Bahía Blanca | Sabado, 25 de junio

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El director de cine argentino que rescata ucranianos con su avión privado

Enrique Piñeyro puso a disposición su Boeing 787 para trasladar desplazados de la guerra a otros países.

Fotos: La Nación

   “Podría tener un yate con 25 marineritos y salir a pasear”. Podría, pero no.

   Enrique Piñeyro, argentino, excineasta, expiloto de Lapa, médico y actual emprendedor gastronómico, es dueño de un Boeing 787 puesto al servicio de misiones humanitarias, en alianza con Open Arms, un ONG española, en conjunto con Solidaire, su propia organización no gubernamental.

   Con este avión, en las últimas horas comenzó a realizar vuelos hacia Roma con unos 200 refugiados ucranianos –cada uno- de la guerra con Rusia. La idea, esta semana, es hacer al menos tres de estos viajes.

   “Creo en un capitalismo disruptivo: convertir objetos de lujo en herramientas de transformación social”, explica Piñeyro, un heredero de la fortuna de la familia Rocca.

   Su salto a la fama fue con denuncias a las fallas de seguridad que había en las operaciones aeronáuticas -ese fue el tema de Whisky, Romeo, Zulu, su película de 2004- y volvió a explorar las fallas de la sociedad en El Rati Horror Show, un crudo documental donde expone el horror de las personas encarceladas por crímenes que no cometieron. Para ello, armó Innoncence Project Argentina para atender esos casos.

   La idea de ayudar refugiados de la guerra apareció durante un encuentro con Óscar Camps, un catalán líder de Open Arms.


Whisky, Romeo, Zulu


   Además de su avión, Piñeyro puso a disposición un barco para que la ONG opere en el Mediterráneo. Al momento, está esperando que el gobierno español le dé el visto bueno para navegar, un trámite que se está demorando mucho más de lo habitual. Es que el barco es una herramienta de rescate, pero también funciona como denuncia contra las políticas migratorias de España y el resto de Europa.

   “Acá se está trabajando como se debería trabajar en todas las crisis humanitarias, pero no se hace porque los otros refugiados no son blancos”, denuncia Camps.

   Los ucranianos, dice, reciben un trato humanitario en Polonia y el resto de Europa y está bien que así sea. En cambio, los africanos que su organización rescata en el mar son rechazados y segregados. (con información de La Nación)