Retomar la agenda, después de Obama

27/3/2016 | 00:14 |

El jefe de la Casa Blanca habló del “liderazgo regional” que podría encarnar la Argentina. Lo dijo justo después de estar en La Habana, y en plena debacle de los populismos en la región.

Por
Eugenio Paillet

Un senador norteño del FpV le dio a un importante ministro del Gabinete una noticia impactante, en medio del clima de euforia que se vivió por la visita de Barack Obama: el gobierno podría conseguir el miércoles la sanción de la ley para pagarle a los fondos buitre y salir del default, y no por una mayoría simple o ajustada. “Me parece que van a tener los dos tercios”, le dijo¨, antes de hacerle sobre la mesa un punteo de los votos kirchneristas que acompañarán la media sanción sin tocarle una coma al texto que llegó de Diputados.

El dato, que rondaba en despachos del ministerio del Interior, vino de la mano de otras comprobaciones que se hicieron por esas horas en el macrismo. Son las que ponderan hasta la exageración los beneficios para el país que dejará la llegada de Obama, y la llamativa química -que llevó a funcionarios de segundo nivel a hablar de escenarios “extraordinarios” o “espectaculares”- entre el norteamericano y el argentino.

En sobremesa entre senadores y diputados de Cambiemos, tras la cena de gala en el CCK, se llegó a decir sin reparos que las que acaban de transcurrir desde aquella media sanción de la ley anti buitre hasta el momento del regreso de Obama a Washington son las “dos mejores semanas” de estos primeros 100 días de gobierno.

Podría caberles algo de razón en el segundo caso. Obama eligió a la Argentina tras su paso por Cuba. Podría haber esperado a agosto, cuando vendrá otra vez a la región: Perú y Colombia son dos de sus escalas. Y es bueno recordar que hace un par de años ignoró Buenos Aires en viaje entre Brasil y Chile.

Resulta claro que el estadounidense quería cerrar ahora mismo la brecha que generó el kirchnerismo. Hay ahí flotando un dato: el jefe de la Casa Blanca habló del “liderazgo regional” que podría encarnar la Argentina. Lo dijo justo después de estar en La Habana, y en medio de la debacle de los populismos de la región. Un escenario que la Casa Rosada alienta cada vez con menos disimulo.

Conviene mensurar debidamente el alcance de aquellos datos: ni el eventual espaldarazo del Congreso a la salida del default ni la visita de Obama deberían ser arboles que impidan ver todo el bosque. En el segundo caso, el gobierno no debería empalagarse con las mieles de esa visita. Hay que decir que saludablemente son mayoría los que comparten ese esquema de análisis.

Para ponerlo en boca de funcionarios de la propia administración, el gobierno debe mostrar ahora que tiene su propia agenda. Que posee un plan hacia adelante para mostrarse definitivamente como un país confiable y previsible

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Hay voces oficiales que sostienen que el respaldo que acaba de brindar Obama no es un dato menor. Hacia atrás, por lo que encierra de simbólico en cuanto a dejar atrás 12 años de absurdo aislamiento. Hacia adelante, porque se han dado pasos concretos como señal de que la nueva relación internacional permitirá retomar sendas como la de las inversiones externas.

Se han acordado negocios por u$s 2.300 millones, aunque esa cifra podría proyectarse hasta los 12 mil millones en los próximos cuatro años. Del mismo modo que se abre el camino para la obtención de créditos externos a tasas razonables, como el que acaba de ofrecer el Banco Mundial de 6.300 millones para aplicarlos al Plan Norte y a la inclusión de casi un millón de chicos en la Asignación Universal.

Se avanzó en un dato tal vez menor pero no menos importante por su significado a la hora de recuperar la confianza externa, como es el acuerdo de Malcorra con su par John Kerry para que en pocos meses más se elimine la visa para los argentinos que ingresen a los EE.UU.

La realidad pareciera de todos modos imponer ciertos rigores. Para poner esa visita en su justa medida, hay que decir que, en términos de futuro, para el gobierno sigue siendo más relevante salir del default que todos los elogios y lisonjas que dejó el norteamericano. Veamos un dato: Obama reconoció que a fin de cuentas él es un presidente que se está yendo, lo que no le impidió gestionar un pedido de su gobierno a la Justicia de su país para que facilite la salida del default.

Pero casi en paralelo la Corte de Apelaciones de Nueva York demostró que no se maneja con sentimentalismos y clavó una espina en medio del inminente acuerdo, al proponer una fecha de conciliación, el 13 de abril, un día antes del plazo que Griesa dispuso para pagarle a los holdouts.

El gran desafío sigue presente en la agenda del gobierno, que además ha empezado de a poco a moderar aquel entusiasmo inicial respecto de un mejora sustancial en la vida de los ciudadanos a partir del segundo semestre del año.

El mismo Macri acaba de pronosticar que le llevará todo su mandato volver a niveles de inflación de un dígito. Sería en modo más razonable la forma de instalar un nuevo discurso: se necesita mucho más tiempo que el de las propias ansiedades para pasar a ser “un país normal”.

Para arrancar, resulta relevante empezar a cerrar algunos frentes abiertos, en momentos en que las tres CGT amenazan con la primera movilización sindical contra la administración de Cambiemos, en reclamo no sólo por Ganancias sino también en repudio a los miles de despidos en el Estado y en la actividad privada. O la demorada puesta en marcha de un plan antiinflacionario.

El temido aumento del gas que anunció el ministro Juan Aranguren para abril podría estar en línea con un consejo que le dejó Obama en aquella primera conversación en la Casa Rosada: “El corto plazo suele ser doloroso pero muy necesario para tomar las medidas que haya que tomar”, dijo. Casi extraído del manual de Duran Barba, aunque a los gradualistas que encabeza Alfonso Prat Gay pueda no causarles mucha gracia.

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