Bahía Blanca | Miércoles, 29 de junio

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Voluntariado de Bahía Blanca: una misión que va más allá de la nutrición

Se trata de un grupo de profesionales de la alimentación que asisten a grupos vulnerables en comedores y merenderos. La ONG nació en pandemia y es la única que se sostiene en el territorio bonaerense.

Sofía Cudina (izq.). Milva Bahntje y Mariela Storniolo, algunas de las referentes de la ONG. / Fotos: Pablo Presti-La Nueva. / IG: @voluntariadobb

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

   Otros objetivos y diferentes acciones. Es la reconversión del Voluntariado de Nutricionistas de Bahía Blanca, el mismo que se conformó a poco del inicio de la pandemia por el COVID-19.

   “Hoy apuntamos a tener una intervención en los distintos espacios donde nos necesiten, pero en un sentido más técnico desde nuestra profesión, que es la nutrición. Y para eso pretendemos trabajar en red”, dijo la Lic. Mariela Storniolo, una de las integrantes de la agrupación.

   “Estamos en la etapa de amadrinar distintos comedores y merenderos. Nos contactamos con los responsables de los distintos lugares y, a partir de entonces, vemos cuáles son las necesidades. Incluso, si requieren alguna donación hasta podemos gestionarla”, amplió.

Lic. Mariela Storniolo, una de las integrantes de la agrupación.

   “Lo que buscamos también, claro, es hacer un asesoramiento nutricional en cada uno de esos lugares”, sostuvo —por su parte— la Lic. Milva Bahntje, también de la ONG.

   “Si necesitan un curso de manipulación, o talleres de lavado de manos o de cocina, ahí estaremos. De hecho, ya realizamos varias acciones de esas características”, añadió.

   “¿Las necesidades? No son pocas. No es sólo hacer asistencialismo, sino que pretendemos que haya información nutricional para que se pueda comer mejor y aprovechar, de una forma más adecuada, los alimentos que se proveen en los bolsones”, explicó.

   “Es ir a la faz informativa, pero articulando desde los distintos sitios para que el alimento llegue a quien lo necesita”, dijo.

Charla en el Centro Comunitario San Ignacio de Loyola.

   “No es lo que nos hubiéramos planteado desde el principio, porque para eso existen organismos específicos, pero en este momento hay más necesidades y al final terminamos cubriendo este aspecto”, agregó Storniolo, en diálogo con La Nueva.

   ¿Cómo se trabaja? Una madrina, o un padrino, está en contacto en contacto con el comedor o el merendero. El encargado le avisa de las necesidades al nutricionista que, luego, las comparte en el grupo y finalmente se analiza cómo se las satisface.

   “En algunos comedores veíamos, por ejemplo, algo a nivel bromatológico que se podría evitar si se tuviesen determinados elementos para cocinar. O cómo no mezclar carne cruda. Y accionamos en función de eso”, aseguró Bahntje.

“La idea es hacer la red y los contactos que faciliten la llegada de alimentos a la gente”, dijo Storniolo.

   Para las charlas en los merenderos y en los comedores se contó con la coordinación de la Lic. Sofía Cudina, quien se contactó con el Banco de Alimentos para articular las provisiones.

   “En las charlas llegamos con toda la información, desde prevenir enfermedades hasta precisar cuándo se manipula el alimento crudo o cocido”, agregó.

   “Con la gente del Banco de Alimentos hicimos un ciclo de tres charlas. Fueron muy enriquecedoras”, añadió Cudina.

   “Se pudieron evacuar las dudas que la gente llevó al primer encuentro. Se hizo la intervención y cuando se llegaba a la tercera charla ya se había puesto en práctica”, expresó.

   “Por ejemplo, saber que en un comedor ya pueden resolver cómo darles la leche a los chicos con una menor cantidad de azúcar es un cambio relevante”, admitió.

La elaboración, y provisión, de plantines es una de las tareas que también se realiza desde la ONG. 

   Desde el voluntariado también surgieron recetas —al menos tres— a partir de los productos que se entregan en el bolsón solidario. El fin es alcanzar una elaboración más saludable.

   “Muchas veces de la harina sale un torta frita, pero se pueden buscar otras alternativas con mayor valor nutricional”, dijo Storniolo.

   Durante el relevamiento realizado por el plan Detectar, en plena pandemia, se precisaron espacios de tierra para la instalación de huertas.

Elaboración de alimentos en los merenderos.

   “Con un programa del INTA hicimos subdivisión de semillas y, en nuestras casas, plantines para verduras. Y luego los repartimos”, comentó Bahntje.

   “Incluso, instalamos algunas huertas en los comedores. La idea es generar la manera para que las personas puedan producir, cuidar esa planta y desde ahí logren alimentarse. Y, en la medida de que lo puedan replicar, hasta se podría vender”, añadió.

   Dependiendo la época del año, se aportaron desarrollos de zapallo, ajíes, tomate, lechuga, pimiento, calahorra, acelga, rúcula, espinaca, rabanitos y hasta alguna flor como repelente de insectos.

   Las semillas, que aporta el INTA en forma gratuita, corresponden al programa Plantineros Solidarios.

Durante el plan Detectar el voluntariado pudo relevar cuáles eran las necesidades nutricionales en la ciudad.

   A los efectos de lograr una mayor eficiencia y practicidad, el nuevo trabajo del voluntariado —que es ad honorem— está organizado por comisiones que precisan los roles.

   “También les damos espacio a las redes sociales para comunicar lo que hacemos, cómo lo hacemos y dónde lo hacemos”, dijo Cudina.

   “¿De qué manera se puede colaborar? El contacto es nuestro Instagram (NdR: @voluntariadobb) y desde allí se pueden coordinar los aportes”, agregó.

   “A veces necesitamos colaboración para hacer una huerta o, si es por una donación, vemos que pueda llegar al mayor número de merenderos en los cuales estamos involucrados”, indicó.

La Lic. Sofía Cudina forma parte del voluntariado.

   Además del aporte en el plan Detectar, el voluntariado trabajó durante el temporal desatado en nuestra ciudad el último 24 de marzo.

   “Juntamos alimentos no perecederos y abrigos. La UCALP (Universidad Católica de La Plata, en Brown 474), desde donde muchas de las integrantes egresamos, nos presta las instalaciones para reunir los donaciones”, dijo Storniolo.

   “También ayudamos a repartir los bolsones en las escuelas. Como estaban cerradas (por la pandemia), se entregaban directamente con los demás alimentos. Y de paso aportábamos algunos consejos para contribuir a mejorar la salud de la gente”, comentó Bahntje.

Desde la ONG también se han lanzado campañas de juguetes para el día del niño.

   El Colegio de Nutrición de la Provincia de Buenos Aires ayuda al voluntariado bahiense con la elaboración de banners y demás.

   En 2020, los integrantes de la ONG eran 19.

   “Con el tiempo ese número se fue modificando, ya que no todos tuvieron tiempo para continuar y debieron irse, pero al mismo tiempo se incorporaron otros. Ahora somos alrededor de 15 personas”, precisó Storniolo.

En el merendero Mis niños felices.

   De aquel inicio de las agrupaciones voluntarias de nutricionistas, que comenzó en pandemia en sitios relevantes de la provincia de Buenos Aires, hoy sólo queda una: la de Bahía Blanca.

   Las tres entidades amadrinadas por el Voluntariado de Nutricionistas de Bahía Blanca son:

—Juntos x los necesitados, en Roca 1654.

—Comedor El Progreso, en Thompson 2880.

—Mis niños felices, en Fournier 2587.

   En determinados eventos, pero sin madrinazgo, la colaboración también alcanza a La casita de cristal, en Chacabuco 3532.

La historia que nació en pandemia

   El Voluntariado de Nutricionistas de Bahía Blanca se creó a mediados de 2020, el año de la pandemia.

   “Nació como iniciativa del Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires, que propuso armar voluntariados en todo el territorio durante la crisis sanitaria”, dijo Storniolo.

   “Nosotras tenemos un grupo grande de nutricionistas y, a partir de ahí, nos pusimos en contacto. Empezamos a tener reuniones por Zoom y, luego, a hacer distintas acciones que veíamos que, en Bahía Blanca, eran necesarias”, aseguró.

   La agrupación realizó varias convocatorias virtuales y, además, sumó la experiencia de otros municipios.

   “La demanda era variada y dependía de las necesidades de cada ciudad”, comentó.

   “Empezamos con el plan Detectar, que era para hallar casos de COVID en barrios populares”, añadió Bahntje.

Lic. Milva Bahntje, integrante de la ONG.

   “A partir del apoyo de las unidades sanitarias, recorríamos distintos lugares para hacer preguntas respecto de cuestiones vinculadas con el coronavirus, pero aprovechábamos para saber si las personas tenían huertas o, si no tenían, si estaban interesadas en contar con alguna; cómo era su alimentación y hasta si tenían gallinas”, describió.

   “También consultábamos si en el grupo familiar había alguien con determinada patología, como celíaca, para saber si podían hacer frente a la alimentación. Nos llevábamos la información y, a partir de ahí, la trasladábamos hacia el área de Acción Social”, sostuvo.

   Bahntje también admitió que, en los relevamientos, hasta se detectaron casos de violencia familiar, los que fueron direccionados hacia las áreas específicas.

Si bien este movimiento solidario se generó por la pandemia, Bahntje admitió que un aporte en este sentido se hubiera motorizado de una u otra manera en algún momento.

   “La semilla fue integrar el sistema de salud por el COVID. Hay que recordar que, en ese momento, no podíamos trabajar en los consultorios y demás, a excepción de quienes estaban en los hospitales o hacían consultas online”, aseveró Bahntje.