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Se acerca el final feliz para 8 años de lucha

Era un viernes cualquiera de 2007, el peor año de la cooperativa de trabajo Textiles Pigüé. Había que liquidar la semana a los socios-trabajadores, pero en la caja había centavos. La empresa venía de mal en peor: tres años antes una ley provincial le había concedido la titularidad de las fábricas que habían pertenecido a la quebrada Gatic, pero aún no contaba con las escrituras; sin ese respaldo para acceder a créditos razonables, había caído en el mercado de la usura, y se estaba hundiendo.

 Era un viernes cualquiera de 2007, el peor año de la cooperativa de trabajo Textiles Pigüé. Había que liquidar la semana a los socios-trabajadores, pero en la caja había centavos. La empresa venía de mal en peor: tres años antes una ley provincial le había concedido la titularidad de las fábricas que habían pertenecido a la quebrada Gatic, pero aún no contaba con las escrituras; sin ese respaldo para acceder a créditos razonables, había caído en el mercado de la usura, y se estaba hundiendo.


 El presidente de la cooperativa, Francisco Martínez, entró a su oficina más nervioso que de costumbre. Tenía que llamar a todo aquel que pudiera darle dinero, conversar, negociar, gestionar. No sería fácil, pero los extrabajadores de Gatic ya habían sufrido demasiado.


 A media mañana, cuando ya estaba exhausto de hablar por teléfono, su hermana Jimena entró a la oficina. Traía una mala noticia: a las 8 de ese día, en algún lugar de Santa Fe, había fallecido el padre de ambos y de un tercer hermano (que estaba haciendo gestiones de cobranza para Textiles en Buenos Aires).


 Francisco había hablado dos o tres veces con él en diez años, y lo había visto sólo en una oportunidad en todo ese tiempo. Pero era su padre.


 "En ese momento, sin embargo, llamé a mi hermano y arreglamos no ir ni al velorio ni al entierro. Alguien dirá que soy frío, un témpano de hielo, pero había que pagar la semana. Si no, quién sabe lo que podría haber pasado con Textiles. Desde aquel viernes, cada día que pasa me acuerdo de mi Viejo", dice Francisco.


 --¿Valió la pena?


 --Valió, porque estamos acá. No me arrepiento. Pero ojo que no soy el único: todos los trabajadores de Textiles hicimos sacrificios por la cooperativa. Varios compañeros han sufrido situaciones de hambre muy delicadas, que se solucionaron sólo porque vivimos en Pigüé, donde podés ir a la casa de un pariente o a un negocio amigo a pedir un poco de comida.

Perdón.
En agosto de este año el ministro de la Producción bonaerense, Cristian Breitenstein, visitó a los cooperativistas e hizo lo que pocos políticos hacen: les pidió perdón por los ocho años que tardó la Provincia en hacer cumplir la ley de expropiación que otorga a Textiles Pigüé la titularidad de las explantas de Gatic, que los propios trabajadores recuperaron tras la quiebra de esa firma. "Tenían razón", les dijo.





 Hace algunas semanas Breitenstein dio otro paso: firmó con los trabajadores el convenio de pago por las plantas (en 10 años, la cooperativa deberá pagar 2,5 millones de pesos), e inició los trámites finales de escrituración en la Escribanía General de Gobierno. El final del camino ya se ve más cerca.


 --¿Qué van a hacer una vez que tengan la escritura, Martínez?


 --Calculamos que eso va a ocurrir antes de fin de año. Lo primero será una reunión con los compañeros para ratificar el rumbo fijado hace dos años: crecimiento solidario de la empresa, con inclusión. La prioridad es crecer como fuente laboral, pero --y aquí me pongo en el rol de empresario-- sin desestabilizar a la propia cooperativa. Eso implicará asociarnos con inversores para multiplicar las fuentes de trabajo en forma paulatina, hasta llegar a la ocupación plena.


 --¿Qué análisis hacen de lo ocurrido, a ocho años del inicio de este proceso?


 --Hay dos tipos de análisis. El primero nos dice que tener la escritura de las plantas nos va a permitir competir en igualdad de condiciones en el plano productivo y comercial, porque vamos a conseguir los créditos a los que hoy accede la competencia.


 "En términos políticos, el análisis me remite a las palabras del ministro Breitenstein, quien nos pidió perdón en nombre del Estado, pero sobre todo nos dijo que los trabajadores teníamos razón cuando llevamos adelante esta lucha, hace ocho años, en medio de la crisis de una empresa como Gatic, que dejó a más de 8 mil personas en la calle".


 --¿Cuál es la lectura que le resulta más interesante?


 --La segunda. Nosotros, más allá de que teníamos que mejorar la trazabilidad de la empresa, recuperar clientes y convencer a proveedores, conformamos un movimiento nacional de trabajadores que surgió en medio de la crisis, y que cada vez es más fuerte.


 --¿Lograron demostrar que una cooperativa de trabajadores puede administrar una gran empresa?


 --Por supuesto. No por nada nos han invitado a contar nuestra experiencia en Africa, Europa y la India, a dar testimonio de que este tipo de esquemas son una salida válida para la crisis del capitalismo salvaje que, por ejemplo, hoy se está viviendo en la Unión Europea. Y no lo digo sólo por nosotros. Con capital de trabajo, Pauny-Zanello (la empresa cordobesa que fabrica maquinaria agropecuaria, recuperada por los propios trabajadores) ha logrado mantener estables 450 puestos laborales. Algo similar ocurre con Zanón (la empresa que fabrica cerámicos). Estos son ejemplos muy valiosos.


 "Mucha gente está confundida con nosotros. Quizá fueron malinformados, pero Textiles Pigüé es una empresa como cualquier otra, con la diferencia de que, una vez al año, los trabajadores deciden en asamblea qué política va a llevar adelante el consejo de administración. Pero esta es una empresa como cualquier sociedad anónima".


 --Sí, bueno, pero hay diferencias que son notables...


 --Sí, ¿sabés cuál? Que las empresas como la nuestra salen de las crisis con solidaridad. Mi ejemplo: ingresé en 1996 a lo que era Gatic y nunca cobré una sola quincena completa. Jamás. En 2001, por una reestructuración, fui despedido junto a otros 1.500 trabajadores. En 2003 tuve la suerte de reingresar, pero trabajé apenas 11 meses porque cerró la fábrica. Es decir, dos veces fui variable de ajuste y quedé en la calle con mi familia.


 "Pero fíjese lo que pasó en 2007, con la cooperativa en marcha. Acuciados por una grave crisis terminal, todos los trabajadores decidimos, de común acuerdo, ajustarnos y priorizar el pago a los proveedores y el cumplimiento con los clientes. Es decir, los trabajadores volvimos a ser la variable de ajuste, pero por decisión propia y, lo que es clave, sin que haya quedado nadie en la calle. Es cierto que algunos meses cobramos muy poco, pero compartimos la carga en forma solidaria, mantuvimos la seriedad y salimos a flote.


 "Por eso yo siempre digo que quienes critican a las empresas recuperadas por cooperativas de trabajadores se deben sacar las caretas y no plantear más que este tipo de esquemas no son viables. Lo que tienen que decir es que no les gusta que los trabajadores tengan poder como empresarios", contó.


"A Scioli jamás lo escuché decir nada contra la cooperativa"







 --¿Les sorprende que el mismo gobernador Daniel Scioli les dé ahora las escrituras, luego de años de no propiciar un avance en este sentido?


 --No, no coincido con eso. Aquí hubo un intendente (Rubén Grenada) que dijo que Scioli no quería darnos la escritura, pero jamás escuché al gobernador decir nada contra la cooperativa.


 --En su momento, lo dijo quien era el ministro de Producción, Martín Ferré...


 --Sí, pero creo que era algo personal. Llegó a decir disparates, como que si no aceptábamos asociarnos con quienes él y Grenada querían, iban a cambiar la ley de expropiación de las plantas. Una mentira total.


 --Hizo su juego...


 --Sí, pero nosotros también aprendimos a jugar muy bien este juego de la política.


 --Entonces no cree que Scioli haya pensado alguna vez en no darles las escrituras de las plantas...


 --Creo que no somos el ombligo del mundo, que Textiles estaba en la fila de problemas a resolver y que ahora llegó nuestro momento.


 --¿Qué significó, para ustedes, la llegada de Breitenstein al ministerio de Producción?


 --Mucho. Por eso le dimos las gracias en nombre nuestro y en el de todos los trabajadores de las empresas recuperadas de la provincia y el país. La gestión fue brillante. Lo mismo le cabe al intendente Hugo Corvatta.


 --Lo que resulta evidente es que sólo hacía falta voluntad política para resolver esta situación en pocos meses...


 --Exactamente. Sólo se trataba de hacer cumplir una ley.




El tiempo perdido y lo que viene









 --¿Qué le produce más bronca cuando piensa en los ocho años que se tardó en llegar a esta instancia, Martínez?


 --Las oportunidades perdidas. En 2007, Argentina fabricaba 40 millones de pares de calzado por año; hoy fabrica 120 millones. Por no tener escrituras, por no poder acceder a créditos razonables, Textiles Pigüé no pudo ser parte de ese crecimiento de la industria textil y del calzado. Esa es nuestra bronca, nuestro dolor, porque tenemos una fábrica de 20 mil metros cuadrados cubiertos.


 --¿Qué porcentaje de la capacidad productiva están utilizando, en la actualidad?


 --El 30%, no más. No es poco, porque de esto viven 115 trabajadores, pero hay un campo enorme para crecer. Hoy trabajamos para unas 20 empresas, pero están surgiendo nuevos vínculos estratégicos muy interesantes.


 --¿Están conversando con inversores?


 --Sí, y algunas gestiones se encuentran muy adelantadas. Hemos tenido tres o cuatro reuniones importantes, una de ellas para volver a fabricar cuero sintético en esta planta.


 --¿Las instalaciones y las máquinas son obsoletas, como se ha dicho?


 --Uh, esa es otra mentira de los que afirman que los trabajadores no pueden, que los trabajadores no saben. Dicen que las instalaciones no sirven, que las maquinarias son viejas, pero cada empresario que nos visita dice lo contrario.


 "El problema nuestro siempre fue el mismo: la falta de capital. Las grandes empresas conocen la calidad de los productos que podemos fabricar aquí; lo que ocurre es que no podemos trabajar para ellas porque no tenemos plata para las materias primas. Aquí trabajamos con materiales que compran los propios clientes, pero este esquema de trabajo no lo aceptan las grandes empresas".


 --¿Han hablado de la posibilidad de coser calzado en Pigüé, y no sólo fabricar telas o cuero sintético?


 --Tenemos un proyecto muy interesante en ese aspecto. Es un sector que demanda mucha mano de obra.


 --¿Cuántos empresarios o grupos se han acercado en los últimos meses a Textiles para intentar llegar a un acuerdo?


 --Muchos... Con varios de ellos seguimos hablando.


 --¿Es cierto que entre los empresarios que se han acercado a Textiles, para asociarse, estuvo el fundador de Gatic, Eduardo Bakchellian?


 --Sí, pero no vino a vernos en calidad de inversor, sino como asesor técnico de un grupo empresario. Es un hombre al cual le guardamos mucho respeto. Fue un gran industrial del sector del calzado.


 --¿El mismo respeto le guardan a su hijo Fabián?


 --No.


 --¿Cómo les fue con el grupo que asesoraba Bakchellian?


 --Cayeron en el mismo error que otros: presentaron un proyecto que no tenía en cuenta a los trabajadores. Así no firmamos nada.


 --¿Qué debe tener una propuesta que los convenza?


 --Un proyecto serio, inclusivo, que no olvide que esta planta es de los trabajadores.


 --¿La propuesta que alguna vez recibieron de un inversor que había traído el exintendente Rubén Grenada no cumplía estos requisitos?


 --Ni siquiera era una propuesta. Eran cuatro o cinco papeles. Subestimaron demasiado la inteligencia de los trabajadores.


 --¿Están cerca de llegar a un acuerdo con algún inversor?


 --Sí, pero en realidad yo creo que vamos a llegar a varios acuerdos. Dentro de la misma planta hay varias unidades de negocio muy atractivas, así que no necesariamente nos tenemos que asociar a un empresario en particular. Nosotros no tenemos problema. Estamos totalmente predispuestos.


Rechazo





 --¿El mundo empresarial rechaza a las cooperativas de los trabajadores o es un mito, Martínez?


 --Es cierto, pero ese rechazo se puede vencer. Hace poco tomamos contacto con empresarios brasileños que nos pidieron desarrollar un producto. Lo hicimos de manera perfecta, y les gustó la calidad, el precio y la idea de asociarse, pero a último momento me pidieron que vaya a hablar personalmente con el dueño de la empresa. ¿La razón? "Y, porque es una cooperativa...", me dijeron. Y bueno, tendré que ir a convencerlo. No puedo perder el tiempo fastidiándome por cosas así.


Palabras del presidente

* "Hoy Textiles tiene 115 trabajadores-socios, con un sueldo medio de 3.500 a 3.800 pesos, obra social, seguro, jubilación tal como prevé el régimen de monotributo. Además, la empresa está completamente saneada".

* "Yo no creo que las empresas recuperadas cumplan un ciclo, pero la realidad es que en algún momento, para crecer, deben buscar asociarse con otras empresas. Para nosotros no es mala palabra hablar de empresarios, o capital. De ninguna manera".

* "En 2006 me cansé de dar charlas en las universidades; y lo que más me preguntaban era cómo nos había pegado la policía durante el desalojo de 2004. A mí no me interesaba nada hablar de eso, porque lo que yo buscaba era que los futuros egresados se interesaran en Textiles Pigüé y vinieran a darnos una mano. Yo buscaba profesionales, no contar anécdotas".

* "El problema de un esquema como este es que algunas veces hay procesos que se demoran. Muchos compañeros tienen ganas de hacer las cosas ya, pero deben respetar los tiempos de maduración de otros compañeros. Aquí somos 115 los trabajadores que decidimos".

* "A Felipe Solá lo fuimos a ver una semana antes de ocupar estas plantas, en 2004, y estuvo todo bien, pero cuando realizamos la toma nos mandó a 800 policías. Tres años después, nos entregó una plaqueta de reconocimiento. Nosotros no cambiamos nunca nuestra forma de pensar, o nuestros objetivos; los que cambian son ellos".

* "Jamás hicimos un solo piquete para conseguir algo. Hemos sufrido muchas dificultades, pero demostramos que somos una organización seria, con un proyecto concreto".

* "Somos parte de un movimiento destinado a demostrar que las cooperativas de trabajadores son viables. Esta es una empresa de personas solidarias, donde no hay hacinamiento o explotación, y donde los empleados no son un legajo, sino que tienen nombre y apellido. Eso nos da una ventaja enorme".

* "Imagino el futuro de Textiles con producción a pleno y muchas más personas trabajando aquí. Con la escritura en la mano, no tendremos excusas si no logramos ese objetivo. Me sentiría frustrado si esta fábrica no llega a ser lo que debería".