Bahía Blanca | Sabado, 13 de abril

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Tenemos gas y petróleo, y el mundo lo necesita y lo aprovecha

En nuestro país se vienen dictando normas para utilizar racionalmente la energía y los productos derivados del petróleo.

   El petróleo y el gas alcanzan el 90% del total de la oferta energética del país. La Argentina no consume cantidades significativas de carbón (0,9% del total), a diferencia de otros países como China, los Estados Unidos o Alemania, donde el carbón es una de las fuentes más utilizadas todavía.

   El consumo de energía mundial aumentó un 2,9 por ciento en 2018 alcanzando el equivalente a 13.800 millones de toneladas de crudo, donde China se posicionó como el principal consumidor de energía primaria.

   Si bien Argentina tiene recursos propios para autoabastecimiento de petróleo y gas, el petróleo es un recurso natural no renovable, por lo que su existencia es limitada. Es por esto que se vienen dictando normas para promover el uso de energías alternativas, y utilizar racionalmente la energía y los productos derivados del petróleo en aquellos sectores en que aún es irremplazable, como la petroquímica. 

   Argentina emitió leyes que establecen que las energías renovables deben representar el 20% del consumo de energía eléctrica nacional para el año 2025.

   Dado que actualmente dicha participación es del 1,8%, se necesitan fuertes inversiones para lograr este objetivo en los próximos años. El sector más desarrollado es el hídrico, el eólico y en menor medida el fotovoltaico. La eólica ya alcanzó una generación superior a los 900 MW.

   La capacidad de las energías renovables del país para avanzar en la transición energética tiene un nivel de competitividad que ofrece una solución para construir una nueva matriz energética que cumpla con los objetivos de seguridad, equidad y mitigación climática.

   Estamos en el momento de abordar el proceso de descarbonización de la economía, como el resto del mundo, impulsado por el cambio climático, la concertación internacional lograda en el Acuerdo de París en 2015 y el aumento del compromiso de reducción de emisiones de Argentina en su segunda contribución nacional.

   Aparece aquí la necesidad de desarrollar un plan integral federal de largo plazo, impulsar la industria nacional y facilitar el financiamiento para el crecimiento del sector y la generación de empleo.

   Esto no indica que cerremos la producción de combustibles fósiles, ya que es uno de nuestros fuertes en la matriz económica.

   Es necesario el proceso de redireccionamiento del producto a segmentos en que no tengan reemplazo, y buscando mayor eficiencia en los usos energéticos, especialmente el transporte, el mayor consumidor de energía fósil.