Cambio: los deseos y la realidad

1/6/2019 | 06:30 |

por Ernesto Tolcachier

Cada transformación o modificación trae consigo una esperanza, sobre todo cuando se ha desplazado un orden decadente en valores morales y principios.
Cuando se ha desalojado un desgobierno cuya expresión era la dependencia y la subordinación a los mandatos  caprichosos de una persona y la obediencia debida de sus colaboradores incondicionales
De allí que mis deseos más fervientes eran un cambio útil y necesario que, con el debido respeto a las normas constitucionales y, por tanto, confiaba y esperaba que el nuevo gobierno terminara  con las practicas viciosas y prebendarías de ideologías anacrónicas de rasgos autoritarios.
Reflexionaba asimismo, sobre el daño causado por nuestra tendencia a la elección de sistemas arbitrarios con lideres carismáticos cuyos falsos mensajes someten  a la dependencia  y a la pobreza a vastos sectores de la población..
Así, mientras diversos países transitan el siglo XXI en el progreso y la prosperidad, nosotros seguimos inmersos en  los últimos 50 años en una espiral decadente de sometimiento al populismo y al clientelismo con una caída constante sin solución de continuidad.
Todo ello fruto de tendencias masificadoras y colectivistas, enemigas de las iniciativas privadas. y por tanto, fácilmente manipulables y dependientes. Un sistema donde la comunicación es mediante el monólogo y el aplauso de sus incondicionales seguidores.
Frente a ese panorama, mi esperanza de cambio fruto de pensar, reflexionar y analizar, apuntaba a la confirmación de un amplio ordenamiento del país que direcciona hacia las siguientes ideas fuerza:
1) Una batalla cultural y educativa que termine para siempre con la tendencia de elección de modelos setentistas  y anacrónicos que conducen, inevitablemente, a la pobreza y a la pérdida de dignidad.
2) Una urgente cesación de las prácticas propagandísticas con erogaciones del Estado.
3) Un imperioso  combate  del clientelismo y su dependencia.
4) Una prueba de idoneidad para ocupar cargos directivos gubernamentales en la administración pública.
5) Una sola reelección para los gobernantes, nacionales, provinciales y municipales, así como para diputados y senadores nacionales y provinciales.
6) La  prohibición de prácticas despóticas de personajes familiares en los gobiernos nacional, provincial y municipal que excluya sobre todo las nefastas herencias caudillescas.
Mis reflexiones apuntan asimismo hacia la irresistible adicción humana hacia el poder, lo cual deriva hacia la subordinación de lo individual a lo colectivo con ideas masificadoras  y caducas que conducen inevitablemente a la pérdida de dignidad , hipertrofia y corrupción estatal  y que llevan inevitablemente a la espiral decadente.
En esta revolución cultural debemos privilegiar una democracia sin mitos y la defensa de nuestra institucionalidad. En mis 86 años esperaba que el cambio me gratificara con mis sueños convertidos en realidad. Esto no se produjo, no se quiso o no se pudo. Una vez más, mi desilusión.
Alguna vez podremos salir del oscurantismo y encaminarnos al renacimiento.

Ernesto Tolcachier es abogado. Vive en Bahía Blanca.

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