Entre bochas y amigos

Pablo Dalgalarrondo trabaja para que “El Puma” no sea especie en extinción

21/2/2021 | 06:35 |

En Berutti 1686, el club adquiere la fisonomía de barrio mantenido por los vecinos. “Llevo 30 años ligado”, afirma Pablo.

Por Javier Oscar Schwab / jschwab@lanueva.com

(Nota publicada en la edición impresa)

   "Empecé a frecuentar a los  14 años y me quedé. Hoy, además de jugar, tengo la responsabilidad de cuidar estas instalaciones".

   Pablo Dalgalarrondo es el alma del club El Puma. Si todavía está abierto es por la insistencia de él, de sus hermanos (José, Fabio y Jorge) y de los vecinos de la institución de calle Berutti 1686.

   "Todos aportan su granito de arena. Sólo tenemos bochas, pero acá la cancha no se cobra. El que viene a jugar, juega".

   Luchando por una personería jurídica que se demora en la justicia, y por recuperar terrenos y un par de canchas de pádel que estuvieron en concesión durante 10 años, lo que se había estipulado, pero "nunca las devolvieron, y eso que es gente que estaba en el club".

   Su meta es regularizar la situación, armar una comisión y disponer de socios.

   “No tengo cargo oficial porque hay una comisión normalizadora; ahora somos tres que manejamos lo que podemos. Venimos al club en todo momento, siempre estamos pendiente", afirmó.

   “La pandemia nos frenó en temas legales. Pero aún con limitaciones, porque sólo tenemos una cancha de bochas, una cantina y un salón, viene mucha gente a apoyar, a colaborar, ya sea en un asado, rifa o  torneos organizados", contó.

   -Sería otro ingreso adicional.

   -Exacto. Con personería jurídica tendríamos otra posición. Atrás también hay terrenos del club, que son de 30 por 60 metros; y dos más de 60 metros de frente por 60 de fondo sobre calle Estados Unidos, donde también tenemos una salida.

   "Un día vamos a recuperar todo y el club volverá a crecer, le haremos la mejoras que se merece", se esperanzó.

   Pablo Dalgalarrondo dio vuelta la página, se enfocó en el plano deportivo y allí ponderó a Abel Santanafessa -su "profe" en el inicio en las bochas-, Antonio Pizzo, Carlos Paz, Adon y Héctor Sánchez y Alfonso Nungeser.

   "La cancha debería llevar el nombre de 'Tito', quien estuvo como 35 años en el club", remarcó.

   -Hiciste menores, pero ¿cómo llegás a Primera?

   -Jugué en menores, luego en Segundas y Tercera y, finalmente, por recomendación de Nungeser, en Primera. Me vio  condiciones para arrimar y habló con Santanafessa. Tenía 17 años, me ayudaron mucho. 

   "Desde entonces llevo más de 30 años en El Puma. Nunca acepté irme a otro club, porque ofertas no me faltaron", sintetizó.

   -Fuiste parte del último ascenso a Primera.

   -Se dio porque se desafilió un equipo. Desde entonces nos mantuvimos con gente de acá y equipos competitivos, como el que integré con Héctor Grigolatto y Dardo Labastié. Entramos a un playoff de tríos, pero perdimos con Tiro Federal en el sintético, luego de haber ganado en nuestra casa. Hicimos un buen partido.

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   -Y también saliste campeón.

   -Sí, en parejas. Con Dardo Labastié, con quien jugé 12 años. Un gran bochador y un señor dentro y fuera de la cancha. El marcaba mi punto de equilibrio porque era muy tranquilo y se daba cuenta cuando yo me sacaba.

   "Sabía acomodarme, decirme la palabra justa. Es fácil jugar con un compañero que entiende muy bien el juego".

   -¿Tenés una anécdota con el "Negro" Morantes?

   -Era suplente de él, de Nungeser y De la Canal. Morantes estaba herniado, se empezó a descomponer y me dice: "Pablo andá para el salón y ayudame a estirar las piernas". Pero Alfonso retruca: "cambiate y entrá".

  "El 'Negro' fue al salón y yo me cambié, pero entré a la cancha. Pudieron más las ganas de jugar (risas)".

 La cancha de El Puma, con gente que aprovecha todos los días.

   -¿A quién admirás como jugador de bochas?

   -A (César) Colantonio, lo mejor que vi. Hoy hay grandes jugadores como Cristian Zapata, Luciano Bardelli y Daniel Vitozzi, pero yo me quedo con las imágenes de lo que pude ver de César; y eso que lo agarré cuando estaba grande.

   -Se viene el torneo de parejas. ¿Vas a jugar?

   -El Puma dará el presente (risas). Lo voy a jugar con Juan Merlos y Sergio Bazán.

   -¿A los partidos vas acompañado?

   -No siempre. En ocasiones por mi señora (Karina) y mis hijas (Mélani y Morena). Ellos son muy importantes para que pueda hacerlo, ya que mi trabajo insume muchas horas.

   -Dicen que sos buen facturero...

   -Jajaja. En Donuts (Sarmiento y Witcomb) lo pueden comprobar. Hice cursos en Buenos Aires y en Bahía, y soy maestro panadero y facturero.

   "El secreto de la factura está en la margarina. Cocinarla en distintos horarios para que la gente las coma fresquitas. También en la materia prima, porque los huevos, la leche y la manteca tienen que ser de calidad", contó.

   -¿El oficio nace por gusto?

   -Porque a dos cuadras del club había una panadería a la que concurría de chico para rallar el pan. Me hice amigo del dueño, me gustó el oficio y ya son 35 años de dedicación. Hice cuatro cursos de margarinas y levaduras en Calsa Escuela de Panadería, en Capital Federal. me instalaba 10 días, hacía las prácticas por la maña y por tarde rendía.

   "Luego completé con cursos dictados en Bahía por profesionales de la actividad que venían para eso. Un chef profesional, enseñanza de la técnica. Fueron más de 40, pero puedo decir con orgullo que soy maestro panadero y facturero".

   -¿Y en día a día aprendiste de alguien conocido?

   -Tuve un gran maestro como Julio Schmidt. Mi aspiración pasa por seguir aprendiendo y sumando sucursales con productos de excelencia.

 

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