Bahía Blanca | Martes, 29 de noviembre

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Carlos Machado: “Dios me quitó un brazo, pero me regaló salud para ser fuerte"

La apasionante historia de este deportista que con un brazo lleva casi 70 peleas, como amateur y profesional, entre kickboxing y muay thai. Peleó en una velada en Bahía Blanca, en el club Bella Vista.

Carlos Machado en su rutina habitual, donde realiza tres turnos diarios para poder competir. Foto gentileza diario Clarín.

 

Por Javier Oscar Schwab / jschwab@lanueva.com

 

   En los primeros días de este mes el club Bella Vista tenía una velada organizada con los mejores exponentes del kickboxing a nivel nacional. Todo venía desarrollándose con normalidad, hasta que el anuncio de una de las pelas centrales acaparó toda la atención.

   Carlos Machado, alias “Charli”, subió al ring para medirse con un tal Alex, aunque pocos hicieron foco en el anuncio oficial; las miradas se centraron en su cuerpo, porque se trata de un deportista al que le falta el brazo derecho.

   Fue un momento de asombro. La pregunta surgió de inmediato: ¿Cómo puede este chico patear, golpear y moverse para pelear con alguien que tiene ambas extremidades?

   “Siempre pasa lo mismo. La gente piensa que me van a matar a trompadas y después sucede lo contrario. En Bahía gané por puntos en tres rounds”, señaló Machado.

   Automáticamente, la limitación física lo transforma en el favorito de los presentes, algo que Carlos supo capitalizar a lo largo de sus casi 70 peleas entre el amateurismo y el profesionalismo.

   “Al principio los rivales se cuidaban, evitaban atacarme por mi lado débil. Ahora, como ya soy un profesional, buscan esa zona para ver si pueden lastimarme (risas)”, aseguró.

   Con disciplina y movimientos de cintura neutraliza los golpes y se vuelve letal si le dan la chance de utilizar sus piernas.

   “Mi fuerte son las piernas, porque ahí está la potencia y el equilibrio. También aprendí a boxear con una mano, uso el jab para mantener distancia y giro el cuerpo para cubrirme de los golpes. Confío mucho en mi condición física”, dijo Machado, quien tiene 27 años y se inició en el kickboxing a los 15, un poco inspirado en lo que hacía su padre, Alberto, apasionado por el taekwondo.

   -¿Qué es lo que te motivó a practicar kickboxing?

   -Es algo que me mantiene vivo. Dios me quitó un brazo, pero me regaló salud para ser fuerte. De chico jugaba al fútbol en el barrio, me gustaba, aunque sabía que ahí no iba a llegar a nada. Un día me aparecí en el gimnasio del club Platense, dije que quería aprender a pelear y me aceptaron.

   -Seguramente nadie pensó que te lo ibas a tomar en serio.

   -(Risas). Eso me dijo el profe, Daniel, que me tuvo mucha paciencia porque me costaba horrores aprender a defenderme. Al principio me cagaban a patadas; y me dolía, pero también me daba bronca. Yo quería demostrar que podía.

   -¿Tu limitación física es de nacimiento?

   -No. Tenía tres años cuando me amputaron el brazo derecho por un tumor maligno del que ya me habían operado un par de veces desde que me agarró, a los 2 años. Me lo extraían y continuaba creciendo abajo del hombro, a la altura de la clavícula. El bulto salía abajo de la axila.

   “Me acuerdo poco y nada, y como nunca tuve la posibilidad de usar el brazo es como si no hubiese estado”, afirmó.

   -¿Alguna vez sentiste que te discriminaban por tu condición física?

   -Puede ser, pero como tengo un carácter muy amigable nunca tuve problemas. Hice la primaria en la Escuela N° 12 de Saavedra, siempre tuve muchos amigos. Tal vez mis intenciones eran sobresalir en algo y por eso apareció el kickboxing.

 

Sueña con ir a Tailandia

   Carlos acude a la academia Argentina Marcial Escuela (AME), en el Club San Jorge de Parque Saavedra -se inició con el instructor Guillermo Ranieri- y en 2018 se inclinó por el muay thai, donde también valen los codos y las rodillas.

   “Cuando era amateur llegué a pelear tres veces en un día. Después me dolía hasta el alma, jajaja. Desde que soy profesional estoy invicto en muay tahi, porque tengo más variantes para ganarle al rival”, dijo.

   -¿Tu peor y tu mejor combate?

   -El peor fue uno de las primeras peleas como profesional de kickboxing, en Villa Crespo –club Atlanta- donde recibí un nocaut terrible. No pude ver una mano, cuando reaccioné estaba en el piso, no podía levantarme.

   “Y el mejor fue una siendo amateur en un clasificatorio para viajar el XXIX Campeonato Sudamericano en Ecuador. Venía perdiendo por puntos, mi rival se confió, le hice un giro de codos a la cara y lo enganché justo, gané por nocaut. Tenía una alegría terrible”, contó.

 

  “Para equiparar al resto tengo que entrenar el doble. Trato de tensar más las peleas y así voy compensando. Pego bastante fuerte, es una de mis habilidades. En muay thai me cuesta un poco más en el clinch, la pelea en corta distancia”.

 

   -¿Viajás por todo el país?

   -No. Casi no salgo de Buenos Aires. Vine a Bahía Blanca por invitación de un amigo (Quintana). En realidad, siendo profesional me conviene porque me pagan y tengo algunos sponsors, aunque cuesta conseguirlos.

   -¿Te gustó Bahía?

   -Me encantó, voy a volver. Conocí el centro, hablé con mucha gente muy macanuda. Y también me trataron muy bien en el club Bella Vista. Valoro cuando hay respeto, porque también me tocó gente que se burla por mi condición; lo hacen para sacar ventaja.

   -¿Qué tipo de rivales preferís?

   -No tengo problemas, me adapto. Si se defienden los ataco y si atacan me gusta contragolpear. Tengo una buena estatura (1,79 metro), con buen alcance de piernas. Igual, los más bajitos son los más duros porque se mueven mucho, jajaja.

   -¿En qué posición figurás en la Liga de muay thai?

   -Es una liga relativamente nueva, pero estoy octavo en los 67 kilogramos.

 

"Muchos me dicen que soy un ejemplo. La verdad que me halagan. Me emociona ganarle a un rival,  sólo pienso en entrenar, ser mejor en todo sentido".

   -¿Con las peleas te alcanza para vivir?

   -Noooo. Soy plomero y gasista; me la rebusco bastante, aunque te puedo asegurar que a veces es mucho más fácil pelear.

   -¿Cómo es eso?

   -Algunos caños te complican, los tengo que trabar con los tobillos, uso los pies. Si no puedo pido ayuda, pero trato de pensar bastante para arreglarme solo.

   “En esto arranqué de chico ayudando a mi viejo, pero desde hace tres años me largué por mi cuenta. Tengo clientes, gente que se apiada de mí (risas).

   -¿Cuál es tu sueño?

   -Ir a pelear a Tailandia, la cuna del muay thai. Los admiro como entrenan, su fortaleza mental y su cultura. No sé si podré pelear, pero al menos quiero participar de una exhibición.

   -¿Cuántas horas le dedicás al entrenamiento?

   -Tres turnos de una hora y media por día. El trabajo es exigente, con abdominales, pesas, aeróbico.

   -¿Vivís sólo o con tus padres?

   -Con mi mamá, Nilda. Al principio se asustaba mucho porque llegaba lastimado. Una vez se largó a llorar porque vio un corte en la cabeza que me hicieron con un codazo. Ahora se acostumbró y ni siquiera me pregunta, jaja.

   “Es más, sufre más mi ahijada (Mía) que es hija de mi hermana Sabrina. Mamá es clave en el tema alimentación, las comidas y las dietas”.

   -¿Tu próxima pelea?

   -Ahhh. Pará que ligué lindo en Bahía; gané pero ligué. Tengo un mes y medio de recuperación por una lesión, así que calculo que será en agosto.

Qué es el muay thai

   Conocido en Occidente también como "boxeo tailandés", es un arte marcial y deporte de contacto que es pasión en Tailandia.

   El mismo se desarrolla de pie en un ring en el que valen golpes con las piernas, brazos, pies, rodillas y codos. También algunas sujeciones para ajustar el golpeo.

   Con más de 130 federaciones nacionales en el mundo, de las cuales 60 son reconocidos por sus Comités Olímpicos, el deporte sueña con ser olímpico.

   En 2016, una junta de directivos del Comité Olímpico Internacional estimó que será reconocido por el organismo, lo que lo pone en carrera y en competencia con otros para los Juegos de París 2024.