Ramón Estomba, el hombre sin rostro

6/4/2020 | 11:22 |

La increíble historia del cuadro que pretendió ponerle cara al fundador de nuestra ciudad.

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

   Hace 192 años, para estos días, el coronel Ramón Bernabé Estomba ya estaba a medio camino entre el Fuerte Independencia (hoy Tandil) y la zona de Bahía Blanca, donde tenía órdenes del gobernador Manuel Dorrego y del comandante de fronteras Juan Manuel de Rosas, para establecer un nuevo poblado.

   Para Estomba era, a sus 37 años de edad, su primera misión de paz. Toda su vida había sido soldado, participando en decenas de batallas por la independencia, a las órdenes de José de San Martín, de Manuel Belgrano y de Simón Bolívar.

   Llegó el 9 de abril de 1828. Armó su campamento junto al arroyo Napostá, firmó el acta fundacional y al día siguiente recorrió el lugar junto al ingeniero Narciso Parchappe, buscando el sitio más conveniente para construir el fuerte. El 11 de abril, solados y civiles daban las primeras paladas marcando el perímetro de la Fortaleza Protectora Argentina.

Retrato "literario" de Estomba, 1980

Quebrar el olvido

   Estomba quedó al mando del fuerte hasta fines de 1828. Se marchó en su caballo apenas comenzaba 1829, para unirse a las fuerzas de Juan Lavalle. Nada se supo de él hasta meses después, cuando llegó la noticia de su fallecimiento, ocurrido en junio de ese año, a sus 38 años de edad.

   Su nombre hubiese quedado sepultado en el olvido como el de miles y miles de soldados de no haber sido por ese acto fundacional realizado en su último año de vida. Bahía Blanca lo reconoció siempre como su fundador y como tal siempre le rindió honores.

   Por eso en 1928, año del centenario de la ciudad, un grupo de vecinos buscó disponer de un retrato que lo evocara. La tarea era casi una utopía. En vida de Estomba no existía la fotografía y hacerse un retrato pictórico era una práctica reservada para pocos. Tratar de encontrar, cien años después, algún elemento que diera cuenta de los rasgos del fundador era poco menos que un imposible. Hasta que se llegó al platense José Fonrouge, reconocido pintor y retratista, quien alimentó esa esperanza.

Lo tengo

   Fonrouge tomó en serio el encargo y viajó a Montevideo, donde vivían familiares –sobrinos y sobrinas—de Estomba. A los pocos días llegó la noticia a la ciudad: había hallado una pintura con los rasgos de Estomba. Ahora sólo debía ponerse a trabajar. Para su trabajo tomó un modelo, muy habitual de la época, de las pinturas francesas de militares, duques y emperadores. La pose de un hombre de pie, con espada, las medallas, el uniforme, un paisaje y un cañón.

   Unos días antes del 11 de abril de 1928 el cuadro llegó a la ciudad. Los diarios locales se apresuraron a publicar una fotografía de la obra, la Municipalidad lo colocó en el Salón Blanco para darlo a conocer el día del aniversario y "La Nueva Provincia" le dio un lugar de privilegio en su Libro del Centenario. Todo estaba listo, hasta que se armó el escándalo.

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El cuadro de Estomba, publicado por La Nueva Provincia, 1928

De coronel a duque, de Rosas a Napoleón

   Todo cambió cuando un crítico de arte de Buenos Aires vio la foto del cuadro y no dudó en desenmascarar lo que, a su criterio, era un fraude, un engaño.

   Ese no es Estomba, dijo el hombre, sino Edouard Mortier, duque de Treviso y Mariscal de Francia, según una pintura de Charles Lariviére, a su vez copiada del original que Marie Nicolás Ponce-Camus pintó por encargo de Napoleón Bonaparte.

   Fonrouge no tuvo muchas chances de dar su versión de los hechos, ya sobre la fecha del aniversario, y sus explicaciones desde La Plata no alcanzaron para superar el margen de duda. La pintura fue descolgada, escondida y el hecho superado.

   Ahora, ¿Fue realmente un embuste lo de Fonrouge? ¿O hizo bien su trabajo y su obra reflejaba realmente los rasgos de Estomba?

El duque de Treviso, inspirador del retrato hecho por Fonrouge

   Que la pose del supuesto Estomba es copia de otro, es claro. Pero eso era habitual en la época y se supone que, apremiado por los tiempos, Fonrougue recurrió a esa práctica. ¿Pero, y el rostro? Claramente los rasgos asignados a Estomba nada tienen que ver con los del duque de Treviso. Son diferentes. Fonrouge puede haber copiado cuerpo, pose, fondo y paisaje. Pero no la cara.

    ¿Puede haber encontrado Founrouge una imagen de Estomba en Montevideo? Es difícil de asegurar. Pero sí puede haber hallado fotos de familiares del fundador.

   Hace algún tiempo, Héctor Zanetti Estomba, residente en Montevideo, de quien Estomba era tío tatarabuelo, consultado sobre la cuestión, confirmó que, efectivamente, “no existen imágenes de Ramón Estomba”, pero sí de su hermano,  su tatarabuelo, Juan Antonio Estomba, y también de dos sobrinos del fundador, los coroneles Pedro Belisario y Juan Antonio Estomba. Es posible que Fonrouge haya visto esos cuadros y que su dibujo siguiera esos lineamientos. Con lo cual el embuste no sería tal y aquel retrato podría adquirir otra dimensión.

Belisario Estomba, sobrino del fundador

Entre lo literario y lo inexistente

   Hoy Estomba tiene su retrato “oficial” en la ciudad. Fue pintado en 1980 por el comisario Jorge Muñoz, de la policía federal, quien utilizó la técnica del indetikit para completar “un dibujo literario, imaginado”. Los descendientes de Estomba aseguran que el mismo “nada tiene que ver con los rasgos de su familia”.

   ¿Qué es de la vida del retrato de 1928? No existe más, desapareció. Hasta la década del 60 algunas crónicas periodísticas databan su presencia en el Museo Histórico local, pero desde hace (demasiado) tiempo se ha perdido todo rastro de la obra. 

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