Bahía Blanca | Sabado, 25 de junio

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El “peso” del Flaco Banegas, la clave según Diomedi y el silencioso Larrandart

Ecos del bicampeonato de Liniers.

La vuelta. Larrandart, Marinsalta, Diomedi, Gattari y Banegas. Fotos: Tomás Bernabé-La Nueva.

 

Por Fernando Rodríguez y Mikel Iñurrategui   

 

   Uno es extrovertido y el otro todo lo contrario. Lo cierto es que la combinación de Herman Banegas y Joaquín Larrandart le dio mucho resultado a Liniers, por segundo año consecutivo, para ser campeón de Primera. En medio se mezcla la experiencia de Gastón Diomedi y el atrevimiento del pibe Santiago Gattari.

   “El proceso es duro para llegar a ser campeón y, a veces, con los años es peor, porque uno pretende hacer cosas que ya no puede”, reconoció Banegas, el veterano de 39 años, tras consagrarse campeón por quinta vez: tres con Villa Mitre y este bicampeonato con Liniers.

   “Cada campeonato es distinto –reconoció-; cambian los equipos, los rivales, cada juego es diferente. Por ejemplo, en el tercer partido nosotros jugamos horrible y el último lo hicimos muy bien”.

   La diferencia de años con sus rivales, sobre todo de Bahía Basket, el Flaco pudo disimularla muy bien.

   “Tenemos un gran preparador físico (Bernardo Montes) y un muy buen entrenador (Mauricio Vago) –destacó-, quienes continuamente nos apoyan en todo. Hay veces que no puedo entrenar...”.

   -¿Fue el año más duro para vos como jugador después de la pandemia?

   -¡Me costó muchísimo!

   -¿Cuánto bajaste de peso?

   -Estoy en 111/112 y llegue a pesar 124 kilos, más que nunca en mi vida. Por eso destaco lo del preparador físico, que me ayudó muchísimo. Traté de cuidarme en las comidas, pero me gusta muchísimo comer. El que me defendía tenía 21 años, le llevo 18 y se cansó más que yo. Ahí está el resultado del sacrificio.

Sin apuros

   Mientras sus compañeros festejaban, él se sentó en una de las sillas, se sacó las vendas de los tobillos y analizó lo que pasó. Así es Joaquín Larrandart, tranquilo, sin estridencias.

   “Tiene mucho valor haberle ganado a este equipo, un rival muy joven y en el Dow, donde todos perdían. Esta vez pesó –entendió- la experiencia. A pesar de tener un equipo corto, nos adaptamos muy bien, hicimos un juego bien al torneo local”.

   -¿En qué marcaron la diferencia siendo “un equipo del torneo local”?

   -En bajarles el ritmo, ese que ellos decían que nadie podía agarrarlos. Nosotros manejamos los tiempos, tratamos que tiren incómodos, no los respetamos para nada.

   -¿Se sintieron más cómodos de lo que imaginaban en la previa?

   -La verdad que sí. Todos nos decían de Bahía Basket y sus virtudes. Si bien siempre fueron peligrosos, nosotros, siendo solo seis mayores y con la ayuda de los pibes, que en el último partido se notó con Gatta (Gattari), sacamos el equipo adelante.

La clave para Gastón 

   Diomedi fue una de las figuras del partido decisivo de la final: goleador adelante y clave atrás para frenar a Ezequiel Paz.

   En medio del festejo, el exjugador de Villa Mitre señaló dónde estuvo la clave.

   "La experiencia y algo que hablamos el otro día en el entrenamiento. El grupo de amigos que se formó en el equipo, ahí estuvo la clave. Un equipo con nombres no quiere decir que va a llegar lejos, acá se formó un grupo de amigos y entre todos nos apoyábamos", señaló Diomedi, autor de 18 puntos en el cuarto juego.

   "Fue un año muy raro -agregó-, habíamos arrancado el 2020 con otro equipo armado: estaba Santi Torre y otros mayores. Vino la pandemia, quedamos los que quedamos, los dirigentes trataron de hacer un equipo para que jueguen los chicos del club, que eran Cadetes que ni siquiera habían entrenado con Primera", explicó.

   "Tratamos de llevarla así y creo que mucha gente ni nos tenía en cuenta como candidatos. Pero demostramos porqué éramos los campeones de 2019, demostramos que teníamos muchas ganas y lo logramos", cerró Gastón.

Un pibito atrevido...

   Entre esos pibes del club que nombra Gastón, está Santiago Gattari, el juvenil con más minutos en la rotación y primer cambio para la media cancha del campeón.

   Pese a su corta edad, a Santi no le tembló la mano en el Dow Center para meter -quizás- el triple que quebró el juego: 61-58 cuando al tercer cuarto le quedaba 1m50s.

   "Por suerte en el segundo tiempo se me abrió el aro y pude ayudar a sacar adelante al partido", admitió Gattari con la timidez de juvenil, que se sumó de a poco a los festejos.

   "Mauri me pidió que defendiera y que tire los tiros que me quedaban. Y los chicos me decían que juegue tranquilo y que haga lo que hice todo el año", contó.

   Y cumplió. Que sigan los festejos...

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