Bahía Blanca | Martes, 09 de agosto

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Ernesto Alda, gigante entre pequeños: se jubiló tras dedicar su vida a los recién nacidos

“Lo que más me ha conmovido en estos años es la sonrisa de los padres cuando se van del hospital”, dijo el doctor, quien en mayo se retiró del servicio de Neonatología del Hospital Privado del Sur que él mismo fundó junto a su esposa María del Carmen Covas. 

Ernesto Alda, estimado Neonatólogo y orgullo para la ciudad. Crédito: Emmanuel Briane-La Nueva.


 Anahí González Pau
   agonzalez@lanueva.com

   Fundador, junto a su esposa María del Carmen Covas, en los 80, del servicio de Neonatología del Hospital Privado del Sur, Ernesto Alda ejerció en este hospital por 39 años, antes de jubilarse en mayo pasado. En este tiempo, atendió a casi 55 mil recién nacidos. Entre un 10 y un 12% de estos bebés, pasaron por la unidad de terapia intensiva. Todavía conserva los registros de estos nacimientos escritos de puño y letra desde el 21 de septiembre de 1982.
 
   --¿Qué fue lo más gratificante que tuvo su profesión en estos años?
   --Lo más gratificante fue la gente que nos confió la salud de sus recién nacidos. Tomamos a las personas en un momento muy especial, muy sensible de la vida, como es el nacimiento. 
  Quienes somos padres sabemos que el momento más feliz de tu vida es ver por primera vez a tu hijo. No tengo dudas que para mí, lo fue, con mis tres hijos. 
   Lo podés ver por ecografía u otros procedimientos técnicos, pero verlo en persona es inigualable.  
   El gran agradecimiento es a los padres que estuvieron al lado nuestro, confiándonos siempre. Rarísima vez sentí que no creían en nosotros o pensaban que era mejor era llevarse al bebé de la institución, algo que estaba en su derecho.
   También es muy gratificante ver, luego de un nacimiento, sobre todo de un nacimiento problemático, la salida del hospital y la evolución de ese niño, cuando nos mandan la fotito o nos vienen a saludar con el paso del tiempo.

   --¿Cuáles fueron los momentos más difíciles?
   --Lo más difícil de atravesar fue el fallecimiento del Dr. Antonio Giuliano, compañero de trabajo, excelente persona y brillante profesional, que estuvo con nosotros casi 35 años, los últimos, soportando una enfermedad muy cruel.
   En cuanto a la profesión, lo más duro es atravesar la muerte de un recién nacido. Creo haber estado en una cantidad muy grande de muertes de recién nacidos, avisando a los padres que su bebé iba a morir o había muerto y eso, realmente, es muy difícil de afrontar.
   
   --¿Se acostumbra un médico a dar malas noticias?
   --Uno nunca se acostumbra. Es terrible ver la cara de esos papás y tener esa sensación de frustración, esa sensación de fracaso médico, independientemente de que uno pudiera pensar que no había otra posibilidad o que se hizo todo. 
   Es muy difícil, pero hay compensaciones. Después de una mala aparecen muchas buenas y se van empezando a mezclar. 
   Algo que  aprendí a lo largo de unos casi 50 años de estar en un hospital es que lo mejor es estar al lado de los padres, entenderlos, escucharlos, sentarse con ellos. 
   La persona con más experiencia en hablar con los padres es quien debe dar las malas noticias y buscar un sitio apropiado. Uno no puede dar malas noticias en un pasillo o en medio de la calle. Uno tiene que sentarse, hablar, darle tiempo a esa familia, a esos padres que están sufriendo enormemente.
   Muchos padres al verme decían: “Ahí viene Alda y me lleva al confesionario”. Cuando les decía tengo que hablar con ustedes, temblaban. ¿Qué me va a decir? Cuando les daba buenas noticias, que era la mayoría de las veces, nos poníamos muy contentos, pero cuando había que dar malas noticias, Dios mío, cómo cambiaban las caras, las expresiones.

El bebé más pequeño que le tocó atender pesaba 550 gramos, tenía apenas 24 semanas de gestación.

   --¿Cómo fue creciendo y desarrollando el servicio en estos años?
   --Tuvo un crecimiento importante no solo en cuanto a la sobrevida del recién nacido sino a la calidad de sobrevida y, en esto hubo un punto clave, la etapa el pre-natal. 
   La medicina fetal ha crecido enormemente en los últimos años. Y aunque muchas de las patologías prenatales, generalmente malformativas, no tienen tratamiento dentro del útero, estos estudios nos han permitido prepararnos mejor para recibir al recién nacido, ya que todo lo que pasa en la primera hora, en las primeras 24 horas, es fundamental. 
   Todo lo que nosotros podemos hacer bien en esos momentos va a repercutir el resto de su vida. Por eso le llamamos la “hora de oro” y el “día de oro” del recién nacido. 

  --¿Estamos preparados para recibir a todos los recién nacidos?
   --No todos los recién nacidos pueden nacer en cualquier lado. Un recién nacido con determinadas características, tiene que nacer en un lugar que esté preparado para recibirlo.
   Hay determinadas patologías que no podemos atender en Bahía Blanca, por ejemplo, las cardiopatías congénitas. Todavía no tenemos un centro de cirugía cardiovascular para recién nacidos, donde se operen malformaciones cardíacas.
   Cuando la medicina fetal nos dice que ese bebé intraútero tiene una malformación cardiaca lo mejor es que nazca en otro lugar, sea en Buenos Aires o La Plata donde hay cirugía cardiovascular. Cuando nace el bebé uno le puede brindar una solución de diagnóstico más preciso y sobre todo de cirugía. 

   --¿Qué otros aspectos son fundamentales en los primeros días?
   --La alimentación es fundamental. Muchos de los recién nacidos, cuando están graves, o son muy pequeños, no se pueden alimentar por vía digestiva. La alimentación parenteral hace que la evolución sea diferente.
   Por otra parte, es esencial la administración de leche de la propia madre, esto hace que los recién nacidos tengan una evolución diferente y con eso hay que empezar desde el primer día del nacimiento independientemente del peso y de la edad gestacional de ese recién nacido, por supuesto, con determinados controles.
   En este sentido, gracias al esfuerzo de todos, de la parte médica y enfermeras, y con la fortaleza inigualable de María del Carmen Covas, quien desde 1982 es pionera de la lactancia materna, el Hospital Privado del Sur fue declarado por su servicio de Neonatología como “Hospital Amigo de la madre y del niño”, por Unicef y la OMS, en 1997.


María del Carmen Covas y Ernesto Alda compartieron siempre la familia y el amor por el trabajo.

   --¿Es muy angustioso para los papás cuando reciben a un bebé prematuro?
   --Sí, totalmente. La madre y el padre se preparan para recibir un bebé sano. Es parte de nuestra cultura occidental. Siempre pensamos que los recién nacidos, son grandotes, gorditos, lindos; pero muchas veces son diferentes. Cuanto más pequeñitos son, cuanto menos edad gestacional tienen, el impacto es mayor. 
   Entonces empiezan a aparecer las angustias, sobre todo cuando esa mamá no está preparada para recibirlo. Porque si hay un seguimiento previo en obstetricia que hace pensar que es bebé puede nacer prematuro, la madre y el padre se van preparando, y con ellos el entorno. 
   Al principio algunos papás tienen cierta negación de entrar a la unidad y estar cerca del bebé pero luego van dejando de lado la incubadora, los monitores, las alarmas, todo lo habitual que hay en una sala de Neonatología. Hablarle, tocarlo, tenerlo piel a piel en el pecho. es muy positivo.

   --¿Alguna vez un paciente le hizo un reconocimiento que lo haya conmovido?
   --Muchas veces, pero yo creo que lo que más me ha conmovido a lo largo de estos años es la sonrisa de los padres cuando se van del hospital. Yo creo que lo más lindo que le puede pasar a un médico es cuando el bebé se va a su casa con sus papás.
 
   

--¿Hay suficientes plazas en Neo para la cantidad de prematuros que nacen por año?
   --A nivel nacional diría que sí pero no todos los recién nacidos pueden nacer en todos los hospitales. Hay muchos que por el escaso número de nacimientos que tienen no amerita tener un servicio de alta complejidad. 
    En Bahía Blanca hay muchas plazas para Neonatología y ha bajado el número de nacimientos. Históricamente había 6 mil nacimientos por año y, en este momento, apenas estamos llegando a cinco mil. Hay una disminución del 10 o 15%, de nacimientos,  en todo el país.

   --¿Qué tiene que tener un profesional para ser un buen médico?
   --Lo mejor que puede tener un médico es ser honesto y decir esto lo sé, esto no lo sé. Y cuando no lo sé, se lo digo al paciente y pido ayuda. Con estas premisas la medicina no es tan complicada. Es angustiante, frustrante, gratificante, hermosa. Volvería a ser médico no me cabe ninguna duda, pero hay que tener ética. Una relación interhumana sana. Decir yo puedo hasta acá y pienso esto y no pelear con el que piensa distinto. Tenemos que reconocer nuestras virtudes,  si es que las tenemos, y aceptar nuestros errores.

   --¿Le gustan las series sobre médicos y hospitales, como Grey's Anatomy, Dr House o New Amsterdam? 
   --De esas series solo vi la última, y me gustó New Amsterdam. Es un hospital de New York, el más antiguo de todos, del siglo XVIII, muy bien reformado. La serie es un poquito novelesca pero es interesante que la gente vea cómo se maneja una emergencia, cómo se llega a un diagnóstico y la parte más personal de los médicos, me parece simpático, que se vean las frustraciones y los logros.

  --Podría haberse jubilado antes y se quedó ¿por qué lo hizo?
   --Me jubilé de la asistencia el 6 de mayo, cuando me fui del hospital. Miré para adelante y el hospital ya no me pertenecía, quedaba un grupo muy bueno de médicos ni hablar de las enfermeras que iban a suplir mi ausencia perfectamente y hasta podían hacerlo mejor que yo. 
   De todos modos, uno nunca se jubila de médico, siempre es médico, y sigo trabajando en lo que puedo hacer. Soy parte de un grupo de nacional que trabaja para prevenir la ceguera en infancia por retinopatía del prematuro, la famosa ROP de los prematuros. Estamos en 120 maternidades del país tratando de controlar la epidemia que tenemos de retinopatía del prematuro. Esto lleva prácticamente todo el tiempo que dedico a pensar en medicina juntamente con un grupo de oftalmólogos, neonatólogos y enfermeras en neonatología, hace 18 años. 

   --¿Cuáles son las principales patologías de los bebés que ingresan a la Neo?
   --Creo que las dos más importantes son la prematurez y las malformaciones congénitas. Los bebés con menos de 1500 gramos están en el 1,5 % del total de recién nacidos. Un hospital con 1000 nacidos por año seguro tiene unos 15 prematuros, que serán los que mayores complicaciones y más meses de internación tendrán. 

   --¿Qué significa la Medicina para usted?
   --Yo creo que la medicina fue mi leitmotiv. Quise ser médico desde que era chico. Tenía un tío médico. Fue la primera relación con la Medicina. Cuando estaba en el secundario un vecino, que era médico anestesiólogo, me llevó a ver una cesárea y para mí fue fascinante estar dentro de un quirófano,
   Voy a extrañar la parte asistencial pero había que dar el paso al costado para dejar que las nuevas generaciones tomaran la posta. Ese es el gran desafío que tenemos los que nos vamos y los que entran. Me siento bien, disfrutando las cosas lindas que me gusta hacer y esperando vivir varios años más y sobre todo estar muy cerca de mi familia.

La familia. Con su esposa se conocen desde que eran residentes del Hospital de Niños de La Plata. En Buenos Aires formaron su familia. Están juntos hace 44 años. El conocimiento del mundo ha sido una pasión para él y para su familia. Le gustaría viajar. Sus hijos han salido también viajeros. Tiene tres: Maximiliano, es pediatra, vive en Bahía, tiene dos hijas: Anita y Julia. Guadalupe, vive en Australia, es Neonatóloga, tiene dos hijos: Juana y Vicente. Pilar es investigadora de Conicet y bióloga. Vivió en Francia y EE.UU y actualmente está en Bahía Blanca con su hijo Sebastián.

Nueva etapa. “No digo que no extraño el servicio, sí lo extraño, por supuesto, fue mi vida. Pero me siento bien teniendo estos momentos para mí, para mi familia, para las cosas que me gustan. Estoy conociendo Bahía, caminando por el centro y encontrando lugares que desconocía. Mi vida estuvo prácticamente dentro del hospital”.

Pinceladas. Se recibió de médico en 1973. Su experiencia como pediatra solo fue en 1974, en el Hospital de Niños de la Plata. Junto a su esposa María del Carmen Covas formó parte de la primera camada de residentes en Neonatología. También ejercieron en la Maternidad Ramón Sardá de Buenos Aires y en el hospital Posadas, en Ramos Mejía. Trabajaron 6 años en el Hospital Italiano de Buenos Aires. En los 80, motivado por sus colegas , el Dr. Roberto Álvarez Bayón y Ramón Pérez Fontán -quien dirigía la Maternidad del Sur-, migró hacia nuestra ciudad para emprender la ardua tarea de ganarse un lugar en la historia de la medicina y neonatología local. Y sí que lo hizo.
  

El equipo. Alda destaca el grupo de médicos y médicas que se formaron en el servicio y que lo integraron. “Ha sido un grupo extraordinario. Ni hablar del grupo de enfermeras. Soy un enamorado de las que fueron mis enfermeras, las recuerdo prácticamente a todas y les tengo un cariño y admiración enorme”, dijo.  Las describió como “las dueñas del servicio” junto son los padres y recién nacidos. También señaló a la bioquímica, Dora Gamero y a Cristina Souto, quien todavía sigue siendo secretaria del servicio. 

Sobran servicios. Un poquito menos de la mitad de los recién nacidos de Bahía Blanca se asisten en el Hospital Penna, única maternidad pública de la ciudad. Y hay cuatro servicios más que asisten a la otra mitad de nacimientos. “Te diría que me parece que sobran servicios. Pienso que a lo mejor con dos servicios de Neonatología a nivel privado se podría perfectamente asistir a esa población de obras sociales y de prepagas. Muchos van a estar en contra de lo que digo pero a los 72 años digo realmente lo que pienso sin ningún tipo de remordimiento. Creo que esos hospitales podrían dar lugar a otras especialidades”, señaló.