Ocho desafíos para Bahía Blanca a ocho años de llegar a su Bicentenario

11/4/2020 | 07:00 |

A corto y mediano plazo se definirá el futuro de importantes proyectos, varios de ellos destinados a solucionar problemas estructurales de larga data en la ciudad.

Por Adrián Luciani / aluciani@lanueva.com
Audionota: Guillermo Crisafulli (LU2)

   Si bien todo aniversario se convierte en un día propicio para la reflexión, también es cierto que las fechas redondas constituyen los momentos más elegidos para plantearse qué se ha hecho bien y qué no, cuánto camino se ha recorrido y cuánto falta aún.

   Y este rol se agiganta si el aniversario es un bicentenario. Hacia allí se ponen todas las miradas y acciones. Ese es, en definitiva, el faro de todas las reflexiones que se harán en esta cuenta regresiva de cada 11 de abril.

   Obviamente, de no ocurrir un milagro, Bahía Blanca llegará en peores condiciones al Bicentenario de las que llegó a su Centenario, cuando fue tierra de oportunidades y se la conoció como la Liverpool del Sur, en alusión al que por entonces era el principal puerto comercial del mundo.

   Podrá discutirse si la bonanza de 1928 fue equitativamente repartida entre aquellos 97 mil bahienses o podrá mencionarse que la ciudad avanzó en infraestructura y derechos sociales con relación a la de hace 100 años.

   Sin embargo, un buen termómetro para medir la temperatura social  es el optimismo de su gente- En ese aspecto, aquella Bahía Blanca de 1928 era bien distinta a la de 2020, es decir, mucho más segura de su grandeza futura.

   A ocho años de cumplir 200 años elegimos ocho aspectos estructurales que Bahía Blanca no resolvió y deberá intentar resolver en el futuro, sobre todo si quiere llegar a su Bicentenario sin grandes asignaturas pendientes.

   En la nómina no fue incluida la inseguridad, uno de los principales problemas locales pero con fuerte dependencia de lo que suceda a nivel nacional y provincial.

Pobreza y ciudad inclusiva

   Con 88 mil pobres, casi un tercio de su población, esta es la herida más profunda y vergonzante de una Bahía Blanca que se encamina hacia su Bicentenario.

   Si bien en gran parte del problema depende de las políticas que se adopten a nivel nacional, existen algunas chances locales de mejorar este doloroso escenario, sobre todo si se concretan algunas inversiones industriales.

   De todas formas lo más probable es que nada contribuya a igualar las asimetrías existentes entre un norte más pudiente y un sur poblado de sectores periféricos desposeídos.

Falta de agua

   Esta es una vieja asignatura pendiente. Al poco tiempo de su fundación la ciudad comenzó a padecer la falta de agua. En 1928 llegó a su centenario con un sistema de abastecimiento moderno pero que seguía sujeto al régimen irregular de lluvias de la región.

   Recién en 1972 con la inauguración del dique Paso de las Piedras se inició un corto periodo donde pareció que el tema estaba solucionado: un gran reservorio para aprovechar las grandes lluvias y emplear esos volúmenes de manera regular. Sin embargo, el optimismo no duró demasiado. A los pocos años floraciones de algas y graves sequías volvieron a poner en peligro el abastecimiento en varias oportunidades.

   Hoy, luego de casi medio siglo sin obras importantes, Bahía Blanca carece de agua suficiente para su expansión urbana e industrial, al mismo tiempo que las instalaciones y cañerías en muchos casos son obsoletas.

Medio ambiente

   Existen chances concretas que Bahía Blanca festeje sus primeros 200 años de vida con uno de sus principales problemas medioambientales solucionados: el vertido de líquidos cloacales al estuario sin tratamiento alguno.

   Ya se iniciaron las etapas primarias de tratamiento en la planta depuradora Primera Cuenta y se estima que en los próximos años se encarará el resto de las etapas para lograr que los líquidos puedan ser reusados por el Polo Petroquímico.

   De esta forma se reducirá la carga contaminante en el estuario y al mismo tiempo esa agua será utilizada en las industrias, bajando los requerimientos de agua cruda proveniente del dique Paso de las Piedras.

   En cuanto a la calidad del aire, Bahía Blanca necesita profundizar y difundir los controles que se realizan para esclarecer dudas y alejar sospechas en beneficio de la población.

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Vaca Muerta y desarrollo tecnológico

   El difícil presente de  Vaca Muerta (está muerta dijo el presidente de la Nación) impacta en la concreción de varios grandes proyectos locales, por ejemplo la construcción de una o dos plantas terrestres de licuefacción de gas para exportar, la ampliación de Profertil o la construcción el ramal ferroviario entre Bahía Blanca y Añelo.

   Sin embargo, no son pocos los especialistas que consideran que la crisis del sector petrolero y gasífero será momentánea, aunque nadie sabe cuándo llegará la ansiada reactivación que podría encaminar importantes inversiones hacia la ciudad y el área portuaria.

   En cuanto a las nuevas tecnologías, la llave de un proceso que puede tener un gran impacto en la ciudad está en manos de Amazon, no solo con su centro de datos, sino con un parque tecnológico a la vera de la ruta 51. Si esto efectivamente se concreta la ciudad habrá dado un paso adelante hacia la  diversificación de su matriz productiva, con una transferencia de tecnología desde sus universidades a nuevas empresas.

  

Arbolado y espacios verdes

   Pese a que en las últimas décadas se habló mucho e incluso se lanzaron algunos planes de forestación, Bahía Blanca sigue siendo una ciudad poco amigable para los árboles.  Es más, nunca lo fue y sus pocos parques públicos están concentrados geográficamente en los sectores norte y noreste.

   Además de este desbalanceo, todo parece indicar que para 2028 la ciudad no habrá logrado revertir el déficit de su arbolado público y mucho menos que se acerque a las cifras recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta institución fijó un mínimo de 10 m2 por habitante y Bahía Blanca apenas llega a 3,49 m2.

Transporte público

   El transporte público bahiense sigue siendo otra de las asignaturas pendientes desde hace muchos años, con un servicio de ómnibus no puede lograr el tráfico de pasajeros logrado décadas atrás, cuando desplazó a los trenes urbanos.

   Probablemente en lo que resta del año el municipio encare una reforma integral del sistema. La misma debería apuntar a instrumentar un boleto combinado y líneas de circulación radial, que no pasen por el centro de la ciudad, articulando sectores.

   En cuanto a un tren urbano de pasajeros, su concreción dentro de los límites locales no resulta inviable. Muchísimo más difícil, por no decir utópica, es la materialización de un ramal entre Bahía Blanca y Punta Alta.

  

Infraestructura vial

   El gran desafío de los próximos años en materia de obra pública no será asfaltar las casi 7 mil cuadras de tierra existentes –algo prácticamente imposible--, sino que consistirá en la finalización de las grandes obras viales iniciadas y la concreción de otras que no pudieron sobrepasar el plano de los proyectos.

   Entre las primeras se encuentran las autopistas de El Cholo – Sesquicentenario y de la ruta 33, mientras que entre las segundas la que seguramente se iniciará a corto plazo será la autovía de Dasso.

   Luego el listado se completa con el tramo del camino de Circunvalación, entre La Carrindanga y avenida Cabrera y la faraónica obra de unión de las rutas 3 Norte y 3 Sur, pasando por el área portuaria local, con el tramo de autopista Bahía – Coronel Dorrego.

   El ensanche de 14 de Julio y de Rafael Obligado son obras menores, aunque escapan a la capacidad económica del municipio y requerirán aportes de Nación o Provincia.

¿Y el comercio?

   El comercio local vive un momento de profundas transformaciones y las dimensiones que tendrá este sector en la economía local dentro de ocho años son una incógnita.

   Sepultado el rol de Bahía como cabecera del comercio desde y hacia la Patagonia, ahora debe enfrentar la dura competencia de los showrooms y de las ventas por Internet.

   Como señaló tiempo atrás el economista e investigador del Conicet José Diez, en los últimos 40 años se nota un claro agotamiento en el patrón de especialización económico de la ciudad, con un modelo comercial que vio disminuido su radio de alcance territorial a manos de otras localidades patagónicas, por caso Neuquén o Comodoro Rivadavia.

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