A 40 años de su muerte 

Bill Evans, un verdadero renovador del piano en el jazz

15/9/2020 | 06:30 |

El magnífico músico brindó conciertos en Buenos Aires (en 1973 y 1979) dejando su sello en cada presentación.

Carlos Carrizo /  Especial para "La Nueva."

   Pocos músicos lograron  influenciar con tanta energía creativa en la historia del jazz como Bill Evans, pianista de aspecto humilde y retraído, a quien tuvimos la fortuna de conocer y fotografiar en sus presentaciones concretadas en Buenos Aires.

   El debut se concretó el 24 de junio de 1973 en el Gran Rex, sala que solo estuvo cubierta en su mitad, tal vez porque era un domingo a la mañana y muchos músicos y adeptos se acostaron muy tarde.

   En un magnífico concierto, Evans demostró su lucidez para embellecer conocidas melódicas sobre la base de un tejido armónico y rítmico inusual para la época, donde el contrabajo (Eddie Gomez) y la batería (Marty Morell) generaron una conexión musical apasionante.

   El repertorio incluyó Emily, Dos personas solitarias, Que haras el resto de tu vida, Mi romance, Hermoso amor, Vals para Debby (dedicado a su sobrina), Mi tonto corazón y una sentida versión de Esta tarde vi llover, el tema de Armando Manzanero, todos vertidos con un toque tan elegante y seductor, como altamente expresivo.

   La segunda actuación fue en el Teatro Opera (septiembre de 1979), un año antes de su muerte, con su renovado trío, donde se habían incorporado Marc Johnson y Joe La Barbera, función que repitió días después en el Teatro General San Martín.

   Fue en esa ocasión que pudimos entrevistarlo y obtener estas opiniones:

   “Me siento muy bien, ya que pude conformar mi nuevo trío. Había pensado en el contrabajista canadiense Michel Donato, pero me decidí por Marc Johnson y el baterista La Barbera. Pienso que mi música sigue dinámica y siempre fresca”.

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   “Realmente no puedo analizar en qué momento se encuentra la evolución del piano en el jazz; no sigo de cerca a mis colegas. Si suelo escuchar a Richie Beirach y Warren Bernhardt, con quienes tengo estrecha amistad. Trabajo en mi estilo y no avanzo deliberadamente hacia ninguna dirección”.

   “De mi labor junto a Miles Davis (con el que estuvo solo ocho meses) rescato su consejo de seguir evolucionando con mi propio trío y consolidar mi estilo. Con el grabé Blue in green, de mi autoría, pero luego quedo registrado  a su nombre, porque le había introducido acordes propios”.

   “Creo en la inspiración, pero no como algo controlable. Confío más en el trabajo constante. Con el trío venimos de tocar dos semanas seguidas en Nueva York y notamos mejorías en nuestro nivel musical”.

   “Entre los pianistas que me agradan están Nat Cole, Bud Powell, Al Haig, Wynton Kelly, McCoy Tyner, Herbie Hancock, Chick Corea. De todos he aprendido algo. En el rubro de los clásicos a: Mozart, Brahms, Stravinsky, Bartok”.

   “De mis registros estoy conforme con los discos junto a Sam Jones y Philly Joe Jones (1959), con Scott La Faro y Paul Motian en el Village Vanguard (1961), el trio con Gary Peacock y Paul Motian (1964) y el primer disco con la orquesta de Claus Ogerman (1965). No me gustan algunos comerciales, como música de filmes y cortos publicitarios”.

   “El problema de las grabaciones reside en que hay que estar temprano a la mañana en el estudio y no siempre las cosas salen bien. Por eso me agradan varios discos registrados en conciertos y festivales, como las tres placas de Montreux”.

   “¿Mi opinión sobre el jazz-rock? No me agrada, porque no noto mucha creatividad, que es lo que me interesa. Y si muchas intenciones comerciales”.

El final 

   Adicto desde muy joven a las drogas, Bill Evans tuvo notorios altibajos en su vida familiar y profesional. Compuso 65 temas, donde figuran los dedicados a sus tres parejas: Ellaine, Nenette con quien tuvo a Evan, su único hijo, y a Laurie Verchomin, joven que lo acompaño en  los últimos 18 meses de su vida. También a su hijastra Maxine, a su sobrina Debby y a su manager Hellen Keane. El último, no grabado, se titula Evanesque.

   Murió en la tarde del 15 de septiembre de 1980, de una severa hemorragia estomacal complicada con una bronconeumonía, en el hospital Monte Sinai, de Nueva York, donde había sido llevado de urgencia en el auto de Joe La Barbera, acompañado de Laurie. Tenía 51 años.

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