Psicología para un debate presidencial

13/10/2019 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   Llegó el día, hoy debuta la Ley 27.337 sancionada en 2016, que establece que todos los candidatos a presidente que hayan superado el piso de votos del 1,5% en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), deben someterse a un debate.

   De acuerdo con la Ley el debate es obligatorio y tiene por finalidad “debatir ante el electorado las plataformas electorales de los partidos, frentes o agrupaciones políticas”.

   Días previos en los que la preparación de los participantes es nodal y, aunque pareciera imperceptible, la Psicología está o debiera estar presente en el debate.

   ¿Cómo se prepara psicológicamente un candidato? ¿Qué sucede en la mente del votante?

   Un debate presidencial es similar a una puesta en escena en la que cada candidato representa un personaje durante esa obra. Puede ser el hombre experimentado que sabe cómo resolver los problemas o el salvador que trae la gran solución, puede ser el fuerte, el débil o el papel que elija interpretar de acuerdo con estudios previos realizados por expertos.

   Está comprobado que un debate puede ser decisivo, y gana quien represente mejor ese personaje.

   Para enfrentar un debate presidencial televisivo, el candidato se debe entrenar, estudiar, ensayar posturas, gestos, tener en cuenta la vestimenta y prepararse psicológicamente; a su vez debe dominar cuatro estrategias: defensa, ataque, flanqueo y guerrilla.

   Quien está al tope de las preferencias y encuestas está obligado a defender su posición. Deberá preparar respuestas breves y contundentes para cada ataque, teniendo presente siempre que las respuestas no son para el contrincante sino para el público. Se recomienda no agitar las aguas y moverse de forma tal de no perder el caudal conquistado.

   Quien va segundo en las preferencias está obligado a atacar al contrincante con el objetivo de debilitarlo y desplazarlo. Lo recomendable según metáfora boxística es “pegar en un solo lugar”, es decir atacar en el tema en que el contrincante es más fuerte.

   Para los candidatos que con buenas ideas y recursos parecieran estar fuera de competencia son válidas dos estrategias. Descubrir y definir cuál es el tema más importante para la gente y reiterarlo, para instalar así la solución del problema en la mente del público.

   Para quien no tiene chances de ganar la elección y el objetivo es lograr algunas bancas legislativas, esta especie de show que es el debate presidencial es el escenario ideal para irrumpir en la cabeza del electorado. La estrategia recomendada es la de las pequeñas guerras; sin continuidad en un relato. La idea es aparecer y desaparecer del debate con acciones de alto impacto; el objetivo es la irrupción permanente.

   ¿Y nosotros? ¿Qué pasa en nuestra mente?

   Según la Psicología, más allá de expectativas y deseos, percibir la imagen de un candidato y decidir por uno u otro está atravesado por sentimientos y por nuestro aparato psíquico, en el que según Freud, el inconsciente es parte del juego. A su vez las emociones tienen un rol fundamental pues condicionan el funcionamiento de nuestro cerebro.

   Así los candidatos emprenden un proceso similar al del cortejo en el que deben seducir al electorado. Como en toda conquista, tienen que captar la atención, causar buena impresión, casi enamorarnos para obtener el “si”; en este caso “si te voto”. ¡Qué empiece el show!

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