconsciente gira como un mensaje en una calculadora, no deja de girar y dice, además, siempre la misma cosa”. 

Repetir un patrón o una conducta es inherente a la persona, lo que implica tener que repetir algunas preguntas:

¿Por qué repetimos aquello que sabemos que no es bueno, que daña, que no permite crecer, que lastima, que…? La lista es interminable…

Si de girar se trata, el ser humano es especialista, pues se gira siempre alrededor de los mismos temas, de las mismas situaciones, de las mismas soluciones, de las mismas parejas, de los mismos errores, de las mismas… podríamos seguir repitiendo… algo así como el síndrome del trompo o también el de la ratita que gira y gira en la rueda y es solo eso… girar

Sin embargo, eso que se repite o aquello que repetimos es sin dudas un gran interrogante al que hay que abordar y dar respuesta pues de lo contrario, mis queridos/as lectores/as ¿adivinen qué pasará? pues se continuará repitiendo.

No hay que desesperar ya que la repetición es algo así como una llave maestra que permite adentrarnos en nuestras profundidades, el camino es ver qué repetimos, por qué y especialmente cómo salir de ese laberinto. Platón, Nietzsche y Kierkegaard mencionaron esta cuestión de la repetición, pero es Freud quien comienza a abordarla y esbozar las primeras explicaciones desde la Psicología.

Hagamos un ejercicio: ¿qué es lo que repetís? Pensalo… 

Generalmente no siempre repetimos aquello que nos proporciona placer o felicidad, sino que también repetimos aquello que lejos está de un estado de bienestar, es decir hay una insistencia en aquello que sabemos que nos hace mal, daña o no es positivo, y es más, hasta se intenta evitar, pero terminamos repitiendo.

El trabajo terapéutico es fundamental para detener esta rueda. Freud fundamenta que más allá de la búsqueda de lo placentero repetimos algo negativo porque esa acción tiene algún beneficio seguramente inconsciente.

El ser humano es un ser de contradicciones, siempre hay fuerzas opuestas que entran en pugnan: a veces lo que nos gusta sabemos que no será bueno, o conservamos aquello que no deseamos plenamente y es más, hasta puede ser que una situación genere dolor y placer al mismo tiempo.

Indagar, pensar, analizar, tal vez no traiga la solución en un primer momento, pero al menos nos permite entender de dónde proviene ese deseo, por qué se reitera y especialmente para qué y, hasta en caso de no existir solución o respuesta, al menos, poder aceptar y sobrellevar.

Freud fue muy claro en su explicación. Para el padre del Psicoanálisis va más allá de desear algo que nos hará daño o repetir un sufrimiento que encierra un cierto placer, sino que es una forma de recordar algo reprimido u olvidado, entonces no deviene en recuerdo sino en acto, se repite en conductas y lo denominó “compulsión a la repetición”.

Generar interrogantes es la forma de poner pausa y comenzar a desandar el camino de la repetición y vale tener presente en estos tiempos, que también la repetición puede ser una repetición colectiva.