"Me pareció una película de Netflix: espero no verla más"

12/2/2020 | 16:26 |

Un vecino que colaboró el domingo con la policía científica contó lo que vivió.

Por Belén Uriarte / buriarte@lanueva.com

 

   Me pareció una de esas películas de Netflix que vos decís "qué buena película", "qué buenos efectos". Era eso: tierra arrasada. Las veredas estaban llenas de escombros, de cascotes. La gente no reaccionaba: algunos empezaron a salir de las casas. La desolación. El muchacho muerto. La moto por acá. Patrulleros y bomberos que llegaban. Fue una película: espero no verla nunca más.

 

   El Bocha Finucci, un imprentero de 70 años que colaboró el domingo con la policía científica, describió así sus sensaciones al ver el patrullero en la esquina, los comercios rotos y gente tirada en la calle.

   —Venía sin saber nada. Desemboqué en Maipú y Falucho, no sabía si esto había empezado en la cancha: enseguida ubiqué a mis hijos que estaban allá. Por suerte se habían llevado el teléfono. Se enteraron de lo que estaba pasando por mí, no lo podían creer.

   El Bocha cuenta que todo empezó en Falucho, en la estación grande, donde muchos hinchas de Olimpo dejaron sus motos.

   —Vinieron para acá, sobre Falucho, y empezaron a romper coches. Arrancaron el cartel que decía Villa Mitre y unos cestos de basura, y los usaron como armas. Llegaron hasta el club: pensé que no habían llegado hasta ahí, pero un guardavidas de la escuelita me dijo que sí, que rompieron vidrios de la sede. 

   Él, que se crió y vivió toda la vida en Villa Mitre, nunca había visto algo como lo del pasado domingo. Dice que fue muy feo ver a sus vecinos llorando porque les habían roto las casas y los coches que tanto cuestan.

   —Es gente de trabajo, de bien, que lucha para tener un vehículo [...] Es una situación muy fea la que estamos viviendo. Nos la trasladaron, nosotros pensamos que esto nunca iba a llegar: ahí tienen el Conurbano.

   Ayer, muchos vecinos del barrio se encerraron por temor a que vuelva a pasar y la mayoría de los comercios mantuvo sus persianas bajas hasta la tarde. Él, en cambio, fue a trabajar.

   —Miedo no tengo. ¿Miedo por qué? Yo no estoy involucrado en nada, pero mi propiedad es mi propiedad. [...] La imprenta va a cumplir 65 años, la puso mi padre. Me crié entre los empleados de mi padre y las máquinas. Toda una vida acá: no solo es mi lugar en el mundo, es mi medio de vida y es mi ámbito. No quiero ni voy a dejar que violen mi ámbito y mi lugar de vida. Estoy más acá que en mi casa. 

   Mientras mira por la venta los pocos autos que se animan a circular, El Bocha trata de buscar una explicación a lo que pasó. Pero no la encuentra.

   —Todavía pienso en la utopía de que la mayoría somos razonables, usamos el raciocinio. Lo que hace esta gente, lo que ha hecho esta gente, y hablo sin banderas, es sin razón. ¿Te podés pelear por un partido de fútbol? Por ahí lo acepto. Pero, ¿qué tiene que ver romper coches? ¿Romper vidrios a gente que no tiene nada que ver? Esto es sin razón, entonces los razonables como nosotros no lo vamos a poder explicar nunca. Nunca le vamos a poder inculcar la razón: si no la tienen, no la tienen.

   El Bocha está seguro de que el fútbol no tiene nada que ver con esto y pide tener cuidado "con las cosas que se están diciendo, a quiénes les echamos las culpas...".

   —El fútbol y los clubes no tienen la culpa: es este tipo de gente. Que algunos clubes apadrinen o dejen que esta gente haga lo que quiere, ese es otro tema. Pero a esta gente no les importa el fútbol, nada... Y parte de lo que se armó acá, después de ver los resultados, fue el robo.

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