Bahía Blanca | Sabado, 02 de marzo

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Cada año se diagnostican unos mil casos de leucemia linfocítica crónica

Este tipo específico representa un 30% de los diagnósticos totales de leucemia en Argentina, de acuerdo a datos oficiales del Instituto Nacional del Cáncer.

Cuando se desarrolla una leucemia, la médula ósea produce glóbulos blancos anormales que pasan a las células sanguíneas normales.

Más de 1.000 casos de leucemia linfocítica crónica -la variante de esta enfermedad más frecuente en adultos- se diagnostican cada año en la Argentina, un diagnóstico al que “la mayoría llega de manera fortuita”, según la organización Alma de pacientes y familiares de pacientes que pide “no desatender eventuales síntomas y realizar a tiempo una consulta médica”.

Este tipo específico “representa un 30% de los diagnósticos totales de leucemia que en nuestro país -de acuerdo con datos del Instituto Nacional del Cáncer- se calcula que rondan los 3.200”, y “más de 1.000 serían de LLC”.

“Los hombres mayores de 50 son diagnosticados con el doble de frecuencia que las mujeres, aunque puede afectar en cualquier edad, y más del 60% no tiene síntomas al momento del diagnóstico”, dijeron.

El director ejecutivo de ALMA explicó que “cada leucemia es diferente, pero su denominador común es la importancia de no dejarse estar ante la aparición de signos y síntomas que llamen la atención. Ante la duda, lo mejor es consultar con un médico y que el profesional de la salud determine la necesidad de realizar los estudios correspondientes”.

Cuando se desarrolla una leucemia, la médula ósea produce glóbulos blancos anormales que van desplazando a las células sanguíneas normales, existiendo algunas manifestaciones inespecíficas que pueden orientar la sospecha de un cuadro de LLC: ganglios aumentados de tamaño en cuello, axila, estómago o ingle; hematomas y sangrados sin causa aparente; sudoración nocturna; fiebre que no baja; fatiga; infecciones frecuentes; pérdida de peso involuntaria o dolor debajo de las costillas por inflamación del bazo.

“Muy probablemente una leucemia no sea la causa de estos signos y síntomas que puede experimentar una persona; sin embargo, es precisamente por esta razón que estas enfermedades pueden ser difíciles de detectar”, sostuvo la jefa de hematología del Instituto de Oncología Ángel Roffo, Silvana Cugliari.

El diagnóstico se alcanza por un análisis de sangre y suele resultar un hallazgo inesperado durante estudios de rutina o por otras causas, a partir de la detección de la presencia de células leucémicas o niveles anormales de glóbulos rojos, blancos o plaquetas. Para obtener un diagnóstico definitivo se puede solicitar una biopsia de médula ósea, además de pruebas genéticas y moleculares.

La LLC no tiene cura, pero el tratamiento actual ayuda a controlar la enfermedad durante largos periodos de tiempo.

La enfermedad suele desarrollarse lentamente y la mayoría de los pacientes tienen un período de ‘espera en observación’ o ‘vigilancia activa’, durante el cual no requiere tratamiento, pero se verifica que la enfermedad no progrese.

Alrededor del 30% no necesitará tratamiento y el resto lo iniciará en algún momento, ya sea tras el diagnóstico o cuando el médico lo determine a partir del seguimiento de su evolución.

Cugliari aclaró que esta es una enfermedad heterogénea, “con resultados individuales influidos por factores como edad, sexo, genética, origen étnico, comorbilidades, tipo de tratamiento y complicaciones”.

En líneas generales se aborda con alguna de las siguientes estrategias: espera en observación, inmunoquimioterapia y terapias dirigidas.

Avances en los tratamientos

   1. Los avances terapéuticos de los últimos 10 años relegaron la quimioterapia a indicaciones o casos específicos de la mano de las terapias dirigidas.

   2. Están diseñadas para atacar un blanco específico causando menos daño a las células sanas y menos efectos secundarios que otros tratamientos.

   3. Además, estas terapias han incrementado significativamente la esperanza de vida en los pacientes con Leucemia Linfocítica Crónica.

   4. El último de los avances, cuya indicación acaba de ser aprobada en Brasil y Europa, consiste en un tratamiento oral no quimioterápico.