Bahía Blanca | Martes, 28 de junio

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Martín Mackey y su rol en Villa Mitre: "No queremos que cada uno haga lo que le parece"

Conocido en la ciudad por su paso por Bahía Basket, el rosarino se sumó como asesor del fútbol formativo tricolor. El sistema de trabajo se basa en tres pilares: formación docente, capacitación técnica y conceptual, y formación integral.

Mackey ya se metió en el "mundo tricolor". Fotos: Pablo Presti-La Nueva.


Por Fernando Rodríguez

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

(Nota publicada en la edición impresa)

 

   Recogiendo la experiencia de Bahía Basket y con la intención de generar un cambio en el fútbol formativo, la dirigencia de Villa Mitre apostó por Martín Mackey, un especialista en alto rendimiento y desarrollo, con experiencias, básicamente, en Newell’s, la Unión Argentina de Rugby (UAR) y Bahía.

   Este profesor de Educación Física, nativo de Rosario, fue uno de los referentes en la temporada 2018-19 de la organización que lidera Pepe Sánchez.

   Su vínculo con la institución, en principio, se extenderá por dos años, con opción a un tercero de ambas partes.

   Si bien él se encuentra al frente del proyecto como asesor, eligió a Iván Vigo, que estaba en Australia, y quien se radicó en la ciudad para trabajar en el día a día.

   Con el objetivo de presentar abiertamente el plan de trabajo, Mackey viajó a la ciudad y habló con “La Nueva.”, profundizando lo que se persigue en Villa Mitre.

   —¿Qué es lo diferente de esta propuesta metodológica?

   —El sistema que proponemos se basa en tres pilares fundamentales. El primero y en el que más creemos, es la formación docente, generada a partir de un conocimiento que tiene que ser único y no que los conocimientos e ideas sean individuales. A partir de ahí, que se capaciten todos los que trabajan dentro del club, mediante un contenido que sea propiedad de Villa Mitre.

   —¿Escuchan opiniones?

   —Si un preparador físico, entrenador, médico, kinesiólogo, psicólogo o nutricionista tiene conocimiento lo aporta para poder redactar un manual pedagógico único y, a partir de eso, que sea el núcleo de aprendizaje prioritario. Generamos un programa mediante el cual se desarrolla y capacita a los entrenadores no solamente en cuestiones técnicas sino también en procedimentales o de implementación práctica.

   —¿En esto se prioriza la impronta de ustedes?

   —Nosotros tenemos un piso, nuestra propuesta. Si lo que cada uno propone es superador a lo que tenemos, lo tomamos. Creemos que nuestro sistema es perfectible, lo que no queremos es que cada uno haga lo que le parece. Si uno propone algo, se plantea en los talleres que creamos semanalmente, ahí se debate y si nos parece que es apropiado lo ponemos dentro del contenido de Villa Mitre. A partir de eso, se transforma en una modalidad sistémica. No estamos cerrados.

   —¿Cuál es el segundo pilar?

   —La capacitación técnica y conceptual. El aprendizaje y la comprensión del juego. A partir de ese contenido y capacitación que vamos desarrollando con los entrenadores, queremos capacitar en conocimientos técnicos y conceptuales a los jugadores. Es decir, primero capacitamos a nuestros docentes y después a quienes serían los alumnos. Los chicos no sólo reciben entrenamientos prácticos, sino también tienen lo que llamamos conocimientos declarativos, que es como si fuesen clases teóricas. Se les da material para que puedan analizar, verse jugar, porque filmamos todos los partidos y, a partir de eso, con respecto al contenido que volcamos, ellos empiezan a descubrir sus comportamientos y conductas dentro del juego, lo que hacen bien o deben mejorar, pero siempre tratando que puedan descubrir ellos eso que nosotros proponemos.

Mackey con el presidente Juan José La Rocca.

 

   —¿Y el tercer pilar?

   —El tercero, que para nosotros es clave, es la formación integral, tanto de los docentes como de los chicos. Por eso incorporamos un área de nutrición y de psicología, en este caso, no trabajando solamente sobre los chicos. Tratamos temas de interés general que pueden ser de gestión de emociones y a lo largo del año también podemos trabajar sobre cuestiones de conciencia ciudadana, adicciones, temas asociados a leyes de tránsito, a responsabilidad social, etc. Eso se trabaja con los chicos y, también, con los entrenadores. Nos interesa el desarrollo de los chicos, más allá de lo técnico o conceptual del juego. Y, también el de nuestros docentes, para aprender a gestionar las emociones propias y la emocionalidad de los chicos.

   —En tu paso anterior por la ciudad trabajaste en Bahía Basket, una concepción diferente a Villa Mitre. ¿Se puede desarrollar al cien por ciento el programa dentro de un club donde se conjuga lo deportivo y lo social?

   —Siempre trato de no diferenciar si el trabajo tiene que ver con un club en el cual querés formar jugadores para llegar a la elite o simplemente desarrollarlos para que mejoren su desempeño.

   —Sería, como alguna vez definiste: “Ser lo mejor que pueda en el lugar en el que estoy”.

   —Totalmente. Uno tiene que tener en claro que trabaja con personas y a esas personas que tienen un interés, ya sea ser futbolistas profesionales o jugar con sus amigos el fin de semana, uno debe brindarles ciertas herramientas para mejorar y ser el mejor deportista que pueda. Después, mucho mejor si eso que uno brinda le permite a una persona llegar a jugar en la Primera de un club de la Argentina o en la Primera del exterior, y con eso logramos que alcance sus expectativas.

   —La realidad es que son más los que quedan en el camino de los que llegan.

   —La realidad es que cuando uno trabaja en un lugar como Newell's, Bahía Basket o Villa Mitre, lo que forma son personas, porque es muy bajo el porcentaje de chicos que van a llegar a la Primera de cualquier club. Es del 2 por ciento el índice de probabilidad de un club que tiene el mayor éxito en llevar jugadores de divisiones inferiores a Primera y de ahí a la elite. Entonces, hay un 98 por ciento que no alcanza a ser un deportista de elite. Pero sí, nosotros tenemos que tratar de brindarles, al dos por ciento, como al 98, herramientas para que aprendan a aprender. Eso les permitirá llegar a ser lo mejor en aquello que se propongan sin, tal vez, haber alcanzado el deseo que tuvieron en algún momento de ser un deportista de elite. De todas maneras, habrán adquirido hábitos de vida saludable, de entrenabilidad y de aprendizaje, lo cual sirve para cualquier orden.

   —En esta cuestión de hábitos, ¿cómo se manejan según las realidades individuales?

   —Por supuesto que hay que estar atento institucionalmente a esa individualidad y ver de qué manera el club puede ayudar ante cada situación en particular. Teniendo en cuenta eso, más allá de que los chicos puedan tener algunas dificultades en cuanto a la alimentación o diferentes realidades de contexto, uno siempre pone como base educar. Me ha pasado de hacer reuniones familiares y explicarle a los chicos que si van a alimentarse de manera correcta, es más barato comer una fruta o si es posible un filet de pollo, antes que una hamburguesa. Si tenés la posibilidad de comer dos veces al día, por el motivo que fuera, por lo menos que el club pueda educarte para saber lo que estás comiendo y qué sería lo más nutritivo. Más allá de entender las realidades individualidades de las personas, por más dificultades y conflictos que pueda tener, apelo siempre a la educación. Cuando más información y conocimientos adquieran, más posibilidades podrán tener, independientemente del contexto en el que vivan.

   —¿Pueden encontrarse con diferentes obstáculos culturales según el lugar y el entorno del club, y eso los obliga a adaptarse o la propuesta es lineal e inamovible?

   —Todo proceso tiene ciertas raíces, que son el núcleo de lo que llevamos adelante, pero también, entendiendo la idiosincrasia de cada lugar, en la cual creemos que hay aspectos culturales que deben ser desalentados y otros que deben alentarse. A partir de eso uno intenta crear cuestiones culturales dentro de la institución. Cuando nos encontramos con una conducta dentro de un entrenamiento, ya sea de respeto o cualquier reacción que alguien pueda tener, tratamos de desalentarla, como también premiar aquellas conductas que queremos alentar, y no solamente desde la disciplina, sino también referidas a la alimentación, compañerismo, los valores que persigue Villa Mitre, entonces, entendemos la realidad de cada lugar, pero tenemos claro que para que un deportista alcance el mayor desempeño posible, hay cuestiones que uno debe educarlas y aprender.

   —En el tiempo que inicialmente tienen de contrato con Villa Mitre, ¿cuánto de todo esto se puede llegar a plasmar?

   —Creo que los cambios ya se ven. Después, por supuesto que hay errores en cuanto a la implementación del juego que queremos llevar adelante. Pero, independientemente de los errores individuales o colectivos que se puedan tener, si hoy uno ve a Villa Mitre, observa que hay una idea de lo que pretende hacer con todas sus divisiones.

   —¿Cuál es?

   —Una idea común de cómo queremos formar a nuestros chicos jugando al fútbol. Después, hay veces que por errores podemos fallar un gol o un pase, pero hoy Villa Mitre se para adentro de la cancha y se ve que tiene una idea general.

   —¿El cambio nace desde el desarrollo individual o a partir del sistema colectivo?

   —Se basa en una idea mediante la cual nosotros creemos que, para que los chicos puedan desarrollarse mejor futbolísticamente, debemos ser un equipo con la mayor posesión de pelota posible. De esa manera, hay una cuestión que se desarrolla y es fundamental hoy para el fútbol de elite, que es la recepción y el pase. Es la primera cualidad que se exige en el fútbol a nivel mundial. Jugadores con capacidad de recepcionar correctamente y pasarla correctamente. Para eso necesitamos hacer un planteo que nos permita tener la pelota y no cederle la pelota al rival. Después, a uno puede gustarle más la salida corta o lanzar largo. Aceptamos cualquier propuesta siempre y cuando haga que nuestros jugadores tengan un volumen muy alto de recepción y pase durante el partido. 

   —Todo esto lleva acercarse a la mejor versión individual. ¿La ansiedad resultadista a veces juega en contra en el proceso de trabajo?

   —Creemos que es la mejor propuesta para la formación de los chicos, pero a su vez entendemos que haciendo esto vamos a poder ganar. Después, campeón sale uno. Incluso, salir campeón en todas las divisiones, a veces no es el único indicador que uno puede tener para realmente detectar el éxito de la formación. Si nosotros vamos a hacer todo esto es porque queremos, de ser posible, que Villa Mitre gane en todas las divisiones, pero respetando un modelo de formación. En divisiones inferiores se busca mejorar la educación nutricional, mejorar la educación en cuanto a gestión de emociones, mejorar la conceptualización del juego, mejorar la calidad procedimental de los entrenamientos, elevar el conocimiento de los entrenadores y competir a través de una forma que nosotros queremos, todos esos serían indicadores que me mostrarían que estamos más cerca de salir campeones, lo cual muchas veces es difícil conseguirlo.

Pepe Sánchez y Mackey, en su paso por Bahía.

 

   —¿Qué aportaste y qué te llevaste de tu experiencia con Bahía Basket?
   —Uuuyyy... Es mucho más lo que me llevé de lo que dejé. Y se me pone la piel de gallina al recordarlo. Fue una experiencia hermosa, que no pude continuar porque para renovar mi contrato tenía que venir a vivir con mi familia a Bahía Blanca. Me llevé la relación con Pepe, no sólo personal sino los aprendizajes con él e interminables charlas, sin parar. Me llevé una experiencia con los jugadores y la gente que me tocó trabajar. Estoy absolutamente convencido de que el sistema que se lleva adelante dentro de Bahía Basket debería ser inspirador para el resto de las disciplinas deportivas argentinas, por el cual es el pensamiento real de la formación del deportista. Y en esto tiene mucho que ver la apertura de Pepe. Empezó con una idea de lo que yo quería desarrollar y él lo llevó a la máxima expresión. Creo que aporté un sistema de trabajo y él le dio su impronta y capacidad, para llevarlo a un lugar único en el país y, me animaría a decir, en el mundo.