5 años de poder

A Bruno nada lo para

22/8/2018 | 07:00 |

Nació con una parálisis en uno de sus brazos y espera su tercera cirugía.

 

Videos: Francisco Villafáñez-La Nueva.

Por Belén Uriarte / buriarte@lanueva.com

   —Ma, mirá lo que me pasa.

   Bruno señala su mano.

   En el piso un conjunto de bolos espera ser derribado. Bruno agarra la pelota con fuerza y ve cómo su mano derecha se va hacia adentro.

   No entiende qué pasa.

 

  Daiana Carranza, su mamá, lo sienta y le cuenta que se lastimó al nacer. Le dice que pesó más de 4 kilos, que el parto fue largo y que la fuerza que hicieron para sacarlo le causó una parálisis en su brazo derecho.

  Bruno asiente y no pregunta más. Parece olvidar el asunto. A tal punto que si hoy alguien le pregunta qué le pasó cuando ve sus cicatrices en el brazo, él responde “no sé”, “nada”.

  No esquiva las miradas. No miente. Para Bruno no pasó nada. Ve que mueve el brazo de un modo distinto. Pero también ve que puede hacer todo lo que se propone. Entonces no pasa nada.

  Va al jardín, hizo fútbol y este año empezó baile. Es parte del grupo Epidemia, dirigido por Fabián Zarza en el club El Danubio.

  Le encanta pararse frente al espejo y mover su cuerpo al ritmo de la música. En la última competencia el profe le dio un rol destacado y bailó solo, adelante, frente a todos.

  Cuando le dijeron del papel protagónico, sintió vergüenza. Bruno le contó a su mamá que cuando bailaba con sus compañeritos frente al espejo, notaba que lo hacía distinto.

  —Con Fabi (el profesor) le explicamos que él puede hacerlo de diferente manera, que no está mal, que no le tiene que dar vergüenza ni se tiene que sentir inhibido porque él puede. Entonces dijo “ah, sí, sí”. Y se le fue —recuerda su mamá.

  Daiana cuenta que en su casa siempre lo tomaron con naturalidad y que nunca hicieron hincapié en la lesión de Bruno, sino en todas sus capacidades. Y él se acostumbró: a veces hace preguntas, pero nunca llora ni se queja.

  Para Daiana lo más difícil fue enterarse. Recuerda con detalle aquel 26 de septiembre de 2012: Bruno llegó después de un cansador trabajo de parto y lloró todo el día.

  Lo tuvo en el Hospital Penna. Al principio le dijeron que lloraba por la panza y aunque una enfermera advirtió que podía estar fracturado por el tamaño y la complicación del parto, Daiana se fue sin un diagnóstico certero.

  Cuando lo llevó al primer control con su pediatra, supo que su hijo tenía una fractura en la clavícula que hizo que su bracito se vaya para atrás. Al mes, le dijeron que se trataba de una lesión severa que comprometía hombro, codo y muñeca.

   Después de mucho de andar, a Bruno le diagnosticaron parálisis braquial obstétrica (PBO), que consiste en la pérdida de movilidad y/o sensibilidad en el miembro superior por una lesión de los nervios del plexo braquial al momento del parto.

   —Los casos son muchos, pero no son conocidos. Vos te vas del hospital sin un diagnóstico firme, capaz te enterás cuando el nene ya tiene 6 meses y entre que lo procesás y pasás del “no, no puede ser” al “sí”, quedás a la deriva —lamenta Daiana.

   El tiempo es clave en la rehabilitación del chico.

   El médico Sebastián Valbuena, que actualmente trabaja en el Garrahan, dice que la consulta con el especialista se debe hacer entre el primer y el tercer mes de vida: las cirugías para recuperar los nervios se hacen entre los 3 y los 6 meses, después solo se puede trabajar sobre las articulaciones.

   Daiana muchas veces se preguntó cómo iba a hacer su hijo. Cuando quisiera hacer algo y no pudiera. Cuando el entorno lo mirara de reojo y no supiera cómo responder. Cuando llegara el momento de estudiar, de trabajar…

  Pero Bruno fue la respuesta a todas sus preguntas. Cómo: haciéndolo.

  Cuando algo se pone difícil, lo intenta una, dos, tres veces, hasta que sale. No sabe de límites ni miedos. Solo de recuperar y superarse.

   —Decir “no puedo” en casa está prohibido. El único que lo dice por ahí es él, que se hace el vivo: lo mandás a tender la cama y dice “no puedo”. Pero él todo lo que quiere lo propone y lo hace —dice su mamá.

 A Bruno lo operaron dos veces. La primera intervención se la hicieron en Bahía cuando tenía 6 meses. Y la segunda fue en el Hospital El Cruce, donde lo atendió el médico Sebastián Valbuena al año y un mes.

—Con esa operación recuperó el codo —cuenta su mamá.

  Ahora Bruno espera la tercera cirugía. Será en el Hospital Garrahan y esta vez en el hombro. Esperan que con esa intervención pueda levantar el brazo hasta la altura de su boca.

  Bruno tiene 5 años y es el tercero de cuatro hermanos. Jonathan tiene 11, Melany 7 y Noha 1.

  Para ellos también fue difícil el comienzo. Hasta los dos años Bruno hizo terapias todos los días: natación, kinesiología, rehabilitación… Y sus papás se repartieron como pudieron.

  Pero el esfuerzo de todos valió la pena.

  —Gracias a eso, él gateo a la edad que tenía que gatear, caminó a la edad que tenía que caminar —dice Daina y se quiebra.

  Es la emoción de ver a su hijo barriendo obstáculos.

  Mira para un costado y ahí está Bruno. Se para frente al espejo, con su brazo derecho pegado al cuerpo. De repente suena la música y olvida todo. Salta, corre y se mueve tan rápido que apenas se nota cómo se ayuda con su mano izquierda.

  Su mamá lo observa emocionada, con su hijo más pequeño a upa. Sabe lo que le cuesta cada paso y el esfuerzo que hace para ir a la par de sus compañeros. Recuerda la cantidad de veces que lo vio llegar a su casa y ensayar una y otra vez. Lo mira, lo aplaude, lo siente. Es el orgullo de mamá.

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