Los tesoros de la Biblioteca Rivadavia que no quieren ser olvidados

11/4/2018 | 06:50 |

Fotos: Pablo Presti y Sol Azcárate- La Nueva.

Por Sol Azcárate | sazcarate@lanueva.com

   Millones de páginas de más de 150.000 libros descansan en un depósito subterráneo de la Biblioteca Rivadavia. Bajar hasta ahí es sumergirse en miles de años de historia: hay ejemplares del año 1800.

   Carlos Buss lo hace todos los días desde hace 42 años, como encargado del depósito. Y le apasiona, por eso sabe la historia detrás de muchos de esos libros.

   Los más viejos fueron descubiertos por algunos bibliotecarios que debieron encargarse de hacer un inventario. Y ahí estaban: muchos son algo así como los “best sellers” del siglo 19.

   Carlos destaca que Daniel Cerri tuvo mucho que ver en la fundación de la biblioteca, porque allá por el 1882 el general puso 500 pesos de esa época para comprar el primer lote.

   Ahora son el tesoro de la ciudad y, como tal, son extremadamente cuidados: Carlos los limpia con “una aspiradora y un cepillito” y sólo es posible acceder a ellos bajando hasta el depósito donde descansan.

   El más viejo de todos es uno de 1756, editado 33 años antes de la Revolución Francesa. Está escrito en francés y, según Carlos, trata sobre las leyes civiles de esa época en Francia.

   También hay otros títulos clásicos: La Ilíada de Homero; Insolación, de Emilia Pardo Bazán (1889); Los reyes en el destierro, de Alfonso Daudet (1880); Biografías de hombres ilustres, de Alfonso de Lamartine; Silbidos de un vago, de Eugenio Cambaceres (1881); y hasta el Código Civil de 1877 escrito por Vélez Sarsfield.

   “La biblioteca se solventa gracias a los socios, que son cada vez menos, y con lo que puedan aportar los gobiernos”, lamenta Carlos.

   Es que actualmente hay unos 1.500 socios, en una ciudad que tiene más de 300.000 habitantes: “En los 90, con menos población, llegaron a ser 7.000”, recuerda.

   Carlos entiende que “internet tiene algo que ver”, pero no quiere perder las esperanzas de que haya más gente como él que aún se emocione con leer mientras siente el olor a papel con el correr de las páginas.

   “Los libros están a disposición de toda la ciudad, como también periódicos y la hemeroteca. Invitamos a que la gente se acerque”.

 

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