Padre e hijo, con la misma pasión

Alberto y Lázaro Levriero están unidos por el trabajo, el deporte y el club 9 de Julio

28/2/2021 | 06:35 |

Se desempeñan en el mismo rubro, se iniciaron en el fútbol -en Pacífico y en Olimpo- y trascendieron en las bochas. 

Lázaro y Alberto Levriero, padre e hijo en una de sus funciones que comparten destrás de un mostrador. Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva.

   

Por Javier Oscar Schwab / jschwab@lanueva.com

(Nota publicada en la edición impresa)

   "Mi viejo es mi ídolo, siempre lo fue. Quizá por eso seguí sus pasos en el deporte, en el trabajo y en la vida”.

   A Lázaro Levreiro los ojos se le humedecen al hablar de su padre, Alberto. Es una admiración que va más allá de lo cotidiano.

   “Le debo haber copiado casi todo (risas). Los mismos deportes, el mismo trabajo y el amor por el club del barrio de toda la vida, como es 9 de Julio”, dice, con orgullo, el joven de 24 años.

   De profesión tintorero, en la esquina de Corrientes y General Paz funciona, desde hace 6 años, “La Mulata”, un clon de la tradicional “Oriental”, que desde hace 42 años –se fundó en noviembre de 1978- está a cargo de Alberto. La abrimos con mi mamá (Marta) en honor a las negras que lavaban la ropa. El nombre surgió por un cuadro que teníamos en casa y que ahora está en el local”, señala Lázaro, a la vez que menciona que ya existe una nueva sucursal en 12 de Octubre y Sarmiento. Trabajamos con acolchados, frazadas y plumones”, contó.

   -¿Cómo nace el oficio de tintorero?

   Alberto: -Porque en el club 9 de Julio había varios muchachos que en la década del ’70 eran tintoreros. Empezó uno, siguió otro y fui el último en sumarme.

   “Por entonces había como 40 tintorerías en la ciudad. El tiempo dio paso a los laverrap y muchas tintoterías quedaron en el camino. Subsistí gracias a los clientes y por estar muchos años en la esquina de calle Viamonte. Hoy mi caballito de batallas 4 hoteles importante de la ciudad”.

   Lázaro: -Aprendiendo de mi padre. Ayudando en el negocio, trabajando a la par. Uno se va familiarizando.

   -En el deporte también dieron pasos similares, arrancando con el fútbol.

   Alberto: -Es cierto. Jugué al fútbol y, en 9 de Julio, al básquetbol. En el primero hice inferiores en Pacífico y ahí también debuté en Primera. Luego pasé a Sporting, donde integré un gran plantel de figuras con Salvador Cicchini, el Rubén “Pocho” Nieto y Oberti. Jugaba de “8”, peleábamos arriba, era un equipazo.

   “Luego volví a Pacífico, jugué un año en Independencia de Gonzales Chaves y me retiré a los 28 años”.

   Lázaro: -Hice menores en Olimpo (10 años), luego en Huracán. Hice una pretemporada en Pacífico, pero por el laburo no alcancé a jugar. Desde hace más de un año, por culpa de Juan “Panchito” Vidili, volví a La Armonía, donde hay un grupo excelente de chicos.

   -Y las bochas, ¿cómo encajan?

   Alberto: -Cuando dejo el fútbol. Había hecho menores en 9 de Julio e, incluso, salí campeón. Pero de grande jugué en todas las divisiones hasta llegar a Primera.  Y lo hice hasta que apareció un tipo –por Lázaro- que me quitó el puesto (risas).

   “En la última década se armaron lindos equipos. Me tocó ser compañero de Juan Pablo Urra y Dante Núñez. Perdimos una final con Independiente. En ese 2010 salí campeón de parejas junto a Dante Núñez.

   Lázaro: -Lo mío es de arrastre, de ir a la cancha y seguirlo a él. Estoy viviendo una de las mejores épocas del club, con 24 años me tocó ganar 5 títulos de Primera entre tercetos y parejas.

   -¿Nunca jugaron juntos de manera oficial?

   Alberto: -Juntos no. Recuerdo que nos hemos reemplazado en algún partido, pero no los dos a la vez en una cancha. Sería muy lindo poder hacerlo.

   Lázaro: -Hemos jugado varios campeonatos abiertos de segunda y tercera. Mi viejo es mi mejor amigo, compartimos la pasión por el deporte. Cuando estamos juntos hablamos de fútbol, bochas, boxeo y básquetbol.

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   -Hablando de 9 de Julio, ¿qué les genera este buen presente?

   Alberto: -La última década, en materia de resultados, fue brillante. Hubo grandes equipos, aunque no con la capacidad de ganar tantos títulos como está sucediendo ahora.

   “Tenemos jugadores de categoría, los resultados aparecieron. Núñez, Urra (Juan Pablo y Ezequiel), Spurio, Randazzo…; todos contribuyeron con esos logros”.

   Lázaro: -Rescato mucho la llegada de Núñez. Es un genio, cuando lo conocí él estaba en Kilómetro. El día que me confirmaron que venía al club me volví loco. Encima debuté el Primera con él, en 2012. Nos hicimos amigos. Hasta hemos llegando a disputar un puesto en el seleccionado de Bahía. Ahora, con Juan Pablo, encontré madurez. No tengo el nivel de él, pero si afinidad, jugamos de memoria, me corrige y me ayuda a ser mejor.

   Alberto, ¿qué significó para vos haber dirigido a Lázaro?

   -Nunca sentí que era un técnico que podía cambiar el curso de un partido con una decisión. Sólo aporté  mi visión con alguna duda y ellos (Por Lázaro y Juan Pablo) me preguntaban. En alguna jugada dudosa se charla entre todos, nada más que eso, Hoy veo en Lázaro un crecimiento notable”.

   Lázaro, ¿qué pasa si estás en un partido y no le ves a tu viejo?

   -Uff…, ni pensarlo. Me sigue a todos lados, lo espero con ansiedad. Nos alegramos y nos amargamos juntos. Se invirtió la cuestión, porque yo era incondicional cuando él jugaba campeonatos abiertos de más de 100 jugadores.

   “Tuvo una racha ganadora de 4 o 5 torneos individuales que no me olvido más. ¿El fuerte? Para mí el bochazo al torito cerrado, es mortífero. Ganó muchos campeonatos así, jajaja”.

   -Alberto, ¿en qué final te deleitaste más con el juego de tu hijo?

   -La final memorable fue en La Armonía, ante Alem. Después de casi 60 años volver a gritar campeón de tríos resultó inolvidable. La emoción de la gente del club, lo que hicieron los chicos adentro de la cancha…

   -¿Tienen anécdotas para contar?

   Alberto: -Con “Cacho” Fabiani, un jugado inteligente que no regalaba nada. Hasta tenía cierta cuota de sacar alguna ventajita. Una vez jugábamos en cancha de Tiro y el juez se había olvidado de anotar un tanto para el rival. Empieza la mano para el otro lado y los jugadores del Tiro se avivaron que el juez no había marcado el tanto. Cuando el árbitro le consulta a ‘Cacho’, siendo que ya se había jugado el chico, éste le responde: ‘A no sé, si te olvidaste es problema tuyo’. Nos querían matar, menos mal que perdimos porque no salíamos de la cancha”.

   Lázaro: -En un torneo en Pergamino. Me dirigía Juan Pablo (Urra). El partido era a 12 tantos y estábamos cabeza a cabeza (10-10). En una mi rival tira un bochazo y equivocadamente le pega al bochín, que sale disparado pega en una bocha y me da en la panza.

   “Cuando cae al suelo levanto la vista y veía que todas las bochas eran mías; me quedaba con todos los tantos, pero tenía que cantar si la jugada era mala o buena. Si cantaba buena la jugaba se anulaba y de lo contrario se volvía todo a su lugar y yo seguía con mi tanto, pero sin hacer partido. Lo miro a Juan Pablo y me dice: ‘No lo hagas…’ Sin convencimiento le digo: ‘es buena’.

   "Entonces mi rival va a buscar la bocha que le quedaba, por lo que la jugada se volvía para atrás, se debía anular la mano. Entonces reaccioné, agarré el bochín y acomodé todo como si nada hubiese pasado.

   “Viene el tipo, me dice: ¿qué pasó acá? ¿no habías cantado buena? Puse cara de piedra: ‘no, yo canté mala’. Juan Pablo se puso bordó, me dijo: ‘vos sos un hdp, te voy a matar’.

   -¿Cómo siguió?

   Lázaro: -Mi rival renunció a la bocha, yo la puse al chico y gané el partido. Juan Pablo agarró el termo, me sacó de la cancha volando…; me dice: ‘salí de acá porque te voy a matar. Me equivoqué, hice trampa. La cara del ‘Paisano’ me hizo reflexionar, aprendí que así no era. Por eso Juan Pablo es técnico de Selección”.

A ‘Dona’ la cargamos porque es la única Levriero que jugó un torneo para otro club. Para Independencia. Una genia, fue campeona provincial Sub15. Tiene mucho talento”, contó Lázaro Levriero.

   -Que bueno es tener una integrante bochófila en la familia.

   Alberto: -Donatella. Vio tantos partidos, se comió tanta baranda que terminó aprendiendo. Por arrastre, de llevarla a la cancha se entusiasmó.

   Lázaro: -Un día me dijo: ‘quiero jugar’. Y con 11 años se metió a la cancha. Encima una vez Colantonio le dijo: ‘La verdad Donatella, con todos los partidos que te viste vos seguramente vas a jugar bien’.

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