Bahía Blanca | Viernes, 20 de mayo

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Hepatitis: ¿Tenemos que preocuparnos en Bahía Blanca?

“Hay que extremar el diagnóstico temprano y, según la evolución, determinar los pasos a seguir según el protocolo. Por ahora estamos atentos, tal como sucedió con el COVID”, dijo el Dr. Carlos Kohler, miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría y de la Sociedad Argentina de Vacunología y de Epidemiología.

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

   ¿La situación es para preocuparse, o sucede que todos estamos muy susceptibles por lo sucedido en los dos últimos años por la pandemia?

   La pregunta se cae de maduro, a partir del alerta —el último 15 de abril— de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre casos de hepatitis aguda grave de causa desconocida en niños del Reino Unido.

   Hasta este miércoles 11, cuando La Nueva. dialogó con el Dr. Kohler, miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría y de la Sociedad Argentina de Vacunología y de Epidemiología, los casos en pacientes menores de edad —en más de 20 países en el mundo— habían llegado a los 300.

   En la Argentina, según informó —el día antes— la ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, existen 8 casos de menores de edad con falla hepática grave, sin precisión del origen de la afección, así como confirmó el trasplante de hígado un niño santafesino de 8 años, realizado el último sábado 7.

   “Hay que extremar el diagnóstico temprano y, según la evolución, determinar los pasos a seguir según el protocolo”, sostuvo Kohler.

“Se ha identificado un tipo de adenovirus, que no es habitual que interese al hígado”, dijo el Dr. Kohler.

   “Estamos volviendo al inicio; a las fuentes. De esta hepatitis estamos aprendiendo, tal como lo hicimos con el COVID. Como es una entidad nueva, debemos determinar el cómo y el por qué, para así precisar qué tipo de prevención y/o tratamiento se realizará”, añadió.

   Kohler recordó que estas hepatitis han aparecido en forma sorpresiva a partir del aumento de casos que no responden a los diagnósticos habituales.

   “No pertenecen a las hepatitis que van de la A a la E y que se identifican, básicamente, por seguimiento de laboratorio”, contó.

   “Al día de hoy no se tiene certeza a qué obedecen. Se ha identificado un tipo de adenovirus, que no es habitual que interese al hígado. Sin embargo, el adenovirus F-41 sí lo afectaría”, comentó.

   También dijo el pediatra que el adenovirus afecta habitualmente al aparato respiratorio y, en algunos casos, al sistema digestivo.

   “Pero parece que el F-41 hizo algún tipo de modificación en su estructura. Y desde aquí se pueden establecer varias hipótesis”, explicó.

“También influye, y es en general para otras enfermedades, el poco movimiento de la población a causa de la pandemia”, dijo.

   “Esto provocó que no haya circulación de virus, ni de personas que contagien. Por eso, al momento de producirse la apertura de distintas actividades, como colegios, trabajo y demás, se renueva la circulación. Así, los adenovirus, en un contexto donde también están incluidas las gripes, encontrarán gente susceptible que, por ejemplo, no se ha vacunado por varios años. También esto sucede con el sarampión, con la rubeola y con las paperas, en los casos de chicos sin vacunar porque han estado recluidos en sus casas”, indicó.

   Recordó que, en octubre último, hubo reportes de hepatitis con síntomas semejantes a las actuales en los Estados Unidos, pero que no tuvieron el seguimiento y el alerta actuales.

   —Dr. Kohler, ¿estos casos tienen alguna vinculación con el COVID?

   —Los trabajos que hay hasta ahora, que son muchos aunque ninguno concluyente, estiman que no tiene nada que ver con el COVID, aunque sí en forma indirecta. Es decir, la poca circulación de la población respecto de la actualidad.

   “Se trata de determinar si la enfermedad ha influido en que el hígado reaccione de otra manera o hubiera una coinfección que, de hecho, las ha habido, entre COVID y esta hepatitis.

   “También se están investigando eventuales toxinas o cofactores”.

   —¿Cuánto tiempo insumirá precisar el origen?

   —Depende de los laboratorios de investigación. No son pocos y, muchos de ellos, de altísima calidad.

   “En el país se está trabajando rápido también en este sentido, porque cuando uno mira el seguimiento de los chicos y la presentación de la hepatitis, si el diagnóstico fluye hacia una insuficiencia hepática, va directamente a trasplante, que es el caso del chico de Santa Fe.

   “También se aprecian más casos porque las denuncias son numerosas. Al existir un alerta, ciertas hepatitis que en ocasiones pasaban desapercibidas, porque la evolución era buena, no se catalogaban como 'desconocida”.

   —¿Sirve la experiencia ya atravesada con el COVID?

   —Podemos utilizarla. Aquellos que tienen comorbilidades o inmunodepresión también ven afectada su función hepática. Cuando se encuentre la causa, se verán las formas de prevención y tratamiento para no llegar a una situación de emergencia”.

¿Qué hay que hacer?

   “Lo importante es el diagnóstico inicial y seguir los protocolos realizados por las sociedades científicas para derivar rápidamente al paciente, si es que el algoritmo de la evolución determina que es un caso potencialmente complicado”, aseguró el Dr. Kohler.

   “Hay que estar atentos a los síntomas clásicos de la hepatitis: orina oscura, material fecal clara, color amarillento de la piel y las conjuntivas oculares.

   “El diagnóstico es simple. Claramente, hay un protocolo a seguir porque lo primero que se debe averiguar es a qué hepatitis corresponde: A, B, C, D o E.

   “Descartado eso, podemos pensar en una hepatitis de origen desconocido, pero que tampoco tiene una incidencia tan alta ni común. Hay que estar atentos. Nada más”.

   —¿Puede terminar en algo parecido a una pandemia?

   —Por ahora parece que no tiene la contagiosidad de otros tipos de virus, ya que de lo contrario los casos hubieran aumentado más rápido.

   “Por eso acá la clave es certificar que se trata de un adenovirus y, desde allí, determinar qué hace que algunos se contagien y otros no”.

   —¿Bahía Blanca está preparada en ese sentido?

   —Sí, es un centro médico importante y de muy buen nivel. De eso no caben dudas; hay excelentes profesionales e infectólogos”.

Cuestión de calendario

   —“A propósito de estos casos, viene bien recordar que las vacunas contra las hepatitis A y B, que son las más comunes entre los chicos y adultos, tienen prevención con altísima eficiencia y que generan una inmunidad duradera”.

   —“La vacuna contra la hepatitis A se implementó en 2000 y se aplica al año de edad. Tiene una inmunidad prolongada en el tiempo. Desde esa época disminuyó —en forma importante— la enfermedad y prácticamente desaparecieron los trasplantes hepáticos; tal es así que, en 2004, había 173 casos por cada 100.000. Y en 2007 eran menos de 10 por 100.000. Y ya no había trasplantes”.

   —“Ahora es un buen momento para repasar el calendario de vacunación de los chicos y vacunarse contra la hepatitis A, más allá de lo que está sucediendo, sino porque corresponde y porque evitaremos un contagio a partir de alguien no vacunado o de un grupo de susceptibles”.

   —“La vacuna contra la hepatitis B se incorporó en 2000 en los recién nacidos; en 2003 se sumaron los chicos de 11 años y, en 2012, se implementó para toda la población en forma gratuita y sin indicación médica. La vacunación contra la hepatitis B también ha reducido la incidencia de cáncer hepático y de cirrosis”.

   —“La aplicación a los 11 años y en adultos de las vacunas contra la hepatitis B va dirigida a una estrategia de cubrir a toda la población. De esta manera se ha hecho en otros países, como Australia, donde se la ha controlado drásticamente”.