Extremos

El surf, toda una pasión que crece día a día en Marisol

20/2/2019 | 06:30 |

Los amantes de este deporte consideran que es un buen lugar  para practicarlo, especialmente después de sudestadas o de alguna tormenta fuerte.

Fotos: Agencia Coronel Dorrego

   La pasión que genera la práctica del surf es una sensación que tal vez solo entiendan y compartan quienes han sentido esa hermosa relación con el mar. 

   Gino Difonso tiene 27 años y durante la temporada estival vive en Marisol, donde se desempeña como guardavidas. El resto del año trata de viajar por el mundo para surfear; si no puede, practica la actividad en  Mar del Plata. Es decir, siempre se encuentra cerca de una playa para despuntar el vicio.

   “Comencé con el surf hace 7 años, cuando me fui a estudiar a Mar del Plata. Fue un deporte que me llamó mucho la atención desde chico, pero en Marisol no había nadie que enseñara o que me prestara una tabla vieja para empezar. Lo poco que conocía era por alguna revista especializada o, con mucha suerte, en programas de TV, porque no era tan fácil el acceso a internet”, destacó. 


Gino surfeando en Indonesia.

 

   “Mientras estudiaba y veía a la gente surfeando en Mar del Plata, junté la poca plata que tenía, compré una tabla y, con la ayuda de un amigo, pude surfear mis primeras olas”, recordó.

   Gino consideró que Marisol es un buen lugar para entrenar, sobre todo después de las sudestadas o de alguna tormenta fuerte.

   “Tiene los bancos de arena bien marcados, lo que hace romper bien las olas. Por lo general, es mejor a la mañana temprano porque no hay viento y las olas son prolijas, sobre todo cuando hay viento norte”, explicó.

 

   “Lo mejor de todo es que somos pocos surfistas y amigos, a diferencia de las demás ciudades costeras en las que hay mucha gente buscando la ola y puede ser más peligroso e, incluso, un ambiente más hostil”, añadió.

   Al respecto, Gino destacó  que no hay un lugar ideal para subirse a la tabla en el balneario, ya que depende de la marea.

   “Con media marea subiendo, surfeamos frente al parador o frente a la bajada de la Calle 18; con media marea bajando, nos movemos 2 kilómetros hasta la desembocadura del río Quequén Salado, donde los bancos de arena están bien marcados y la ola rompe muy bien”, contó.

 

Tamarisco

 

   Gino contó que hace unos tres años -junto con un amigo- poner en marcha su propia escuela de surf, Tamarisco.

   “El no haber aprendido el deporte de chicos como nos hubiera gustado fue lo que más nos motivó a formar Tamarisco, para que los niños o adolescentes que viven o veranean en Marisol aprendan el deporte en las edades óptimas y jugando”, subrayó.

 

   Reconoció que escuela funcionó mejor de lo que esperaban porque había mucha gente dispuesta a aprender.

   “Tuvimos alumnos de 4 a 50 años, y para nuestra alegría y la de los alumnos, todos se pudieron parar y surfear su primera ola, una experiencia única que nadie olvida”, dijo.

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