Una nueva obra rescata aspectos poco conocidos de Arturo Illia

19/9/2021 | 06:30 |

La novela histórica “Salteadores Nocturnos”, del periodista y escritor Agustín Barletti, resulta de lectura imprescindible para quienes quieran abordar en profundidad la vida del expresidente argentino.

Adrián Luciani
aluciani@lanueva.com

   Sobresale un detalle en el diseño de tapa de la novela histórica Salteadores Nocturnos sobre la vida de Arturo Umberto Illia, de reciente aparición. Una grieta surca su portada, pero se extingue al tocar la imagen del presidente que gobernó la Argentina entre 1963 y 1966.

   “Illia ya no es patrimonio de ningún sector político porque cabalgando sobre sus virtudes, traspuso esa frontera para ganarse el corazón de todo el pueblo argentino”, aseguró a “La Nueva.” el periodista y escritor Agustín Barletti, autor de la obra. 

   Editado por De Los Cuatro Vientos, el libro aborda la trama desde una doble óptica: la del protagonista a través de sus recuerdos y confesiones más íntimas, y la de un conscripto que debió participar en el escuadrón de lanza gases que lo desalojó de la Casa Rosada la madrugada del 28 de junio de 1966.

   --¿Qué lo motivó a escribir esta obra?

   --A 121 años de su nacimiento, el perfil de Arturo Illia sigue envuelto en un nebuloso desconocimiento. Pocos saben que vivió en Europa entre 1933 y 1934, y fue testigo del naciente fascismo al asistir a los actos públicos de Hitler y Mussolini.

   “Hasta durmió un par de noches en un calabozo berlinés por negarse a saludar con el brazo en alto a una patrulla de las SS. Luego palpó de cerca las monumentales democracias de los países nórdicos y concluyó, por simple comparación, en las ventajas del sistema republicano”.

   --Me imagino que debe haber otros hechos poco conocidos...

   --Sí. Casi nadie conoce que unos años más tarde Illia fue enviado al norte argentino a negociar con oscuros traficantes la compra de armas de rezago de la guerra chaco-paraguaya para defender al gobierno cordobés de Amadeo Sabatini ante una posible intervención federal a la provincia. 

   “Tampoco que en 1955 se erigió en el cerebro de los comandos civiles de la llamada Revolución Libertadora, usando un sistema de claves secretas absolutamente inédito para la época, y que en esa instancia padeció un simulacro de fusilamiento a manos de las fuerzas oficialistas. O que no fue un médico rural, sino un investigador de primer orden que junto a Salvador Mazza cambió la teoría vigente hasta los años 30 respecto de la lucha contra el mal de Chagas”. 

   --Incluso contrajo casamiento en nuestra región.

   --Exacto. Se casó con Silvia Martorell Kaswalder en Punta Alta, el 15 de febrero de 1939, y su luna de miel la pasó en el hotel de la Base Naval Puerto Belgrano. Estos y muchos secretos más de su vida son los que intento develar en este libro”.

   --¿Por qué el formato de novela histórica?

   --Durante casi quince años recopilé cerca de ocho mil fotocopias con documentación sobre su vida junto a horas y horas de grabaciones de su propia voz y de sus allegados, pero había algo que me frenaba a la hora de ponerme a escribir. 

   “La incógnita se develó hace muy poco tiempo, al comprender que estaba acopiando material para escribir una biografía ortodoxa que terminaría bostezando en los estantes de las bibliotecas. Intenté entonces dar una pátina literaria a las descripciones, las escenas y los diálogos, aunque debo avisar que la gran mayoría de los personajes y acontecimientos narrados son reales y están documentados por distintas fuentes”.

   --¿Trató personalmente a Arturo Illia?

   --Nuestras familias eran muy amigas. El primer recuerdo es de mis seis años. Una mañana de 1967, fuimos con mi familia a una estancia en Vivoratá, cerca de Mar del Plata. Al ver un mangrullo, casi sin pedir permiso me largué a su conquista, pero al llegar a la cima me encontré con lo inesperado: el piso de la torre estaba formado por un cuero de vaca estirado que lo tornaba gelatinoso y con una inestabilidad de pánico.  

   “A punto estaba de romper en llanto cuando vi asomarse una nívea cabellera. Era una persona de mirada fogosa, pero fundamentalmente con rostro de paz que extendía hacia mí su mano pecosa. Illia me envolvió en la suavidad de sus modos, me contuvo en su seguridad de patriarca y me acompañó en cada uno de los peldaños hasta devolverme a tierra firme”.

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   --¿La relación siguió?

   --Durante los siguientes años continué viendo al “Presidente Illia” –como le decíamos en casa– pero siempre como una suerte de tío abuelo al cual recurríamos en busca de una caricia o de un cuento. 

   “A principios de los 80, siendo estudiante de Derecho, tuve la oportunidad de compartir innumerables encuentros donde me relató gran parte de los hechos históricos que lo tuvieron como protagonista. Este libro refleja esa información de primerísima mano”. 

   --Desde ese conocimiento directo, ¿podría aportar algunos rasgos poco conocidos de la personalidad de Arturo Illia?

   --Era un gran jugador de póker, amante del yoga, del budismo, y del pacifismo ghandiano. También un ávido lector, con sólidos conocimientos en filosofía, artes, historia universal y cultura general.  Podía afirmar, sin dudar un segundo, qué cantidad de escuelas había en tal pueblo, cuánto rendía el trigo por hectárea en tal localidad, o el número de fábricas existentes en tal ciudad.

   “Lo lograba por su prodigiosa memoria, pero también porque durante los 65 años de militancia había recorrido cada rincón del país. Illia guardaba entre sus sienes el árbol genealógico de la Argentina. Siempre le preguntaba el apellido a su interlocutor para luego comentarle que había conocido a su padre, su tío, o su abuelo, con certeros detalles al respecto”.

   --¿Cómo fue, en su opinión, la gestión de gobierno de Arturo Illia?

   --En 1963 asumió la presidencia de la Nación con una vasta experiencia política: senador provincial por el departamento de Cruz del Eje (1936-1940), vicegobernador de Córdoba (1940-1943), diputado nacional (1948-1952) y gobernador electo de Córdoba (1962).

   “Unos mil días duró la gestión de quien alguna vez recibió el mote de tortuga. A pesar del corto período, los resultados económicos fueron sorprendentes. El aumento del PBI fue del 10,3% en 1964, del 9,1% en 1965, y del 4,7% en los primeros seis meses de 1966. La industria creció 18,9% en 1964 y 13,8% en 1965; el sector agropecuario lo hizo al 7% y al 5,9%.

   “El gasto público disminuyó en relación al PBI, y el déficit del presupuesto se redujo de $4.054,1 millones en 1963, a $2.778,9 millones en 1965. Al mismo tiempo, la partida destinada a educación alcanzó el 24% del presupuesto nacional, la más alta de la historia, y un Plan Nacional de Alfabetización alcanzó a 350 mil alumnos de 18 a 85 años.

   “En 1964, ante la dificultad para colocar en los mercados internacionales una cosecha excepcional de trigo, Illia decidió vender varios millones de toneladas a China Popular, aún gobernada por Mao Tse Tung. La Argentina, se convertía en el primer país de occidente en comercializar con China, un mercado que hoy es codiciado por el mundo entero. Recién seis años más tarde, el presidente norteamericano Richard Nixon viajaba a China con el mismo fin”. 

   --También fue importante el avance logrado en la cuestión Malvinas.

   --Sí. Durante su presidencia se logró el mayor triunfo diplomático sobre Malvinas. La resolución 2065 de la ONU, aprobada el 16 de diciembre de 1965, instaba a los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido a negociar sin demoras la soberanía de las islas.

   “Por primera vez en muchos años se redujo la deuda externa, de US$ 3.390 a US$ 2.650 millones. Luego, habría de crecer sin interrupción hasta la fecha. Además, bajo su mandato se sancionó la Ley del Salario Mínimo Vital y Móvil. En 1965, la tasa de desempleo se ubicó en el 4,4% y la participación del sector asalariado en el PBI pasó del 36% en 1963, al 41% a junio de 1966”.

   --Lo que todos destacan es su honestidad.

   –Illia quedó primero en el listado de las personas más honestas confeccionado en 2015 por Giacobbe & Asociados para la Revista Noticias en base a la opinión de dos mil encuestados. Le siguieron René Favaloro, Manuel Belgrano, el Papa Francisco y la Madre Teresa de Calcuta. 

   “En 2016, la Encuesta del Bicentenario llevada a cabo por el diario El Cronista con cuatro mil participantes, colocó nuevamente a Illia como el gobernante más honesto con el 70%, seguido por Raúl Alfonsín (13%) y Arturo Frondizi (5%)”.

   --Gobernó sin un día de estado de sitio, ni denuncia alguna de corrupción...

   --Y al día siguiente del golpe de Estado convocó al escribano mayor de Gobierno para hacer una manifestación pública de sus bienes. Al asumir la presidencia contaba con una propiedad en Cruz del Eje adquirida con el aporte de cuatro mil vecinos, que contribuyeron con un peso moneda nacional cada uno, útiles de consultorio, un automóvil y un depósito bancario de $300.000. A su derrocamiento, el 28 de junio de 1966, seguía teniendo la casa, pero había perdido el automóvil y el saldo de banco. 

      “La tarde de su destitución, los asaltantes del poder encontraron $240 millones en efectivo en la caja fuerte del despacho presidencial. Era la totalidad de los fondos reservados que Arturo Illia pudo haber usado sin rendir cuenta a nadie. El coronel Horacio Ballester, a cargo del operativo, solo atinó a decir: “Para qué lo habremos sacado a este tipo.

   “En síntesis, un verdadero ejemplo para estos tiempos”.

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