Edificio del banco Nación: Diez historias de la mejor obra del país

30/7/2018 | 11:43 |

Mario Minervino/mminervino@lanueva.com

1. Vereda de servicio. En la vereda del banco se habilitó, el 11 de abril de 1930, el primer despacho de nafta fiscal, elaborada por Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). A media mañana de ese día gran cantidad de público siguió con curiosidad la larga hilera de coches formada a la espera del turno para cargar en el solitario surtidor, atendido por una única persona. 
Cargar nafta nacional era, se decía, "hacer patria".

2. Manzana Nacional. Cuando comenzó a construirse el edificio, en la manzana sólo existía el inmueble de Estomba y la avenida Colón, el que precisamente ocupaba la entidad bancaria desde 1904 y que en poco tiempo resultó insuficiente ante la creciente cantidad de clientes. La manzana fiscal, así llamada por ser propiedad del estado nacional, se completó en la siguiente década con los edificios de Correo, Banco Hipotecario, Tribunales y biblioteca Rivadavia.

3. Hacedores. La construcción del edificio fue licitada en agosto de 1917, con un presupuesto oficial de 500 mil pesos moneda nacional, “apenas” 216.000 dólares de la época. Hubo 17 empresas oferentes: tres para montar la estructura metálica, 13 para realizar la obra civil. Pedro Vasena y Baldasarre Zani fueron los adjudicatarios.

4. Atlantes. Entre las cornisas que enmarcan el tercer piso del edificio se ubican cuatro atlantes, dos sobre Estomba, dos sobre Moreno. Estas figuras masculinas son decorativas y tienen su origen en las cariátides que los griegos ubicaron en el templo Erecteion de la Acrópolis de Atenas. Uno de estas estatuas, sobre Moreno, muestra a un indígena con los brazos cruzados sobre su pecho.

5. Entrada principal. El edificio es uno de los pocos que, ocupando un terreno en esquina, no tiene su acceso por la ochava. Sí lo tenían las sedes de los bancos de Londres (Alsina y Chiclana), Hipotecario (avenida Colón y Vicente López), Alemán (Sarmiento y Chiclana), Español (Chiclana y avenida Colón) y el Anglo sudamericano (Chiclana y Donado).

6. De postal. El banco Nación es uno de los más utilizados en las viejas postales de la ciudad. Incluso fue motivo de una tarjeta cuando todavía era un proyecto, en 1916, con la impresión del dibujo de su fachada.

7. Se hizo la luz. Un año después de su habilitación, en diciembre de 1920, fue terminada la instalación para iluminar el frente. Cientos de lamparillas se ubicaron alineadas en distintos sectores, generando un espectáculo único. “El conjunto resplandecía de un modo magnífico, ofreciendo a los ojos la iluminación más completa que exista en Bahía Blanca”, publicó este diario.

8. Seguridad. El estilo del edificio puede encuadrarse dentro del historicismo, inspirado en estilos del pasado. El remate es influencia francesa, con el último piso revestido con pizarras o chapa, simulando ser una cubierta de fuerte pendiente. La otra característica es propia de la arquitectura bancaria del siglo XIX: una estética cerrada, un edificio con aspecto de fortaleza: un banco-cofre donde estaban seguros los ahorros de todos.

9. Ajustado. La necesidad de construir la nueva sede para el banco resultaba evidente en 1915. La vereda de la esquina de Colón y Estomba (actual Aduana Nacional, sede del banco desde 1904) hacía las veces de sala de espera de los clientes, ya que el interior estaba desbordado. Una curiosidad era que quienes ingresaban al banco se quitaban el sombrero, en una actitud no habitual --se tenía ese gesto al entrar a un templo religioso, por caso--, acaso reconociendo el poder del dinero, casi de carácter divino.

10. La mejor de todas. La obra fue definida en 1921 como "la más perfecta de las que existen en el país". De inmediato recibió el apelativo de "Palacio", cualidad muy en boga en la época para los edificios monumentales. En nuestra ciudad también reciben ese mote los edificios de la municipalidad, Correos, Tribunales y club Argentino.

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