Canotaje de velocidad

"Viajó a Tokio queriendo entrar a la final", dijo la mamá del bahiense Vernice

3/8/2021 | 00:49 |

El palista se formó en Estudiantes de Olavarría, su ciudad desde los ocho meses de vida. Logró el diploma olímpico al acceder a la final en K1 1000.

Fotos: Getty

Por Mauro Giovannini

Twitter: @MGGiova

Mail: mgiovannini@lanueva.com

 

   La huella de Bahía Blanca en los Juegos Olímpicos tiene tres nombres protagonistas por estas horas: Valentina Costa Biondi, Santiago Álvarez Fourcade y Sergio Hernández.

   La primera jugará las semifinales del hockey ante India, afrontando así doble chance de medalla. El segundo ya regresó al país y en el cuello lució orgulloso la presea de bronce, lograda con Los Pumas 7s. El tercero condujo a la selección masculina de básquetbol hasta los cuartos de final.

Los bahienses, a lo largo de la historia olímpica

   No obstante, objetivamente, hay un cuarto participante activo en Tokio que nació en estas tierras; más precisamente el 3 de julio de 1995 en el Hospital Privado del Sur.

   "En 1994 mi marido fue trasladado a trabajar a la Unidad Penal de Villa Floresta, en Bahía Blanca. Yo soy docente, así que recién pude pedir el pase a fin de año y en 1995, estando embarazada, me fui a Bahía. Agustín nació allá", le contó Claudia Gusmeroli a La Nueva.

   Su hijo es Agustín Vernice, una de las estrellas del momento en el canotaje de velocidad por haber accedido a la final del K1 1.000 en su primera experiencia olímpica, con 26 años.

   "Estuvimos ocho meses más allá y nos volvimos a Olavarría en febrero de 1996. Él no dice que es bahiense porque en realidad no tiene vivencias de Bahía Blanca y tampoco tenemos familia allá. Es una ciudad preciosa Bahía, me encanta", mencionó Claudia desde la ciudad del cemento.

   Agustín hace canotaje desde 2008, en Estudiantes, y ha logrado participar de varios eventos con triunfos importantes. Es campeón bonaerense, argentino, sudamericano y ganó los Panamericanos de Lima en 2019 no solo en K1 sino también en K2 1000 junto a Manuel Lascano.

   "También fue campeón mundial sub 23 en 2017, en Pitesti, Rumania. Y en mayores, su mejor posición fue 7º", subrayó su madre en referencia al campeonato de 2017, en República Checa.

   Estudiantes de Olavarría es un club modelo, con instalaciones cómodas y dedicadas a múltiples actividades. Allí dio sus primeros pasos Agustín, aunque fuera del agua.

   "Hizo rugby e incluso en 2007 viajó a jugar a Bahía —rememoró Claudia—. Un tiempo hizo los dos deportes en simultáneo, hasta que el profe le dijo que tenía que elegir; era bueno al rugby y mi marido jugó mucho tiempo, así que le costó. Pero lo dejó, se dedicó de lleno al agua y estamos muy orgullosos".

Recibí los Newsletters de La Nueva sin costo
Registrar

   Mediáticamente, su apellido comenzó a incursionar luego de Lima 2019, con dos oros en el cuello. Días más tarde alcanzó el 9º puesto en el mundial de Szeged, Hungría.

   Hasta que la pandemia le bajó la adrenalina.

   "La selección nacional concentra en Tigre, así que Agustín estaba allá cuando se decretó la cuarentena en marzo del año pasado. Inmediatamente, como se iba a cerrar todo, se vino para Olavarría", contó Claudia.

   "Estuvo hasta junio sin ir al agua porque las restricciones lo afectaban a él también. Se hicieron miles de gestiones pero nadie autorizaba. Medio clandestinamente se iba a una laguna y, si bien no eran las condiciones óptimas, algo podía hacer porque estaba desesperado por estar en el agua", continuó.

   "En casa tenía un ergómetro (simulador) que le prestó la Federación. El club Estudiantes le cedió todos los aparatos del gimnasio. Y corría en el patio, en un circuito, acompañado del perro. Fue duro, sobre todo anímicamente, porque él sabía que iba a ir a los Juegos y necesitaba entrenar. Hasta que tuvo autorización para entrenar, porque además hoy en día sabés lo que hacen en todo el mundo y él veía que en otros lugares nunca les habían prohibido entrenar. El resto del mundo tenía limitaciones, pero los entrenamientos siguieron", resumió Claudia.

   La cuarentena modificó hábitos y obligó a Agustín a controlar sus emociones. No obstante, el golpe más duro fue no haber clasificado a Río 2016 habiendo estado tan cerca.

   "Por América clasificaba un bote solo en el preolímpico. Él la disputó contra varios países, pero el rival más duro era el canadiense Adam Van Koeverden, que le ganó por poco la clasificación en Atlanta, Estados Unidos)", señaló su mamá. Adam fue oro y bronce en Atenas 2004, y plata en Beijing 2008 y en Londres 2012; antes de su retiro en Rio de Janeiro.

   "La apertura de los Juegos le pesó, no quería mirar. Fue un trago amargo y por eso está tan feliz ahora, aprovechó esa adversidad y eso lo llevó a clasificar", añadió.

   Cinco años después, este olavarriense nacido en Bahía pudo mostrarle al mundo sus condiciones.

   "Él está muy bien ahora, contentísimo. No sé si todo eso de la cuarentena le afectó el rendimiento, porque cuando pudo se mató entrenando para recuperar el tiempo perdido", dijo Claudia.

   "Agustín tiene una cabeza bestial —siguió—, siempre fue muy tenaz, perseverante y medido. Tiene una constancia increíble, es muy obsesivo cuando se propone un objetivo. Y la ventaja que tiene es que sale rápido de las frustraciones. Él viajó a Tokio queriendo entrar a la final", cerró.

   Y vaya si lo logró.

   Agustín completó la serie en 3m40s430, fue segundo y se salteó los cuartos de final.

   En la semifinal registró 3m24s734 para cumplir el objetivo, llegando cuarto y clasificando a la final.

   Allí arribó octavo, cronometrando 3m28s503 y guardándose para siempre el diploma olímpico.

   Continuará.

Mustang Cloud - CMS para portales de noticias