Bahía Blanca | Viernes, 19 de agosto

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El “Pato” Bilbao dejó parte de su vida en Liniers y sembró una semilla que dio sus frutos

Está cerca de cumplir los 70 años y lleva 50 como dirigente. Es una persona querida y respetada en el ambiente del fútbol. Y tiene muchas cosas para contar.

La estampa del dirigente, que también se dio el gusto de jugar en Primera. Fotos: Jano Rueda-La Nueva.

 

Por Javier Oscar Schwab / jschwab@lanueva.com

(Nota publicada en la edición impresa)

 

   Simple, de trato agradable y sonrisa fácil… Pocas palabras alcanzan para describir al enorme “Pato” de Liniers.

   De infancia pueblerina, porque nació en Tornquist y permaneció allí hasta los 6 años, José María Bilbao es uno de los dirigentes más queridos y respetados del fútbol bahiense gracias a su encomiable labor.

   Un vasco amable, derecho, que arrancó de abajo y ya lleva 50 años ligado a la institución de la avenida Alem.

   “Cuando llegamos con mi mamá y mi hermano (Alberto Joaquín) nos tiraba Pacífico, por los colores, ya que éramos hinchas de Unión de Tornquist.

   Pero el destino, al vivir en Perú 122, nos jugó otra pasada”, recuerda José María, quien se emociona al hablar de su hermano.

  “Se llama igual que mi viejo. Y es el culpable de mi trayectoria en Liniers (risas)”, admite.

   “Un día me dijo: ‘Vamos a este club que tiene pileta’. Y fuimos…”, contó.

   No había dinero para la revisación, pero sí tiempo para aguardar pacientemente en la entrada que alguien se apiadara de ellos. 

   “Un dirigente de apellido Campetti nos preguntó: ‘¿Ustedes son del club? Sí, le dijo mi hermano, pero no tenemos plata para entrar a la pileta”. 

   El dirigente –con una visión admirable- se apiadó, habló con el encargado y el pase a la pileta fue por toda la temporada e incluía, además, ingreso a la Pista Roja para ver los midgets.

   “Era como ir a Miami, jajaja. Me fui encariñando, hice divisiones menores y llegué a Primera. Jugué 6 partidos, pero los estudios (Ingeniería Mecánica en la UTN) y el trabajo me obligaron a dejar”, afirmó.

   -¿Te desligaste de club?

   -Hasta que apareció Adolfo Larrarte. Me vio parado en la UTN, arriba de un Citroën 2CV bastante nuevo que me había comprado. 

   “Me dijo: ‘Don Tato (no pronunciaba la p…) usted tiene que venir al club, podría ser un buen dirigente’. Le parece, don Adolfo. ‘Si, vaya el miércoles a la reunión a hablar con mi hijo, el Chino’”, sostuvo.

   -Te conocían como jugador.

   -Sabían que estudiaba Ingeniería Mecánica. Cuando terminó la reunión me dijeron: ‘Bueno Bilbao, hay dos canillas en el vestuario local que no andan’. Fue mi primer trabajo, cambié dos cueritos y de allí en más los pedidos llovieron, jajaja.

   -¿Quiénes fueron tus espejos?

   -A través del tiempo hubo dirigentes modelos, pero Arnaldo Leija Castelli me ayudó muchísimo. Aprendí, tenía 20 años. Arranqué en la subcomisión del fútbol mayor. A la directiva llegué más tarde, de la mano de Raúl Digniani”.

   -¿Nunca te tiró ser presidente?

   -Nunca lo quise ser. Podría haber sido, pero hay temas que no me gustan, ya sea papelería o trámites. Soy más capaz en otras funciones. Con el tiempo ocupé puestos importantes en el club y en la Liga del Sur (vicepresidente), donde soy el asambleísta más viejo. Voy a cumplir 70 años (el 25/1)”, señaló.

   -¿Por qué le dedicó  tanto tiempo a la institución?

   -Yyyy, por ahí me molesta un poco haberle quitado tanto tiempo a mis hijos (los mellizos Lucas y Marcos, clase '79, que fueron campeones con Liniers varias veces; Pablo, de la '80, el que más jugó, y el kinesiólogo José Joaquín -88'-) y mi señora (Mónica).

   "Lo demás no. Mi misión es ir al club a hacer amigos".

   -¿Te gusta ver cómo está hoy Liniers?

   -Me encanta. Sobre todo porque crece de la mano de dos pases importantes como (Agustín) Bouzat y (Lautaro) Martínez, que son dos hijos nuestros.

   -Lo vivís en carne propia.

   -Exacto. Estuve 30 años con las divisiones menores. Mis guías fueron Rodolfo Carapella, luego Néstor Herrero y Omar Correa. La lista es larga, jajaja; hicimos un camino que siguen los chicos del club.

   “De los viejos quedamos dos: ‘Tito” Piro y yo, que soy vicepresidente primero”.

   -¿Tu mejor momento en el club?

   -En 1995, cuando ganamos el campeonato después de 48 años. Se cerraba una etapa linda, con dos títulos consecutivos.

   “Antes, en la década del ’80, pudimos comprar estas tierras del Zibecchi. Son 24 hectáreas, hoy cubiertas con obras e infraestructura. Un sitio soñado”.

   -Llegás y lo ves a Techera subido a un tractor cortando el pasto. ¿Qué te genera?

   -Satisfacción. Eso es sentido de pertenencia. Como él hay muchos chicos que dan una mano desinteresadamente. Nuestro mensaje lo trasladan ellos a futuras generaciones.

   -¿El peor momento?

   -Pasamos varios. Hubo momentos económicos difíciles, en ocasiones por la situación de país. Remás, remás y no podés salir. Te salvan las convicciones.

   -¿Pusiste de tu bolsillo?

   -(Risas). Ahora no porque estoy en otra etapa, pretendo dejar mi negocio, que mantuve durante 40 años, y estoy jubilado. Pero recuerdo cuando llegamos al Argentino “A” con un plantel competitivo.

   “Hoy los chicos hacen un esfuerzo grande para mantener un equipo, pero no va en desmedro de las arcas del club. Es algo aparte, y eso tranquiliza”.

 Generaciones.  Adrián Echeverría (izq.), el "Pato", Johnny Moore, Alberto "Pichu" Desideri y Carlos "Carmiña" Quinteros.

 

   -¿Cuántos pibes hay en el club en este momento?

   -Unos 600 en movimiento. Es mérito de todos. Hace 6 años tuvimos una época mala, con atrasos y, sin embrago, los socios y la gente del club aguantó.

   “Hoy en el Zibecchi hay buffet, próximo a estrenarse, con una barra armada con tablones de la cancha; kiosco y un negocio de ropa deportiva. Tratamos de mantener la historia del club. Hay 14 canchas y una de softbol modelo, con iluminación de primera.

   -¿La cancha N°3 es especial?

   -(Se emociona). Fue el primer día que traje a mi vieja (Amalia), a quien perdí hace dos años, cuando ella tenía 99. Mi madre no conocía nada, me decía: “¿Otra vez vas al club?”.

   “En ese reconocimiento se dio cuenta que mucha gente me aprecia. Hasta el intendente estaba ese día…”.

   -Sos parte de la historia.

   -Cuando le pusimos el nombre "Arnaldo Castelli" a la cancha N°1 me tocó hacer el discurso. Terminó el acto y yo pensaba: "qué bárbaro, Arnaldo quedará en la historia, aunque muchos chicos ni van a saber quién fue esa persona". 

   “Cuando me pasó a mí la sensación fue similar. Pensaba: ‘¡Cuántos chicos van a pisar esta cancha...!’”.

   -En Primera hiciste amistad con los jugadores.

   -Son como mis hijos. Me invitan a las cenas (Techera, Olea, Suay, Puliafito, Malerba, Yulita...). Un grupo hermoso, un arraigo increíble.

   “El día que Yulita metió el gol de tiro libre en cancha de Sporting quedé maravillado. Es como un hijo que te agradece lo que ayudaste a crear”.

 

¡Cómo no te voy a conocer si vos sos parte de mi vida...!

   -¿Te acordás del polémico penal en Pigüé?

   -¿Cómo? Cuando vi que nos empezaban a correr me desesperé. Estaba adentro de la cancha, no me di cuenta de la jugada del penal entre “Pulia” y Yulita. Casi nos matan…

   -¿Es cierto que te esperaban cuando salías de trabajar?

   -Salía del negocio, iba a la pileta y les pagaba una gaseosa. No se olvidan.

   -¿Alguna vez te sorprendieron?

   -Muchas. Recientemente me crucé con un chico que me saluda: “Hola Pato, como está. ¿Me conoce?". Le digo: 'Vos jugaste con nosotros, ¿quién sos?' Cuando me dice el nombre le tiré: ¿Cómo me conociste? Me miró fijo: ¡Cómo no te voy a conocer si vos sos parte de mi vida…!”

   -¿Por qué?

   -El pibe no venía a jugar y Néstor Herrero me comentó la situación. Fui a la casa, en calle Zelarrayán al 2500, y el padre me dice: “No le puedo comprar zapatillas y mucho menos botines”. 

   “Me agarró una desesperación tremenda, no lo podría creer. Fui al negocio de Libermann, compré botines y se los llevé. El pibe se acordaba de todo eso y lo relacionó con su vida”.

 

“Una vez un chico se desmayó porque no tenía para comer”

   -¿Es cierto que una vez se desmayó un chico adentro de una cancha del Zibecchi?

   -Sí. El pibe jugaba de wing derecho, estábamos en la cancha 1. El papá lo había abandonado y la madre, que estaba muy enferma, se acercó cuando terminó el partido y pidió hablar especialmente conmigo: “Sabe que pasa Bilbao, hace una semana que no comemos. Mi hijo está débil". Quedé paralizado.

   “El doctor Torcuati, que era miembro de la comisión directiva, me pidió que consiguiera la dirección. Juntamos cinco autos, llenamos los baúles y le dejamos comida para varios meses.

   “No resolvimos nada, pero aliviamos esa situación del momento. Arnaldo siempre me decía: ‘Cuando vas caminando, tenés que mirar al costado’. Estas cosas se presentan todos los días”.

   -Estas situaciones pasan en muchos clubes.

   -Seguramente. Una vez, un club importante de Bahía  Blanca no completó el equipo porque los chicos no podían pagar la cuota y no los dejaban entrar a la cancha. En la siguiente reunión de comisión directiva tomé la palabra: “El día que yo vea que un chico está llorando en la puerta del club o del predio porque no pudo entrar por no pagar una cuota, no me esperen más, no vengo más…”.