Bahía Blanca | Viernes, 09 de diciembre

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Los primeros pasos exportadores: el momento exacto del click en la ciudad

La década del '70 marcó un antes y un después en la infraestructura portuaria local, que fue el punto de partida para esta etapa exportadora. Esta es la historia que nació con los primeros elevadores.

   Si uno tuviese en un espacio público un mural de Picasso, un tapiz de Miró o una escultura de Miguel Angel, jamás se le ocurriría demolerla, quemarla o romperla con la simple excusa de obtener "más espacio".

   Este concepto, tan elemental para ciertas inquietudes artísticas, difícilmente se analice con tanta claridad conceptual en edificios de valor arquitectónico.

   Pareciera que siempre existe el fin superior que justifica la destrucción de estas obras de un arte público cuyo valor no debiera ignorarse.

   Esto sucedió con dos edificios emblemáticos de Ingeniero White: sus primeros elevadores de granos, construidos entre 1908 y 1910.

   Por aquella época, la estructura portuaria había colapsado ante el movimiento de granos de la zona y la llegada de decenas de buques de ultramar.

   Los vagones eran insuficientes, la mano de obra comenzaba a escasear y toneladas de cereales esperaban en las estaciones ferroviarias.

   Fue entonces que el Ferrocarril del Sud decidió la construcción de dos modernos elevadores de granos, equipados y diseñados de acuerdo con la más alta tecnología existente en el mundo.

   Su diseño respondió a un osado modelo de la denominada "arquitectura industrial", al tiempo de ofrecer una revolucionaria resolución constructiva.

   Prefabricados, llegadas sus partes desde Inglaterra debidamente identificadas, su montaje era un muestra del avance de la ingeniería y la racionalidad constructiva.

   Estructuras de hierro, material por excelencia de la revolución industrial, revestidos en chapa (un avance respecto al uso del ladrillo), piezas estandarizadas y elementos mecánicos a la vista eran parte de una propuesta que el tiempo se encargaría en convertir en uno de los modelos más puros y ricos de la arquitectura mundial.

   Especialistas del tema se maravillaron cuando, a principios de la década del 70, se toparon con esta obra, superior por estética y diseño a cualquiera existente en Buenos Aires y Rosario.

   Por entonces, el mundo había comenzado precisamente un proceso de revalorización de su patrimonio arquitectónico e industrial y los elevadores de White se posicionaban como aspirantes a ser Patrimonio de la Humanidad.

   Todo esto sucedía dentro de la mente y el sentimiento de unos pocos entendidos que ignoraban lo que estaba por ocurrir.

   En marzo de 1977, ajenos al valor de la obra, las autoridades del primer puerto exportador de granos del país, proyectaron modificaciones, "mejorando su operatividad con las nuevas exigencia del mercado internacional".

   De acuerdo con un estudio realizado por la Junta Nacional de Granos y la Dirección Nacional de Construcciones de Elevadores de Granos, la medida incluía "el desmantelamiento de los viejos elevadores de hierro y chapa".

   Aunque suene a increíble, la desaparición de estos edificios y otras reformas incrementarían en un 50 por ciento el rendimiento operativo del puerto. 

   En 1978 una empresa porteña llegó a nuestro puerto y, sin muchos miramientos, ante la indiferencia generalizada, desarmó los elevadores, dejando inutilizado el muelle que esperó (y espera) las obras ideadas y creando un vacío en el paisaje urbano portuario.

   Cuando a fines de los 70 regresaron a la ciudad aquellos expertos de arquitectura, simplemente no podían creer lo que veían: Los elevadores no existían más. Habían desaparecido para siempre.

   Siempre es alentador cuando de las grandes tragedias se generan enseñanzas capaces, no sólo de evitar que vuelvan a ocurrir, sino que, además, se mejoren las condiciones generales.

   Hoy el muelle de los elevadores sigue degradado, pero es parte de un estudio para incorporarlo junto al Castillo (ex Usina eléctrica, ahora Monumento Nacional) como parte de uno de los pocos paseos que tendrá la costa bahiense.

   Fotos de los elevadores, algunos de sus componentes estructurales y otros elementos intentarán, entonces, evocar las valiosas obras. 

Un poco de historia

   El 15 de julio de 1944, el Ferrocarril del Sud entregó a la Comisión Nacional de Granos los tres elevadores que esa empresa había construido en el puerto de Ingeniero White.

   Productos de la explotación que el ferrocarril hacía del puerto comercial, dos de esos elevadores fueron construidos en 1909, por la empresa inglesa Walker y Compañía, con estructura independiente de acero revestida en chapa. 

   Inmediatamente de terminados, su perfil se incorporó al paisaje urbano, a tal punto que, según se menciona en el "Libro del Centenario" de "La Nueva Provincia" (1928), no era posible separar de la mente de quien por primera vez visitaba Bahía Blanca, "la inconfundible silueta de los elevadores de Ingeniero White".

   Es que, además, eran "centinelas avanzados de la civilización y exponentes de la capacidad productiva y comercial de la ciudad y la zona".

   Pero no sólo eso: los elevadores eran una muestra única de arquitectura.

   "La limpieza de diseño y la esencialidad con que están resueltas sus partes hacen que sean ejemplos en su género", señaló Jorge Gazaneo, en su libro Arquitectura de la Revolución Industrial.

   Pero, volviendo a aquella jornada de 1944, el traspaso de los elevadores se cumplió en virtud del decreto del PE que declaró de utilidad pública ese tipo de instalaciones. 

   Curiosamente, los ingleses los entregaron sin mayores historias, "habiendo cobrado el monto de compensación que legítimamente corresponde a la empresa".

   Ya en manos del Estado, comenzó una compleja historia de intereses y olvidos que por tanto tiempo postergó a nuestro puerto.

   Y, en una de esas idas sin regreso, circunstanciales funcionarios decidieron (1978) desarmar las históricas estructuras, con lo cual se perdió un insustituible testimonio.