Bahía Blanca | Viernes, 09 de diciembre

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Con los ojos del celular

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   Coldplay llegó al país y marca un récord histórico, la banda inglesa ofrece 10 conciertos en el estadio del club River Plate, es decir que aproximadamente más de 600 mil personas compraron entradas.

   Dicen los críticos que es algo nunca visto y la puesta en escena es única. La definen como un verdadero show para todos los sentidos ya que tres escenarios, pulseras, luces, y fuegos artificiales son algunos de los recursos para lograr ovaciones y euforia. 

   En esta era se renuncia a registrar con los propios ojos el despliegue de la banda porque todo es captado por el celular. La ecuación es sencilla. A las luces del show se le suman los flashes que hasta ciegan la vista  y que son  los otros protagonistas, pues el objetivo implica el registro de la acción en detrimento del deleite a través de los sentidos. 

   ¿La mirada electrónica llegó para quedarse? ¿Se disfruta un paisaje, una celebración a través del lente de un celular? ¿Las fotos que guardo en el “celu” o que subo a las redes evocan situaciones con la misma intensidad que lo que se capta a través de los sentidos?

   Kenneth Gergen, psicólogo estadounidense y profesor de  Swarthmore College, en su obra “El yo saturado”, analiza los avances tecnológicos y acuña el concepto de “pregreso” para explicar las consecuencias negativas de los “progresos” de la posmodernidad. Si bien un audio de WhatsApp permite conectar de manera inmediata también disminuye la posibilidad de diálogo.

   Décadas pasadas, un evento familiar era perpetuado en la cantidad de fotos que el “rollo” permitiera, luego de acceder al turno en la casa de revelado las imágenes pasaban de mano en mano por los miembros de la familia con sorpresa y emoción. Hoy los acontecimientos se plasman simultáneamente con la posibilidad de verificar y “optimizar” ante el imperativo: “sacala de vuelta o sacá otra…” siendo innumerable la cantidad de fotos.

   Momentos inolvidables, cumpleaños y eventos son registrados y “vividos” a través de dispositivos. En los actos escolares ya casi no existe el fotógrafo tradicional, el celular es protagonista  en manos de familiares que se amontonan frente al escenario para inmortalizar el acontecimiento. Personas que asisten a conferencias, espectáculos artísticos y deportivos, desplazan la posibilidad de disfrutar hacia el deseo de enfocar, grabar, filmar y subirlo a la red.

   Y así se transita por la vida captando cada acontecimiento; a veces hasta se cruza la delgada línea que limita con la perversión en el afán por obtener una imagen del motociclista que yace en el asfalto.   

   Optar por observar la majestuosidad de un paisaje o un recital o intentar capturarlo todo a través de un diminuto lente que se traducirá en miles de fotos, más allá de dejar en el baúl de los recuerdos el tradicional álbum de fotos, es quedar prisionero de la mirada electrónica y condenar al olvido momentos trascendentes en busca de la foto venidera.

   Más allá que se descartarán numerosas fotografías porque falla la luz o “sale movida” está comprobado que la saturación de imágenes torna a la persona indiferente. Mirar con los ojos bien abiertos ofrece la posibilidad de almacenar en la memoria y de evocar la experiencia una y otra vez rememorando sentimientos. Si bien apreciar la vida a través de “los ojos del dispositivo tecnológico”  es una forma de registrar y  almacenar experiencias, vivirlas y sentirlas es irremplazable.