Primeros auxilios: hay mitos a desterrar

Primeros auxilios: hay mitos a desterrar

16/9/2018 | 07:05 |

De una generación a otra se transmiten costumbres que, aún con la intención de prevenir, pueden empeorar. 

Primeros auxilios: hay mitos a desterrar

 

   La información en temas de primeros auxilios siempre fue deficitaria por utilizar un lenguaje demasiado técnico o por tocar conceptos que se dan por sobre entendidos. 

   A esto le debemos agregar el aporte de mitos que se trasladaron generación tras generación respecto a temas que son básicos e imprescindibles para ayudar a una persona en situación de emergencia.

   Algunos de estos mitos sobre primeros auxilios se detallan a continuación:

   Convulsiones: Se suele escuchar que ante una convulsión “hay que meterle algo en la boca” al paciente, ya sea los dedos, un palo o una cuchara. Pero esto solo puede agravar el cuadro.

   Las convulsiones ocurren cuando la actividad eléctrica normal del cerebro se desorganiza. Estas descargas producen contracciones musculares y movimientos corporales involuntarios. Además, puede producirse rigidez de tronco y extremidades, sacudidas y movimientos de flexión y extensión.

   Hay diferentes factores que pueden provocarla: lo más común es fiebre pero también puede ser por traumatismos de cráneo, hipoglucemias, intoxicaciones, y lesiones térmicas. En el caso de las febriles, no suelen dejar ningún tipo de secuelas. Suelen ocurrir entre los 6 meses y los 6 años de vida. En el caso de que la convulsión se prolongue durante más de quince minutos, probablemente no se tratará de una convulsión febril típica y se deba llamar al número de emergencias.

   ¿Qué debemos hacer ante una convulsión?

   *    Colocar al niño de costado para evitar aspiraciones y que la lengua obstruya la vía aérea.

   * Aflojar la ropa ajustada.

   *  Si el niño está azul o no respira, realizar maniobras de reanimación cardiopulmonar.

   * Alejar los muebles u otros objetos de la escena donde el niño tiene la convulsión para evitar que se lesione.

   * Si es posible, colocar una almohada pequeña o una toalla debajo de la cabeza del niño, para que no se lastime.

* Registrar a qué hora comienza y termina la convulsión y sus características. Informar al médico lo ocurrido con la mayor cantidad de detalles.

   * Llamar a emergencias en los casos en que el niño no tenga antecedentes de convulsiones previas, si esta duró más de 5 minutos o si se repite en el día o en el mismo cuadro febril.

   Si el niño tiene antecedentes de convulsiones febriles repetidas, el pediatra puede indicar la administración de diazepam (benzodiacepinas), en forma de supositorio, durante los episodios de fiebre.

Ahogamiento

   Es un accidente muy común en niños, sobre todo en los meses de verano. Se considera la segunda causa de muerte accidental, tras los accidentes automovilísticos. Cerca del 50% de los casos de asfixia por inmersión ocurren en niños entre 1 y 4 años.

   Siguiendo los mitos populares suele escucharse que es importante que la víctima vomite y elimine el agua. Esto no es así. 

   El contacto de una pequeña cantidad de líquido en la vía aérea, donde sólo debe pasar el aire, conlleva a un importante espasmo: la vía aérea se cierra e impide que el oxígeno llegue a los pulmones y por ende al resto de los órganos. 

  En estos casos es importante aplicar maniobras de RCP para lograr el suministro de oxígeno. Luego el propio organismo reabsorberá el agua.

Golpes en la cabeza

   En este tipo de casos el mito más escuchado es: “No dejar dormir al niño que tuvo un golpe en la cabeza”. 

   Esto no es así: el sueño no empeora la evolución del traumatismo; lo único que hace es impedir detectar cambios de conducta o de nivel de conciencia. Si bien el término “traumatismo de cráneo” puede preocuparnos o asustarnos mucho, se refiere simplemente a un golpe en la cabeza. Existen distintos grados de traumatismo: desde el leve, habitualmente llamado “chichón”, que sin duda es el traumatismo de cráneo más frecuente.

 

1

Hemorragia. Pérdida de la conciencia: puede durar desde segundos tras el golpe hasta varios días. Es por ello que resulta tranquilizador escuchar el llanto una vez ocurrido el golpe.

2

Confusión. Signos de confusión o de pérdida de la memoria: el niño debe ser capaz de saber dónde se encuentra y recordar el incidente, aunque esté asustado por el golpe recibido. Vigilar si tiene vómitos o náuseas. Pupilas de diferente tamaño: observar si son redondas, iguales y del mismo tamaño; si es necesario, compararlas con las de otras personas que están bajo la misma luz.

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