El último empujón

24/11/2019 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   Sin darnos cuenta, en un abrir y cerrar de ojos culmina el mes de noviembre. Las vidrieras y las góndolas del supermercado nos anuncian así, de repente, que transitamos la última etapa del año, los arbolitos y adornos navideños ejercen una especie de presión y hasta imposición visual, indicando que comienza la cuenta regresiva.

   Pareciera que todo conspira contra nuestra salud mental, el estrés cabalga como un jinete del apocalipsis generando una sensación de vigilancia constante y agotamiento.

   El contexto no ayuda y hasta nos empuja a cerrar etapas, además el año electoral y el proceso de transición son eslabones de una cadena de tensiones y de preocupaciones; muchas decisiones quedan suspendidas en el aire y al resguardo de la famosa frase “esperemos a ver qué pasa”.

   ¿Cómo transitar esta última etapa del año? ¿Cómo adaptarnos a una realidad que pareciera estar fuera de nuestro control?

   El agotamiento psicológico y el cansancio físico se manifiestan y hasta se intensifican en esta época del año, seguramente a algunos lo vertiginoso de estos tiempos les ha pasado factura y otros, cual equilibristas, tratan de hacer malabares entre el “deterioro” y alguna actividad relajante para evitar un impacto que a veces es inevitable.

   El estado permanente de estrés genera cambios de humor repentino, nos torna irascibles y nos columpiamos por situaciones que van desde la euforia hasta el bajón. Frenar, entender y aceptar que si no llegamos a tiempo no es una catástrofe, generalmente aporta soluciones inesperadas.

   ¿Hacer o no hacer un balance? ¿Esa es la cuestión?

   Todo cierre de ciclo implica un desgaste; verificar proyectos que van desde bajar unos kilos, dejar de fumar, emprender una rutina deportiva hasta cambiar el auto, remodelar la casa, expandir un negocio, nos enfrenta con esa lista, a veces “macabra”, de lo que se pudo lograr y lo que aún está pendiente; evaluar los objetivos y enfrentarse con aquello que quedó trunco genera tensiones, desequilibrios y ansiedad.

   Es tiempo de hacer una pausa, detener la marcha de esta carrera sin final y trabajar en otros aspectos y hasta en otra dirección.

   La presión auto impuesta como así también las presiones externas bajo la premisa de que hay que cerrar temas sí o sí funciona como un fantasma “reloj en mano” que acecha permanentemente; a su vez, la sensación desmesurada de no haber cumplido las metas del año, generan mayor vértigo, golpea la autoestima y ocasiona hasta estados de confusión de confusión.

   Las luces navideñas lejos de “ese clima de paz” nos interpelan, la inflación y los precios disparados nos azotan, los compromisos golpean a nuestra puerta y a veces no son portadores de “buenas nuevas”, las despedidas y encuentros van colmando la agenda y todo confabula contra nuestro estado de bienestar.

   En esta época del año hay que establecer límites, priorizar los espacios personales y los tiempos de descanso, pues nos permitirá recobrar energías para transitar la última etapa, comenzar a delinear el futuro y especialmente disfrutar de aquello que seguramente da sentido a la vida.

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