Bahía Blanca | Viernes, 03 de abril

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La isla de Jerba, un oasis fantástico rodeado por el mar Mediterráneo

Un viejo mito dice que cuando Ulises partió de Troya llegó a aquí, cuya gente se alimentaba con el fruto dulce del loto. Esa escala de la Odisea de Homero está en el sur de Túnez y merece que la podamos conocer pronto.
La isla de Jerba pertenece a la República Tunecina. Es la mayor isla del norte de África, situada en el Golfo de Gabes.

Por Corina Canale / corinacanale@yahoo.com

Los 400 yacimientos arqueológicos de Jerba hablan de su pasado remoto, mientras que el apodo de "isla de las cien mezquitas" remite al Islam en pleno corazón del Mediterráneo.

Y en dos pueblos del centro de la isla, Hara Kébira y Hara Séghira, vive la comunidad judía, cuya sinagoga conserva una de las Torah más antiguas del mundo, además de ser el sitio al que peregrinan los judíos del norte de Africa.

En el pasado, esta "isla de los lotófagos", como la llamó Ulises cuando llegó a ella huyendo del canto de las sirenas, fue siempre un enclave codiciado pero nunca dominado, una resistencia en la que mucho tuvo que ver la valiente defensa de los bereberes.

Los bereberes (pueblo original del norte de Africa) son la mayor población de la isla. Se dedican a cultivar palmeras y olivares, a pescar y a tejer alfombras de lana, pelo de camello o palma y a confeccionar túnicas y babuchas. Artesanías que se venden en los mercados de Houmt Souk, su capital y único centro urbano.

Muchos conquistadores recalaron en Jerba, pero fue el corsario turco Turgut Reis, el temible pirata "Dragut", quien desde la fortaleza Borj el Kébir, a la que usaba como su guarida, desató en 1560 la matanza de unos cinco mil cristianos, españoles y franceses, que intentaron expulsarlo de la isla.

El sanguinario pirata levantó con sus cráneos la "torre de las calaveras", de 11 metros de alto, que permaneció en la costa de la isla hasta 1848, cuando los habitantes europeos convencieron a las autoridades de llevar esos restos al cementerio cristiano.

Desde aquellos tiempos la arquitectura de la isla fueron los abovedados menzeles, o casas amuralladas, una red de fortificaciones comunicadas entre sí por señales luminosas que alertaban sobre la llegada de naves enemigas. Túnez jamás tuvo un mejor sistema defensivo.

Siguiendo aquel modelo edilicio, los modernos hoteles de la isla, fastuosos palacios de estilo árabe andaluz, conservan la antigua arquitectura de menzeles. Blancos edificios, entre jardines y palmerales, donde el aroma de las flores de loto es intenso.

La hotelería desarrolló la talasoterapia y ofrece muchos tratamientos que utilizan las propiedades naturales del agua de mar. Por otra parte, desde el despegue turístico de la isla, en los años 60, se instalaron varios campos de golf.

Un lugar muy visitado es el puerto de Ajim, donde los pescadores arponean lubinas y meros y se sumergen en el mar para sacar las esponjas que están a unos veinte metros de profundidad.

En la ciudad el viajero puede toparse con un cortejo de bodas con la novia en "jehfa" (sobre un camello), al son de gaitas y tamboriles; con caravanas de camellos que vienen de pastar en las montañas doradas o con mujeres que secan sémola al sol.

También es interesante conocer el moderno parque temático Jerba Explore, donde el museo Lalla Hadría refleja mil años de historia en 3 mil obras de arte.

El parque también tiene un invernadero de especies tropicales y una granja de cocodrilos de más de 400, que miden casi tres metros.

En tiempos pasados Jerba fue paso obligado para el comercio entre Africa y los pueblos del Mediterráneo. Actualmente es uno de los enclaves turísticos más sofisticados del planeta.