El abrazo de una madre

15/10/2017 | 00:00 |

El abrazo de una madre. La mejor primavera del mundo La Nueva. Bahía Blanca

Por
Maximiliano Allica

Abraza a otra madre como ninguna otra podría. Como ninguna madre o ninguna de las personas que están ahí de testigos, como ninguno de los miles de espectadores que ven la imagen por las redes sociales y la televisión.

Abraza a otra madre sin odio, sin frío. Solo le reprocha haber prolongado un sufrimiento ya inmodificable. Su hija Micaela Ortega estaba muerta desde el día de su desaparición, pero esos 35 días hasta descubrirlo fueron un martirio peor.

Mónica Cid le reprocha, sin odio ni frío, a María Eliana Espinoza, la ex pareja del asesino Jonatan Luna, que no haya contado antes que ya sabía quién era el hombre de gorra que mostraban las cámaras engañando a una niña. Si lo hubiera sabido con más tiempo, la angustia, el más visceral de los miedos, al menos habría perdido algo de incertidumbre, el más cerebral.

Es martes y se encuentran en los pasillos de Tribunales. Pasaron 500 días. Micaela se fue de su casa el 23 de abril de 2016 y su cuerpo apareció el 28 de mayo a la noche, un sábado gélido, en un descampado a la vera de la ruta.

Ese día nació otra Mónica, otra madre, otra víctima, otra piel, otra mirada del mundo. Otra madre. Otra ansiedad, otro vértigo, otro rictus. Nadie encontrará una imagen de Mónica riendo. Me pregunto si en algún momento, en todo este tiempo, sintió que algo la podría volver a hacer feliz.

Repaso las noticias de la semana en el caso Micaela y en este Día de la Madre veo un video donde abraza a otra madre, la ex pareja del asesino de su hija. Espinoza se justifica, dice que si le preguntaba a Luna por Micaela le pegaba y amenazaba a sus hijos. Dice que, de todas maneras, a este juicio "tenía que venir... tenía que hablar con usted y pedirle perdón porque Dios quiere que pidamos perdón".

Mónica la perdona. Le hace un reproche, pero la compadece. La abraza como ninguna otra madre podría abrazar a la mujer del asesino de su hija. Como ninguna de las personas que vimos la escena podríamos hacerlo jamás.

Feliz día, Mónica. Ojalá pronto, algún día, sea feliz.

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